17 de diciembre de 2007

"Divagando futbolísticamente, que es gerundio también"



¿Por qué los partidos de fútbol generan tan pocos goles? La media mundial se suele cifrar en dos coma cincuenta tantos por partido. Este es uno de los grandes arcanos del legendario y honorable juego del balompié.

“Papá, papá, ¿por qué Messi sólo marca uno o dos goles en un partido y yo soy capaz de chutar hasta cinco en los partidos de la liga escolar?”

“Porque Messi es sin duda uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, pero tú llegarás a ser alguien excepcional en la vida, dentro y fuera del terreno de juego, dentro y fuera del campo de césped.¡Ya lo verás!” –Cuando los padres ponen tan altas esperanzas en sus hijos, no se engañan a sí mismos y a sus retoños. En realidad, no engañan a nadie. Forma parte de la propia ilusión de ser padre. ¡Y algunos padres no iban desencaminados! El padre de “El Pelusa” debió presentirlo como una premonición de voluntad divina y sobrenatural. Y el de Ronaldinho que no sobrevivió mucho para deleitarse con las victorias de su hijo por una prematura muerte. ¡Los infartos parricidas no son extraños cuando los hijos se tuvieron predestinados y elegidos para la gloria! No sabemos bien por qué el fútbol genera tan falsas expectativas en los padres. Alimenta la ilusión de la mayoría, y la decepción y el desencanto no hacen mella nunca porque el fútbol para bien o para mal presidirá todos los puntos de encuentro y desencuentro filiales. Hay padres e hijos que sólo son capaces de mantener una conversación de más de un minuto si ésta gira y versa sobre el fútbol. Conocí a un padre y a un hijo que se reconciliaron en el lecho de muerte del padre en el hospital, tras más de veinte años sin hablarse, ante el televisor que retransmitía la final entre Francia e Italia de la Copa Mundial de la FIFA. Perdieron los franceses y eso colmó de alegría a estos dos seres irreconciliables que pensaban diametralmente diferente. Pero el odio mutuo hacia lo franchute, disipó la ira enquistada.

Otro de los imponderables del fútbol es la alquimia del “Once”, que raya el descubrimiento de la panacea universal y de la piedra filosofal. Once son los jugadores. Once los kilómetros de media que se sudan en un partido. Once cuando menos las lesiones importantes a las que se enfrenta cualquier jugador, desde las roturas de meniscos a los desgarros musculares y ligamentos cruzados a lo largo de su vida deportiva. Once la temperatura en grados centígrados ideal que debe reinar en el campo para que los jugadores sientan que juegan en las mejores condiciones. El calor del público es importante, pero el cambio climático cobra nivel de catástrofe centrocampista si las inclemencias meteorológicas arrecian. Once amigos se reúnen en casa de uno de ellos para tomar unas cervezas ante el partido del fin de semana. Once, las matemáticas no fallan. Si aparecen por algún casual imprevisto amigos que no habían sido invitados o las novietas de alguno de ellos, las cosas pintan muy feas ese aciago día. Es la preciosa alquimia futbolera que muchas madres y novias no alcanzamos a vislumbrar:

“¡Mamá, mamá! ¿quién ha sido el mejor jugador de todos los tiempos?”

“No sé, hijo, pregúntaselo a tu padre que es el único que sabe sólo de estas cosas. Todo lo demás me lo puedes preguntar a mi.”

9 de diciembre de 2007

"Llámame"


Llámame, gesticulando voces inaudibles y ademanes ciegos para los demás, que sólo tú y yo entenderemos como un pacto secreto, como un llamado sagrado.

Llámame, invocándome en la noche, pidiendo auxilio con esos silencios tuyos que son un desgarrado grito de ausencia.

Llámame, convócame los días más insospechados, cítame a las horas más intempestivas.

Llámame por mi nombre de pila, omitiendo apellidos y otras nomenclaturas onerosas que cansan la memoria y propician el olvido.

Llámame, sin títulos pomposos ni calificativos denigrantes.

