18 de marzo de 2008

"एल विअजेसितो"

"El viajecito pequinés"


El termómetro digital exterior del hotel de lujo Shangri-la China World en pleno corazón del distrito financiero marcará una temperatura de más de treinta grados centígrados, que la humedad relativa del aire convertirá en una calima monzónica irrespirable. Me pasearé desnuda con una mascarilla por la habitación 703 meditando si la alergia me permitirá acudir al evento. Abriré deslizando unas cuantas veces el armario, contemplando en el espejo de las puertas correderas mis sinuosas curvas y los maravillosos senos valorados en seis mil dólares cada uno por obra de taller plástico - mi cirujano es el mejor porque es el más clandestino, solicitado, caro, elitista, confidencial, sibarita, con la papada más abultada y carnosa entre barba y cuello que en el mundo entero pueda existir.¡ Es una eminencia. Sublime. Excelente! Sus manos están valoradas en más de tres billones de dólares - . Pensaré mientras me contemplo por delante y por detrás, qué vestido elegir, que sea apropiado para acudir del brazo de mi amante, que "encienda su pasión y le haga compartir mis sueños". Es decir, que encienda su pasión y me convierta en una auténtica antorcha humana, que a todos deslumbre, que todos admiren, que todos deseen. Me pondré delante del espejo para probarme los cien modelitos de Alta Costura y los cincuenta pares de zapatos que me haré llevar para la ocasión. Me pobraré ante el espejo las veinte barras de color de labios que siempre viajan conmigo en tan memorables ocasiones. Me tiraré de los pelos, enojada, por mi incapacidad de decidirme. Encenderé el televisor para distraer mi atención y me reiré de las fisonomías de las presentadoras chinas, haciéndoles burla estirando mis ojos para darles forma chinesca. Luego me arrepentiré y correré raudo al baño para darme la crema correctora de patas de gallo, que me habrá costado, como siempre, la friolera de trescientos dólares el tarrito y maldeciré a esas asquerosas chinas, que comen arroz tres delicias con mondadientes gigantes de madera. De paso abriré el grifo de la ducha y tardaré como es habitual en mi, casi tres cuartos de hora en conseguir el punto exacto de temperatura. Me arrepentiré y decidiré optar por un baño bien caliente y espumoso. Aprovecharé para darme una mascarilla facial, pero eso supondrá que tenga que quitarme la mascarilla y no sabré, no podré, no querré respirar el maldito aire chino infestado de polución y cualquiera sabe si de la gripe aviaria. Decidiré tomar el baño y renunciaré al tratamiento facial en favor de una mascarilla capilar - cada sobrecito de viaje me cuesta la friolera de ciento cincuenta dólares - ¡Cada vez resulta más difícil viajar en avión con mis potingues!. Tomaré ese delicioso baño espumos y se me mojará la mascarilla, ¡qué contrariedad!. Tendré que salir del agua para ponerme otra y los ácaros de la condenada moqueta no me permitirán ni un segundo de alivio. Correré a mi botiquín de viaje personal para tomarme un comprimido de Efarebastel, que es el mejor antihistamínico que existe en el mecado farmaceútico. Cada caja de veinte comprimidos cuesta doscientos dólares en el mercado negro elitista del Doctor Cops de "Windy City", que me consigue mi mejor amiga Deborah, cobrándose la muy pendeja una comisón de ochenta dólares. - ¡Con amigas como éstas, para qué quiero enemigas! - Pero más cara me sale "la mujer blanca" que me consigue Pipi El Sucio. ¡Por cierto, habré preguntado a Pipi el Sucio la manera de conseguir "camerusa" de manera fácil y sin contratiempos durante mi estacia pequinesa. El ocho de agosto será mi cumpleaños y espero que Danny, mi amante, me tenga reservada una sopresa china más grande que la Ciudad Prohibida. ¡La verdad es un fastidio que a Danny le apasionen tanto los deportes y que tengamos que ir a Pekín con lo bien que estaríamos en la playa Pichilingue de Acapulco!
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"Salud e inspiración para tod@s"

10 de marzo de 2008

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"Cara o cruz. Homenaje a Cormac McCarthy. Óscar para Bardem"



- “Son gajes del oficio. Ya sabes: hoy te toca a ti, mañana a mi. Conservo esta moneda del cuarenta y seis. Mi padre de niño la encontró en una maldita alcantarilla. Ya sabes, siempre me lo juego todo a cara o cruz” - Anton Chigurt emplea ese tono con resonancias metálicas en la voz que tanto irrita a Marlon. Pero sabe que a duras penas cruzarán cuatro necedades, como siempre, como es habitual en el gremio de sicarios. Dos sicarios frente a frente, eso es lo que son. Asesinos a sueldo que miden sus logros por lo que callan callando, por lo que olvidan y arrojan al pozo negro de sus fechorías inmundas.
- ¿Qué te trae por aquí, Chigurt? - Marlon no aguarda una respuesta. Sabe que Anton sacará unas cuantas monedas del bolsillo del pantalón vaquero y las agitará en su mano como dados falsos de marfil a punto de ganar la partida.
- Nada en especial. Quiero cambiar de corte de pelo. Los ochenta tocan a su fin y...
- No conozco ningún peluquero, Chirgut. Si te cortas el pelo perderás parte de tu encanto. Siempre me has parecido uno de esos malditos indios navajos sagrados para su pueblo, sobrenatural, carismático, misterioso. Arréglate un poco el flequillo con unas tijeras frente al espejo, tú mismo. No te tiembla el pulso nunca..
- Quiero pasar desapercibido, Marlon. Me traigo un nuevo encargo entre manos muy delicado....Ya sabes, un trabajo de precisión: mucha sangre que luego hay que limpiar como si por allí sólo hubiese pasado tu madre con la mopa y la fregona.
- Será la tuya, Anton.
- Las dos, si prefieres. Tengo a ambas por personas intachables.
- La mía es peor que Satanás, pero mejor que la tuya.
- Mi moneda de la suerte puede decidir eso. Cara, tu madre. Cruz, la mía.
- ¡Corten! - Ethan Coen no está del todo satisfecho con el resultado de esta toma. Tal vez Bardem, demasiado impostado. Quizás Malkovich, demasiado viejo, demasiado estrábico, calvo. Repetirá la toma con distintas pelucas. Rectificará el guión. “No es país para sicarios” no apunta a ser una buena factura. Los hermanos Coen llevan tiempo barajando la posibilidad de dejar el oficio. Aguantan porque saben que nacieron para esto y sólo para esto. Se sienten cansados, faltos de ideas.
- ¡Gajes del oficio, Bardem! No te desanimes. Mañana lo haremos mejor.
- No sé, no sé, Malkovich, no sé. En la vieja Europa no sufro tanta presión.

Interiores. Visillos de París

La etiqueta de estos visillos reza que proceden de París, ese París que me prometiste un día. Tal vez lo visite, pero no será aquel París...