Proyecto de Novela Comunitaria. Cap. V. Aventuras y Desventuras de Santiago Paraíso.

Paraíso cultivaba el hábito de leer desde que tuvo uso de razón, esto es, cuando supo que las mujeres, - las fascinantes, hermosas - no habían sido fabricadas con ninguna de sus costillas. Si Adán, encantado de haber perdido la suya, nunca encontró la armonía con Lilith, Santiago estaba convencido de que todas las Liliths del mundo podían corresponderle a él en la rifa ancestral por una especie de mal fario genealógico. Las Evas estaban cogidas por los más afortunados varones. Su madre, sin ir más lejos, había sido una Eva como la copa de un pino de oro hasta el final de sus días. Su padre, muy afortunado por cierto. Su ex mujer le había obsequiado una vez "A jangada de pedra" de José Saramago, en edición portuguesa, como para joderlo del todo, sólo porque ella estaba molesta por la precariedad laboral femenina y la maternidad no deseada. Viajó con sus amigas a Lisboa preñada de un mes, llevándose una bolsa de mano con lo imprescindible, en la que faltaba lo principal: unos buenos zapatos planos y cómodos. Regresó con los pies llenos de ampollas turísticas y un humor de mil Liliths juntas despotricando en los lupanares de Jerusalén. "Toma, un souvenir" le dijo, tirando aquel ejemplar sin envolver sobre la mesa del salón, como quien lanza un dardo envenenado en la diana del desamor y se quita un peso de encima. Días después se quito otro. Fue a abortar a Londres, acompañada como siempre por sus incondicionales amigas, las de las alegrías y las penas. Contó que visitaron London city al abandonar la clínica "porque lo que vale para un roto también ha de valer para un descosido y no te creas que yo seré una coneja como tu madre, bla, bla, bla, bla" Quiso Santiago replicarle que su bendita madre sólo había tenido tres hijos, dos varones y una hembra, pero aquella Lilith traía de Londres nuevos sedimentos y excrementos, que unidos a los ya conocidos, la convertían en una de las peores mujeres imaginables. En resumidas cuentas leyó casi sin entender ni jota " A jangada de pedra" y meses después consintió en dejar embarazada de nuevo a la que por aquel entonces aún era su esposa,porque ésta se lo imploró como quien reclama un piso en subasta después de un deshaucio. Cuando nació su segundo retoño, asustado por la que se le avecinaba, decidió autorregalarse "La balsa de piedra" en edición castellana,como para descifrar y entender algo de todo aquel enigma incomprensible. Tras la lectura escribió una carta a Saramago en la que tras una palabras felicitándole por su magistral libro, le preguntaba por qué había interpretado en portugués unas cosas diametralmente opuestas a las interpretadas en español. La envío a la editorial. No obtuvo respuesta. Envió otra al caserío de Azinhaba, lugar natal del escritor. Le respondió el alcalde de Golega que tal vez la respuesta a su difícil pregunta tuviese algo que ver con que Saramago durante veinte largos e interminables años no escribió una sola palabra. No tenía nada que decir y optó por el silencio. Quizá también, especulaba aquel bendito, porque descubrió el amor tardío. Lo encontró en España y ahí se quedó. Santiago Paraíso no entendió una sola palabra de aquella carta manuscrita en portugués. La guardó dentro del ejemplar "A jangada de pedra" y olvidó ambas, la carta y la novela portuguesa en un cajón. En esta ocasión llevaba en su maleta "La balsa de piedra" con la intención de releerla por las noches tras los días de infructuosas pesquisas.

No es lo mismo hablar con los muertos que conversar con un difunto en particular. Sostenía Pereira de Tabucchi que las charletas diarias que mantenía - no repetía "sostenía" por evitar redundancias innecesarias, pero el verbo "sostener" no lo soltaba de la boca - con el retrato de su esposa fallecida años atrás, - suponemos que por causas naturales, si es que la muerte puede ser circunscrita al ámbito de las cosas naturales cuando lo es más bien a las sobre o infra naturales -, esas distendidas charletas, decíamos, que apuntaban a soliloquios interrumpidos por el sueño nocturno y las siestas lisboetas salazaristas del Treinta y Ocho, le habían sido prohibidas por prescripción facultativa del siempre sagaz Doctor Cardoso que le recomendaba a Pereira más bien mudarse a París, cuna de la literatura francesa y declarar en rebeldía al Yo Hegemónico de su Particular Confederación de Almas.