Llámame. Si estás cansado de luchar y el peso de tanta responsabilidad te abruma, te sucederé en el cargo y designaré una estirpe que te lleve en volandas a una nueva tierra, a una nueva isla, a un nuevo oasis de esperanza, de pasión.

Llámame, arrástrame a tu lado, inclíname como a un junco enamorado.

Llámame, te seguiré si buscas una estrella, un proyecto lejano e imposible, una quimera.

Llámame cuando no tengas cobertura, cuando te hayan cortado la línea por falta de pago, cuando todos piensan que telefonear es un acto fútil e inútil. Llámame a cobro revertido. Platicaremos largo y tendido y yo tampoco pagaré las facturas porque me solidarizo contigo hasta en las morosidades.

Llámame, que suenen las aldabas, los timbres y campanillas. Que se abran puertas y ventanas. Llámame, que las corrientes vapuleen y zarandeen como un reproche de viento y agua.

Llámame, que excite tu sed de sal, de mar.

Llámame, que siempre vendré.

Llámame porque yo te llamaré.
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"El eco siempre dice la última palabra"

1 de diciembre de 2007

"A Joan Salvat Papasseit y a los escritores anónimos"



Sentía veneración por las tertulias literarias de antaño. Aquellas en las que la lectura de textos clásicos dejaban embelesados y sin habla a los parroquianos con el codo estribado sobre la barra del café, tomando cualquier cosa que les sirviese de pretexto para arrellanarse, guardar un silencio reverencial y escuchar a los escritores que allí se congregaban cada tarde, recitar versos o leer en voz alta fragmentos de prosa de autores insignes.

Sentía una veneración que confinaba con el miedo. El miedo a no llegar nunca a traspasar aquella maldita línea que separaba el mostrador de la franja reservada a las mesas. El miedo al rechazo. El miedo a reconocer que un poeta anarquista, hijo de la clase proletaria, húerfano de padre, criado en un orfanato naval, sin recursos, sin un maldito bocado que llevarse a la boca, pudiera nunca conocer la satisfacción personal que pudiese brindarle escuchar sus versos en boca de aquellos hombres, que hablaban de una nueva corriente revolucionaria y cargada de futuro, que pronto invadiría Barcelona como una plaga benigna. Que pronto, muy pronto barrería el papanatismo que impregnaba el arte en general y la literatura catalana en particular.

Sentía un respeto paralizante y el dueño del bar le miraba con recelo como recriminándole que un café no podía durarle toda la tarde. Cuando en realidad aquel hombre sólo le reprendía por ser tan cobarde de no dar el paso, de no traspasar aquella maldita línea de fuego.

"Lluita, lluita, lluita", el palpitar de los versos bullían en su espíritu endeble. Le fallaban las fuerzas y el frío le calaba los huesos, pero aquellos hombres le trasmitían su energía, su coraje y su calor.

Desde su lecho, moribundo, añoraba aquellas tertulias de antaño, tanto como el beso furtivo de la joven amada, de sus hijas, de su esposa.

Quería agradecer a aquel hombre recio que servía cafés y carajillos que tuviese la valentía de empujarlo, de arrojarlo al abismo desde la barra a las mesas, como si fuese un pedazo de piedra sin labrar, lanzada desde una cima a una cantera para que alguien algún día hiciese un buen uso de ella, convirtiese la greda en mármol, compacto, cristalino, sobre todo cristalino. "¡Eh, vosotros! Callad un momento y escuchad lo que éste tiene que deciros!" Eso dijo aquel santo varón mientras lo levantaba por las solapas de su deslucido traje de paño.

Entonces Joan con la voz quebrada recitó:

"Heus aquí: jo he guardat fusta al moll.
(Vosaltres no sabeu
què és
guardar fusta al moll:
però jo he vist la pluja
a barrals
sobre els bots,
i dessota els taulons arraulir-se el preu fet de l'angoixa;
sota els flandes
i els melis
sota els cedres sagrats."

Enmudecieron todos, Joan, sí, enmudecieron.

Joan ha depositado unas hojas debajo de la almohada antes de morir y sentir que la añoranza es un pozo sin fondo.

