27 de septiembre de 2016

EL PERFUME DE EVA

Me tengo por una excelente abogada del pueblo. Soy de las que no ponen tarifa a sus servicios. Pero me espanta atender delitos de alcoholemia. En concreto los clientes borrachos. Aquella clienta olía a nuez de especia. Cuando llegué a dependencias policiales a las tres y treinta y tres de la noche, aquel cubículo despedía un hedor a nuez moscada insoportable. Los agentes se disculparon. No podía atribuirse a ellos el poder embriagante de aquella mezcla de perfume de almizcle y güisqui de Palazuelos de Eresma. El insoportable olor provenía de aquella joven cuya tasa de alcoholemia superaba los 1,5 gr/l en sangre. Se llamaba Eva. Lo primero que me pidió fue que abriera su correo electrónico. Esperaba un aviso muy urgente. Lo intenté desde su móvil. En la bandeja de entrada pude leer: "Eva, te dejo porque no aguanto un segundo más a tu lado. Cambia de perfume, chata".

Interiores. Visillos de París

La etiqueta de estos visillos reza que proceden de París, ese París que me prometiste un día. Tal vez lo visite, pero no será aquel París...