Santiago Paraíso, desde el suicidio de su hermano Ramón, dudaba si su Yo Hegemónico era en realidad una instancia psíquica suya particular e intransferible, o se trataba más bien de la voz de áquel, dictándole los renglones torcidos con los que transcribía las frases de su discurrir mental casi siempre confuso, desordenado. Conversar con alguna fotografía suya le era del todo imposible porque todas las fotos en las que aparecía Ramón habían sido arrojadas al mar del mismo acantilado en el que decidió quitarse de en medio, un día de furibunda ira fraterna - suicidarse o desprenderse de lo sentimental alberga una misma llama que puede en un momento dado prender cualquier mecha -. Meses después se arrepintió de aquella purga fotogénica - envidiaba desde chicos lo bien que quedaba Ramón en todas las fotos de familia, en especial cuando posaban ellos dos solos -. A falta de retratos, conversaba con él en el interior de su espíritu y no le resultaba nada fácil reconocer que en un par de ocasiones se le había aparecido tal cual fue en los momentos boyantes de su vida, como un ser de luz al que le seguía una sombra, como "una llama de azufre, una llama de tortura" que muy acertadamente ya dijo en su día el padre de Hamlet, "¡Escucha! ¡Oh, Santiago, óyeme!" Y repitió el espectro de su hermano el verbo "escuchar" unas veinte veces, sinónimos incluídos tales como "prestar atención, no compadecer, amar alguna vez al padre o al hermano condenados a vagar por los grises y aburridos espacios del purgatorio". Si es que todas estas disquisiciones las expresó mucho antes William S. y todo lo que ahora pudiera añadir Santiago sólo sería vulgar relleno de paja y cebada. Pero lo cierto es que su hermano se le había aparecido no como fantasma, si alguien pensó eso, sino como ser de carne y hueso transparentes, para expresarlo de la mejor manera que se entienda. Desprendía luz, eso sí. Ya se dijo. No una luz como la de Iberdrola, incandescente o de prosaica bombilla. Luz sobrenatural como la propia muerte, infranatural como la propia vida. Santiago se sintió algo acojonado al principio, incómodo. No era lo mismo escuchar la voz de su hermano como un eco interior de la propia conciencia, que tenerlo de cuerpo y luz presente cual un cobrador de la compañía eléctrica. Santiago no sabía expresarlo mejor y siente mucho que suene a guasa,irreverente pero eso fue lo que sintió en una primera instancia. Ya luego se fue aclimatando, acostumbrando a aquella presencia fraterna espuria. Poco a poco fueron tomando confianza. Los espectros tampoco se confían a uno así como así, por muchos lazos de sangre que aten venas con arterias. El caso es que Santiago conversaba con su hermano difunto. ¡Y que nadie piense que estas conversaciones son como las que se sostienen - ¡ya habló Pereira otra vez! - en vida! Son conversaciones como de ultratumba, como expresadas en versos heroicos - Si hubiesen conversado en latín, el hexámetro, pero como Ramón conservaba un castellano de perfecta pronunciación y dicción es mejor ponerse en la tesitura de los endecasílabos españoles -:

- ¡Escucha! ¡Oh, Santiago, óyeme!...

- ¡No, Ramón! ¡ Préstame ahora tú tu atención ! Tengo tres muertos en mi vida: tú, nuestra querida madre y la joven del pantano. No entiendo nada. Estoy perdido. ¡Ayúdame!

Paraíso le envió a Eduardo Torres un SMS desde su teléfono móvil que rezaba: "Te mando por fax el artículo para que lo publiques sin enmienda ni censura. He encontrado el puto fax en una tienda de saneamientos."


El varón, ¿Mantis religiosa de la especie humana?

EFE


Vich.
¿Son los feminicidios de Ciudad Juárez, el Crimen de Alcácer, el Caso Vaninkof, el asesino de la baraja, el actual crimen que nos ocupa de la joven mujer hallada muerta en Sant Romà de Sau,.... crímenes aislados sin un nexo común, sin un vínculo que los relacione?
Amigos y amigas lectores de este periódico digital de escasa repercusión - es justo reconocerlo -, ¿ no se han parado a meditar que el índice de casos de violencia doméstica se dispara sin cesar, que cada día son más las mujeres que mueren por causa de un odio incomprensible e insospechado de sus parejas masculinas ? Los varones lectores de ésta u otras prensas digitales y/o impresas no sienten en su fuero interno a veces o con mayor frecuencia de la que desearían, una enquina incomprensible hacia el sexo femenino, una aversión dolosa hacia sus inquietudes, logros, ambiciones o aspiraciones legítimas, un impulso irrefrenable, unas ganas de infligirles daño sin causa justificada, sin motivo racional que permita al observador atento encontrar siquiera una somera explicación?
Este artículo, escrito por el periodista más baladí, anónimo y obviado del mundo de la prensa, muy probablemente pasará desapercibido. No importa. El periodista se conforma con saber que cuatro personas en el mundo conozcan la escalofriante pandemia que azota a la raza humana. Ya se encargará la rumurología de extender la noticia.
Un retrovirus, similar a los responsables de enfermedades como el temible VIH y algunos cánceres, ha sido modificado genéticamente en laboratorio con la humanitaria finalidad de terapia génica. Pero esta manipulación a alguien se le ha ido de las manos. Estaríamos ante un quinto retrovirus humano identificado, pero manipulado genéticamente ¿por un error fatal o de manera intencionada?. Los indicios apuntan a la intencionalidad y a un delito de lesa humanidad que los englobaría prácticamente a todos - exterminio, tortura, violación, embarazo forzado y no deseado, desapariciones, detenciones y secuestros....- La infección por este virus no ocasiona la destrucción del sistema inmunitario, no revela manifestaciones dañinas neuronales o tumorales apreciables, pero genera en los individuos afectados un síndrome oligo- frénico o frenasténico altamente pernicioso. No todos sentirán el impulso de matar a su cónyuge o pareja femeninos, pero si apreciarán que un odio, un veneno inexplicables intoxica su ser. Agresiones verbales, menosprecios, incapacidad para la convivencia armoniosa y la comunicación verbal intrapersonal, carácter irascible e intolerante. Si usted, amigo lector, aprecia algunos de estos síntomas puede que esté inoculando el virus en su organismo.......