"Adeu, Joan, adeu" "Res es mesquí"
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"El eco siempre dice la última palabra"

26 de noviembre de 2007

"El agua calla y hablan las matemáticas"



- La poesía habla lo que la pintura calla. Para mi las matemáticas son la poesía de los números. El agua calla y hablan las matemáticas. - Hypatia acaricia la concha de una caracola mientras sostiene una amena conversación peripatética a la orilla del mar con su amigo y alumno Orestes, prefecto romano.

(Un nutrido grupo de monjes cristianos de la iglesia de San Cirilo de Jerusalén, iracundos se encaminan hacia la casa de Hypatia...)

- Mi querida amiga, el aparato que has inventado para destilar el agua le da a ésta un sabor insípido, pero por lo menos mi anciana madre te está muy agradecida porque puede tomar sus amargas medicinas sin el añadido sabor salado del agua potable de Alejandría.

(...la sacan de su casa a rastras, la golpean, la despojan de su sencillo vestido de lino, la arrastran por toda la ciudad...)

- Debieras añadir miel a los brebajes que ha de tomar tu madre.

(....la llevan al templo de Cesareo...)

- Mi madre es tan testaruda y obstinada como tú. Ella se niega a seguir mis filiales recomendaciones y tú haces oídos sordos a los rumores que crecen como vivas llamaradas en torno a ti, que te señalan como una burda hechicera y una peligrosa bruja pagana.

(.....la torturan, cortando su piel y su cuerpo con caracolas afiladas. Alguien pregunta de dónde salieron tantas caracolas....)

- ¡ Ay, amigo mío, los rumores son como las olas del mar! Si pudiésemos cuantificarlos crecerían las aguas y Alejandría desaparecería bajo su intenso fragor. Recuérdame que un día de éstos invente una máquina que mida los vacuos niveles de la rumorología.

(....descuartizan su cuerpo....)

- No, sólo he de recordarte sin cejar que tu vida corre peligro y está expuesta a él temerariamente. Un ser singular y de excepcional inteligencia como tú no debe demostrar tamaña estulticia.

(...trasladan el cuerpo mutilado de Hypatia a Cinaron...)

- ¡ Necia me llamas ! ¡Necio, Cirilo de Alejandría, que me pretende para su causa absurda! Si hay infinitos números, cómo puede haber un sólo dios. ¡Infinitos dioses seguramente urden la aritmética del universo! Pero a mi no me interesa la metafísica. ¡Sólo quiero que me ignoren, que se olviden de mi y me dejen trabajar en paz !

(...un joven monje de aspecto adolescente, barbilampiño toma una antorcha y quema la cercenada anatomía bella de la hermosa mujer preciosa. Se escuchan los gritos furibundos de los monjes y la multitud agolpada en torno a la pira, entonando en un solo clamor vehemente y fanático: "¡Muerte a la idolatría. Muerte a la herejía! ¡Muerte a Hypatia de Alejandría!)

- ¡Ojalá los dioses te amparen y asistan, mi muy querida amiga y maestra!
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"El eco siempre dice la última palabra"

23 de noviembre de 2007

"Microrrelato de Navidad"


Ya no suenan las negras zambombas de las noches claras de invierno.

Papá Noel quiere más a los niños que los Reyes Magos de Oriente, que sólo persiguen estrellas fugaces y errantes. Los padres y madres debieran estudiar astronomía y dejar la pedagogía a Santa Claus, que desde que empezó la guerra dejó de beber Coca-Cola y ahora sólo toma vino tinto de las mejores cosechas.

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Nota de la autora: La primera frase me la inspiraron unos versos del poeta Joan Salvat Papasseit, "Sento el fred de la nit i la simbomba fosca" / "Siento el frío del a noche y la oscura zambomba"
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"El eco siempre dice la última palabra"

19 de noviembre de 2007

"El sueño de la mal casada"


" Marge Bouvier, ¿qué por qué he dejado de acudir a misa los domingos? Porque si nos hemos equivocado de religión, temo disgustar a Dios acudiendo al culto que no nos corresponde "

