"Vinieron por mi vecino gazatíe, cisjordano, ucraniano, sirio, libanés, sudanés, venezolano...
y no dije nada.
Pensé que no tenía que ver conmigo,
que su puerta no era la mía.
Luego vinieron por los que alzaban la voz,
y tampoco dije nada.
Me convencí de que el silencio
era una forma de estar a salvo.
Más tarde vinieron por los que pensaban distinto,
y seguí sin decir nada.
Creí que mientras no me miraran,
yo seguiría intacto.
Hasta que un día llamaron a mi puerta,
y entonces descubrí
que ya no quedaba nadie
para decir algo por mí
y me fue imposible defenderme solo"
(Versión libre adaptada a los trágicos momentos actuales del poema de Martín Niemoller sobre la indiferencia ante la persecución)



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