- ¿Te has vuelto loco? ¿Cómo quieres que me aventure a publicar esta descabellada noticia? ¿Te afecta la sequía a la neurona?
- Eduardo, tranquilízate. Esto es sólo el principio. No perdemos nada por publicar la noticia.
- ¿Y tus fuentes? No citas las fuentes.¡ Te has vuelto loco!¡ Es todo pura fabulación de mente enferma!
- Eduardo, nunca me había sentido tan bien y tan cuerdo. No puedo por el momento citar las fuentes y mencionar a mis informantes. Creo que mi vida ya empieza a correr peligro.
- ¿Y la mía? ¿Quieres que nos ajusticien a todos?
- Los únicos que corremos peligro aquí somos yo y mis informantes. Asumo la responsabilidad. Tómate tu tiempo. Medítalo. No tienes por qué publicarlo ahora mismo. Ningún medio citará esto jamás. La mayoría nos tomará por locos sólo porque decimos la verdad con mayúsculas. También se hizo oídos sordos al VIH y ahí está sembrando la muerte, cobrándose vidas...
- "Más grandes que el amor" de Dominique Lapierre llegó primero y tampoco causó mayor revuelo.
- ¿Lo ves? ¿Qué perdemos? Nada. A la gente ya no parece afectarle casi nada. El impacto de las noticias es superficial.
- Pero ésto, Santi, ésto es....demasiado.
- No quiero especulaciones. No quiero demagogia. Quiero que mi periódico cobre prestigio. Con este artículo nos hundes en la miseria, Paraíso. No te lo voy a publicar. Te exijo pragmatismo, no infundios, entelequias paranormales.
- Tranquilízate, Torres. Deja que me explique...Mira, aquí reina la pura anarquía. Por un lado un comisario facha, un tal Salinas, que no suelta prenda. Por otro, un periodista local, Isidro Dexeus, que oculta algo. No suelta prenda. Un tipo entre loco y visionario, pero con una redacción impecable. No sé qué diablos pinta semejante talento en un periodicucho de tal calibre. Su artículo sobre el crimen del pantano destaca sobre todos los publicados hasta el momento y ha pasado sin pena ni gloria. Si el alcance de lo que asegura ha pasado desapercibido en todos los frentes, ¿por qué te asusta tanto lo que pueda suceder si publicas el mío?...Sigo detallándote la anarquía: en este pueblo encuentras un detective del caso en cada persona con la que te topas. Gastan todos una simpatía natural muy seductora, encantadores, pero detrás de alguna de estas máscaras está el autor y no me puedo fiar de nadie.
- ¿Y qué hay de nuestra hipótesis de trabajo?
- Torres, el asunto de las sectas, descartado. No hay tal. Te lo garantizo. Esto es mucho más gordo, muy difícil de abordar. Creo que a Dominique Lapierre le daba para otro lingote de narrativa social aquí y precisamos del apoyo de alguien con su carisma y arrestos. Creo, Eduardo, que esto nos supera, pero me lo tomo como un reto personal. Ya no tengo nada que perder.
- Patria o muerte.
- Patria o muerte.
- Rompo el artículo.
- No. Publícalo. Aprovechemos la anarquía reinante. Es el momento propicio.¡ Hasta el veterinario del pueblo sospecho que está involucrado!
- Dame veinticuatro horas para pensarlo.
- Te doy tres horas. Si no lo editas se lo doy a Dexeus y que lo publique él.
- Te recuerdo que trabajas para mí.
- Te recuerdo que me debes dos nóminas. No estás en condiciones de negociar. Por cierto, tu coche renquea. Si me ingresas algo en mi cuenta, lo dejo en el taller del pueblo y le hacemos una puesta a punto.
- Dame tres horas para pensar si edito el artículo y vete dejando el coche en el taller.
- Patria o muerte. La anarquía no creo que dure mucho en Sau.

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