HOMER SIMPSON

Esta noche pasada tuve un sueño extraño, que no quiero elevar a la categoría de pesadilla, pero casi. Soñé que vivía en una casa enorme, de muchísimos metros cuadrados en una sola planta. En ella convivía con toda la familia política, la que fue, la que es, ha sido y será. Es decir, me topaba con excuñados y excuñadas. Mi tercer exsuegro me martirizaba pidiéndome que le trajese "otro Johnnie Walker con hielo, como tú sólo sabes prepararlo". Mis cinco excuñaditos me pedían que jugase con ellos a las canicas y un exsobrinazo de cuarenta y cinco retoños me contaba al oído que desde que ya no salía conmigo de marcha los sábados por la noche ya no se comía un colín.

Mi segunda exsuegra me llevaba del brazo a la cocina para enseñarme a guisar el cocido madrileño genuino y castizo " y no esa bazofia de escudella catalana que le preparas a mi hijo que no lleva morcilla de Burgos, chorizo de Cantimpalos ni carne de morcillo de ternera abulense. ¡Sois más raros los catalanes que un perro verde" Quería aclararle a mi segunda exsuegra que en realidad yo soy charnega de pura cepa y ante todo ciudadana del mundo, pero cuando me disponía a replicarle, mi primer ex marido me increpaba que la camisa a rayas había sido planchada por mi menda lerenda en sentido transversal y "esos infames cuadros añadidos al tejido por tu torpe proceder me obligarán a llevar puesto el traje todo el día y por tu culpa seré el hazmerreír de jefes y compañeros, blablablá, blablablá" . Como cristiana de pro ya le ofrecía la mejilla derecha para que me propinase la "fostia que me tenía, sin duda, super bien merecida", cuando mi exhijastrito de nueve meses, hijo de mi segundo exmarido con una venezolana con la que estuvo casada durante un año, me tiraba de la falda, dando berridos desaforados de niño políglota, que no precisaban de traducción. Estaba claro. La criatura llevaba horas sin que nadie en aquella maldita casa se percatase de que llevaba el pañal sucio.
Me encontraba con el bebé lanzándome patadas a la cara en un cambiador improvisado, que surgió de la nada onírica, en medio de un cuarto de baño enorme, en el que había cuando menos siete bañeras y doce platos de ducha, y mientras buscaba, desesperada, un paquete de pañales en vitrinas, muebles y estantes vacíos, mi tercer exmarido me recriminaba que no quería hijos propios ni ajenos, porque el instinto paternal lo perdió en la pubertad cuando se percató de que esos "locos bajitos" se convierten en "pequeños monstruitos" que te hurgan en el ordenador personal, te arrebatan claves y te vacían las cuentas corrientes. "Internet se inventó para promocionar la delincuencia juvenil" recalcó. Quise argumentar algo que tenía guardado en alguna parte de mi mente a favor de la infancia y la paternidad, pero entonces los vecinos de enfrente de aquel chalecito adosado en el que residí con uno de mis ex maridos, de cuyo nombre no quiero acordarme, me rodearon para pedirme sal y cilantro, o en su defecto chile verde, para preparar guacamole ya que estaban preparando un guateque al que, por cierto, no me invitaban por ser yo díscola, sosa y aguafiestas. Buscaba, infatigable, el cilantro que sabía que tenía guardado en algún rincón de la despensa de aquella cocina a la que no le faltaba ningún electrodoméstico de última generación - incluida una planchadora de ropa tamaño armario tres por cuatro del anuncio de Balay - cuando, de repente y sin venir a cuento del hilo onírico, aparecen los tipos ésos del anuncio de electrodomésticos, que se suponen que han de facilitarte la vida doméstica y extradoméstica, para llevarme en volandas a la puerta de entrada de la pesadilla, o sea, de la susodicha casa. El más apuesto, un bigardo de casi dos metros de estatura, rubio repeinado a gomina abre la puerta acorazada "Modelo Vulcano", pagada por mi tercer ex marido en cómodos doce plazo para él, imposibles para mí y en el exterior me aguarda una calesa de cuatro ruedas con capota de vaqueta y un cochero engalanado para la ocasión que me sonríe, me guiña un ojo y me dice, "Bienvenida a los festejos de tu cuarta boda". Cierro la puerta asustada y me despierto ensopada en sudor. Palpo despierta el anillo de casada. Me lo quito del dedo anular y por fin entiendo que en esta puñetera vida es muy difícil permanecer soltera. Hay que hacer esfuerzos ímprobos cuando se es mujer, bella, de exhuerantes curvas, pero más tonta que Abundio.

