Dejarse canas....

Esta es la enésima vez que intento dejarme canas. Sí, cada primavera lo intento y luego desisto y regreso a esa pringada sustancia que castiga el cuero cabelludo llamada tinte. Tengo varias amigas que lo han logrado y lucen guapísimas. No lo logro, ni siquiera sabiendo, gracias a la App @NoThanks, que la mayoría de las marcas de tintes llevan el sello de ese Estado, que no contento con aniquilar Gaza, ahora lo intenta en el Sur del Líbano. Cuando al fin despiertas tu conciencia social a unos niveles que ni imaginabas, eres plenamente consciente de que no es suficiente con dejar de utilizar marcas comerciales manchadas de sangre inocente. Te das cuenta de que lo suyo es pedir que paren el mundo, porque yo me quiero bajar. Fue en una peluquería, donde me tuvieron más de tres horas sufriendo porque mis canas son como yo, pura rebeldía, donde pude reflexionar muy a fondo toda esta honda cuestión de las canas y la deriva suicida que lleva el mundo. Como además de muy rebelde, soy muy optimista y vital, si el mundo anhela su extinción, yo no. De buena gana me habría ido con los cuatro astronautas de la Artemisa II para que me dejasen en la cara oculta de la luna, pero mi amor a la vida y por el planeta tierra siguen ahí intacto pase lo que pase y pese a quién pese. Ayer recibí una llamada de mi centro médico. Una enfermera soberbia y antipática casi me ordenó que debía acudir a ponerme las dos vacunas del herpes y a tomarme la tensión, " porque usted hace mucho tiempo que no aparece por aquí". Le respondí que las personas mayores y que ya pintamos canas sabemos cuidar de nosotras mismas sin recordatorios extorsionantes y que mientras Ayuso siguiese siendo presidenta de la CAM y siguiese desmantelando nuestra Sanidad Pública madrileña, no iría a ninguna consulta médica o de enfermería, salvo causa mayor de algún sopocio sobrevenido. En estos días también estoy paseando mis canas incipientes, que asoman tímidas y temblorosas entre la selva de mi cuero cabelludo tintado de rojo, por una sucursal bancaria que pretende hacerme comulgar con ruedas de su molino. Es increíble con qué desfachatez y desprecio tratan a todas las personas mayores. Edadismo lo llaman. Es abuso absoluto contra personas vulnerables. Esas personitas que atienden en estas sucursales hay que recordarles que algún día serán mayores también con canas o sin ellas gracias a esos tintes de camuflaje. Mis canas en estos días me importunan haciéndome reflexionar sobre ese premio de un millón de euros que se ha otorgado a una escritora argentina, mientras las librerías de mi barrio echan el cierre definitivo o sobreviven no se sabe bien cómo. Impactante también los nombres de los finalistas, autores que admiro y leo con fruición, pero que a partir de ahora no sé si mis canas me permitirán seguir leyendo. No, no es cancelación. Son canas. Benditas ellas. Creo que esta primavera de mierda lo conseguiré.

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