27 de julio de 2022

"Aniquilación" de Michel Houellebecq...

Mi primera lectura de verano. Lo empecé en la primera ola de calor de junio pegada al ventilador. Me parecía tan excelsa obra que durante horas y días logré abstraerme y olvidarme del calor abrasador. No diré aquello de que me parece la obra cumbre y maestra de este genio nuestro de la Literatura francesa, porque siempre digo lo mismo cuando termino una novela suya. Todas sus obras son una genialidad. Durante al menos cuatrocientas paginas, me estuve preguntando el por qué de su título, "Aniquilación", la acción de aniquilar, de reducir a la nada, puesto que me estaba pareciendo, ingenua de mí, su novela más esperanzada, la menos nihilista, la más resignada. Llegado a un punto, descubría un nuevo Houellebecq rebelde, rejuvenecido, enamorado del amor y no solo una apóstol del sexo. Un Houellebecq reconciliado con el género femenino, ya que nos dedica a las mujeres las frases más entrañables, tiernas y genuinas en un alarde de virtuosismo literario y humanista. Iba también regocijándome por su defensa a ultranza de las indefensas personas mayores, tan vulnerables, tan frágiles y constantemente expuestas a los caprichos del mundo adulto de la mediana edad. Esa edad adulta en la que el ser humano cree, ufano, que nunca va a envejecer, que nunca va a enfermar y que nunca será tocado por desgracia alguna. Me venía arriba, según descubría que los personajes protagonistas iban adquiriendo un poder individual y colectivo capaz de tumbar las inquebrantables estructuras del sistema, un sistema despiadado que se comporta como ese adulto soberbio e incombustible pero a escala planetaria. Agradezco a nuestro M. H. que durante tantas páginas nos sostenga en el vértice de la ilusión de un pasado superado, un presente brillante y un futuro posible. También le agradezco la aniquilación de esa ilusión y de esa esperanza porque de Aniquilación también se vive, sobrevive y se muere. De hecho, cuanto antes aprendamos a incorporar jovialmente el nihilismo en nuestras vidas, antes asumiremos que somos polvo de estrellas y de Aniquilación. No te creas tan importante, ser humano. Infinitas gracias, una vez más, genio y figura, Michel Houellebecq.