12 de noviembre de 2007

"El cartero siempre llama dos veces"

Gracias a los cortes publicitarios, Jorge visionaba a la vez "El cartero siempre llama dos veces" en la 2 la versión del 46 de Tay Garnett y en A3, la del 81 de Bob Rafelson. Una oportunidad como ésta no se presentaba todos los días. Las comparaciones entre Jessica Lange y Lana Turner eran inevitables y cuando menos, estimulantes. "The postman always ring twice, always ring twice". Jorge se imaginaba en el papel de Jack Nicholson-John Gardield seduciendo a las dos divas en el sórdido restaurante de carretera.

Pero la parrilla publicitaria en ambas cadenas le exasperaba. ¡Veinte minutos de anuncios separaban a Jessica Lange de Lana Turner y él sufriendo como un condenado por la embelesada pasión que le embargaba como a Frank Chambers. La diferencia entre Frank y él era palmaria: Frank seducía a una sola mujer sin abruptos cortes publicitario, pero con la presencia intimidatoria del marido cornudo; él, Jorge, seducía a las dos hembras del celuloide, sin injerencias masculinas ajenas ni enojosas rivalidades e infidelidades, pero con tantos cortes publicitarios que la libido se le escapaba y se le subía por las paredes como una gata enloquecida. El argumento de la versión más antigua se solapaba al de la más reciente y Jorge apagaba su ardor y enardecimiento imaginando un supuesto anuncio de Correos de España, un anuncio navideño, "The postman always rings twice, twice, twice". "Un cartero trae buenas noticias. Eso es. Un cartero entrega postales navideñas en un domicilio. Llama al timbre y le abre la puerta una Jessica Lange sonriente. El cartero se dirige a otro chalecito adosado y en esta ocasión le recibe una Lana Turner fría y distante. The postman always rings twice..." Jorge exclama sonriente y ufano, "¡Como publicista no tendría precio. Lástima que sea Técnico de Informática. Lástima que mi vida sentimental sea un desastre. Lástima que no crea en la Navidad. Lástima que el género epistolar murió engullido por los SMS...!"

Jorge desiste de ver el final de las dos películas. Tanto anuncio desmotiva. Abre las puertas del salón que dan a la terraza, de par en par. Ha fumado demasiado. El último pitillo de esta noche de domingo aburrido y fútil lo fumará en la terraza. Intentará olvidar a Jessica y a la Turner. Intentará olvidar que su buzón sólo lo invaden cartas bancarias. Intentará obviar que nadie le manda "emails" a su cuenta de correo ni SMS a su móvil. No pensará en la dichosa Navidad que se avecina.

Suena el timbre de la puerta. "¿Quién será a estas horas de la noche?" Jorge intenta ver por la mirilla pero la luz de la escalera está apagada y sólo vislumbra una silueta confusa. Abre la puerta y no da crédito. Jack Nicolson y John Gardield le propinan una tunda de puñetazos, golpes y patadas que cuando despierta es lunes y se encuentra ante el ordenador ":Hansol" que tenía pendiente de reparar en el taller.

6 de noviembre de 2007

"Manifiesto Pseudofuturista" - Si Marinetti levantase su graciosa testa !!!

1. Queremos cantar el amor a la mentira, el hábito de la energía dispersa y de la temeridad.

2. El engaño, la mentira, el coraje, la audacia, la rebelión, serán elementos esenciales de nuestra poesía.

3. La literatura exaltó, hasta hoy, la inmovilidad pensativa, el éxtasis y el sueño. Nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso de corrida, el salto mortal, el cachetazo y el puñetazo. Una mentira es Literatura. Dos mentiras son Literatura. Una mentira es una poesía. Dos o más mentiras conciernen al género novelesco. La mentira que hoy miente, mañana será una gran verdad y caerá en el pozo del olvido. La literatura morirá si sólo busca la veracidad.

4. Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una nueva belleza, la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo... un automóvil rugiente, que parece correr sobre la ráfaga, es más bello que la Victoria de Samotracia. La conducción negligente y temeraria es bella, pero jalonada de falacias.

5. Queremos ensalzar al hombre que lleva el volante, cuya lanza ideal atraviesa la tierra, lanzada también ella a la carrera, sobre el circuito de su órbita. Esta soberana mentira se cobrá la vida de muchos necios. Pero como mentira no es Literatura, sólo Publicidad. El poeta es mentiroso por antonomasia. La poesía sinécdoque de una mentira.

6. Es necesario que el poeta se prodigue, con ardor, boato y liberalidad, para aumentar el fervor entusiasta de los elementos primordiales. Escritorcillo es un ejemplo, pero sus poesías no encuentran eco y difusión entre nosotros a pesar de tratarse de flagrantes mentiras. Escritorcillo, nuestro poeta para la causa del futuro pluscuamperfecto.

7. No existe belleza alguna si no es en la lucha. Ninguna obra que no tenga un carácter agresivo puede ser una obra maestra. La poesía debe ser concebida como un asalto violento contra las fuerzas desconocidas, para forzarlas a postrarse ante el hombre. En los foros literarios, ¿no se gasta demasiada tibieza? No alcanzan a ser literarios sino se gestan en ellos grandes mentiras.

8. ¡Nos encontramos sobre el promontorio más elevado de los siglos!... ¿Porqué deberíamos cuidarnos las espaldas, si queremos derribar las misteriosas puertas de lo imposible? El Tiempo y el Espacio murieron ayer. Nosotros vivimos ya en el absoluto, porque hemos creado ya la eterna velocidad omnipresente. La mentira nos hará libres. La velocidad no nos llevará a ninguna parte, pero habremos avanzado mucho.

9. Queremos glorificar la guerra –única higiene del mundo– el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las bellas ideas por las cuales se muere y el desprecio de la mujer....... Mujeres, hermanas, compañeras de fatigas, la misoginia nos hará fuertes y podremos construir una alta torre de Babel. Si nadie nos entiende es mejor para nosotras. Una mentira nos derribará quizás, pero un conjunto de mentiras es la bella Literatura y Poesía de nuestra historia. No temamos las mentiras de los hombres.

10. Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y contra toda vileza oportunista y utilitaria....En internet los museos, academias y bibliotecas conquistarán su espacio virtual. Será una auténtico placer, una gozada, visitar Muzeos, Vivliotecas, Hakademias vacías....El femenismo murió. Lo sustituyó La ley de Violencia de Género. Mujeres, no precisamos justicia, sino mentiras, mentiras. Con una mentira nos bastaba.

11. Nosotros cantaremos a las grandes masas agitadas por el trabajo, por el placer o por la revuelta: cantaremos a las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas, cantaremos al vibrante fervor nocturno de las minas y de las canteras, incendiados por violentas lunas eléctricas; a las estaciones ávidas, devoradoras de serpientes que humean; a las fábricas suspendidas de las nubes por los retorcidos hilos de sus humos; a los puentes semejantes a gimnastas gigantes que husmean el horizonte, y a las locomotoras de pecho amplio, que patalean sobre los rieles, como enormes caballos de acero embridados con tubos, y al vuelo resbaloso de los aeroplanos, cuya hélice flamea al viento como una bandera y parece aplaudir sobre una masa entusiasta. Es desde Italia que lanzamos al mundo este nuestro manifiesto de violencia arrolladora e incendiaria con el cual fundamos hoy el FUTURISMO porque queremos liberar a este país de su fétida gangrena de profesores, de arqueólogos, de cicerones y de anticuarios. Ya por demasiado tiempo Italia ha sido un mercado de ropavejeros. Nosotros queremos liberarla de los innumerables museos que la cubren por completo de cementerios....En Italia suceden estas cosas. En el resto del mundo también. Realidades que alguien debiera elevar a la categoría de mentiras.

31 de octubre de 2007

"El rotativo"

El cesto de Donativos de Prensa de la Estación del Norte se encuentra vacío. Un grupo de vagabundos y mendigos se ha sentado a leer las noticias del día en un rincón acogedor de la estación, junto a la cafetería “El Andén”. Les llega el aroma embriagador de las tazas de café caliente, alineadas como cuerpo de tropa sobre la barra, de la cafetera italiana nueva que ha adquirido el dueño en el mercado del estraperlo y el chanchullo rumano que se cuece dentro y fuera de la estación. Uno de los vagabundos comenta jocoso que las tazas y la loza nuevas han sido también adquiridas ilegalmente y que daría la mitad de la mugre que lleva encima por tomar una maldita taza de café caliente mientras lee la prensa y contempla en la pantalla del televisor clandestino, - que adquirió regalado a cambio de un SEAT LEON con la culata y los cilindros quemados El Rey de Los Gitanos -, sin sentir la presión que padecen todos los demás, siempre con prisas, siempre corriendo, sorbiendo rápido el café y la leche del desayuno como si les fuese la vida en ello. “Daría la mitad de mi mugre, señor sí señor, con tal de que Paco El Ñapas me dejase permanecer horas y horas sentado a la barra de su puto bar, sin incordiarme ni amenazarme con llamar a los beneméritos securatas, que son lo peor de lo peor, malditas ratas de estación, soplonas y apuntadoras de la pasma”. “Pero la mugre es mala compañera, cierra puertas y abre las ventanas de la insolidaridad y el desprecio humano más abyectos” le replica El Séneca, que cursó dos asignaturas de primero de Filosofía tiempos ha y es un tipo muy cultivado y versado, pero lleno de mugre como todos los demás, que platican ahí sentados sosteniendo los periódicos gratuitos del día sin mayor aspiración en el horizonte de la jornada que ver pasar las horas y las gentes de la estación en un ir y venir incesante de maletas y bultos”

Los periódicos quedan esparcidos por el suelo y los asientos, cuando los mendigos deciden que tal vez hoy Paco El Ñapas está de buen talante y no tendrá inconveniente en invitarles a una taza de café de Colombia, importado ilegalmente y comprado a El Rey de los Gitanos por menos de cuarenta céntimos de euro el paquete, a porras y churros regalados por el churrero de Carretas y a un carajillo del orujo ése gallego que le traen de no sé sabe donde.

Una joven con aspecto de estudiante de informática coge al vuelo de las prisas uno de los periódicos que reposa en un asiento y se dirige a la vía 3 que la llevará a la Zona Universitaria. Un hombre cuarentón ecuatoriano se detiene un momento para otear qué periódico puede interesarle más. El compañero español que le acompaña le grita que con esa flema se avanza muy poco, pero el tipo parece no escucharle y se muestra ensimismado leyendo los titulares. La barrendera de la estación recoge los periódicos esparcidos por el suelo, hace una pelota de papel con ellos y se la lanza a un impertinente que le dijo alguna inconveniencia o grosería, que una señora mayor entendió como piropo. Esta delicada anciana se sienta y toma el último periódico que queda en el lugar. Dedica casi dos horas parsimoniosas a su lectura y cuanto termina de leer el último renglón de la página de obituarios y necrológicas, exclama en voz alta a sabiendas de que nadie la va escuchar, “¡Este periódico me lo llevo a casa. Con una página envolveré los plátanos para alargarles la vida un mes. Con otra, taparé la sartén del arroz a la cubana mientras cuece a fuego medio. Recortaré el directorio y teléfonos de interés de farmacias, ambulatorios, policía y bomberos y me lo pondré a la vista pegado con el imán del elefantito que adorna la puerta de mi nevera. Unas páginas las reservaré de alfombra para no manchar el suelo de la cocina mientras guiso. La página de la portada me vendrá bien para cubrir el fondo del cubo de la basura. Las páginas de economía las usaré para dejar relucientes los cristales. Y si sobran algunas páginas las destinaré a la relectura cuando la programación de la tele no vale un pimiento....”