Mi querida esposa Emma:
Nuestra pequeña Anne se debate entre la vida y la muerte. No remiten las fiebres y esta cruel agonía se convierte para mí en un infierno gélido de llamas de invierno lacerantes. Ni siquiera consigo imaginaros a ti, amada mía, y a la criatura que guareces en tu vientre con delicado capullo de ternura y desvelo maternales, ganándole denodadamente el pulso a la vida, porque la parca inminente se asoma, haciéndome burla por todas las ventanas de esta casa de reposo. Sus espantosas muecas me alejan de Dios irremisiblemente. Se mofa de nuestra desgracia. Si Dios existe, como aseveras, ¿por qué habría de enviarnos a un macabro fantasma como ése, amenazando con romper los acristalados ventanales de nuestras plácidas vidas con su guadaña? Me advertirás que los vidrios rotos se reparan y que el tiempo cicatriza todas las heridas del alma. Pero lo cierto es que aún no cerré la que nos dejó Mary con su precoz partida. ¿Cómo, paso tan breve el suyo, dejó huellas tan indelebles, tan dilatado dolor, poso tan amargo en el cáliz de nuestra memoria? Se me hace intolerable sumar a aquel recuerdo, este otro inminente que nos apremia. Siento latir la agonía de nuestra pequeña Anne en mis sienes y me abrasa la lava y la violencia de la hoguera de mil volcanes escupiendo fuego de dolor y castigo por los pecados que nunca cometimos. Tal vez ese ser, al que invocas en tus plegarias fervientes envíe este castigo insufrible por mis osadas investigaciones y teorías, que desafían verdades teologales, que muy pocos se han atrevido a cuestionar.
Pretendo, mísero de mí, arrojar un poco de luz sobre las tinieblas, con las que Ése, Tu Dios, ha decorado el escenario del mundo. Pero si ese Ser Supremo es Todo Bondad, como aseguras, mi amada Emma, ¿podrás explicarme cómo pueden congeniar en alma tan sublime y pura, Bondad y Sed de Venganza, sin que su voluntad divina se torne en despiadada crueldad y maldad?...Dudo mucho que ese Dios no sea en realidad el propio Satanás, maquinando y disfrutando a nuestra costa con los abominables males que azotan a la humanidad. Sé que muchos consideran diabólicas mis teorías, cuando intento demostrar que las especies se transforman en otras mediante la selección natural sin intervención divina. Tal vez esté, sin pretenderlo, indicándole al mundo que Dios existe, señalando con mi dedo índice la senda que puede conducirnos a Él, pero esa vereda nunca podrá encontrase con el camino angosto de mis pesquisas. Cuando menos yo me siento cada vez más alejado de sus infranqueables e inextricables moradas. Te ruego, mi adorada y misericordiosa mujer, que en tus rezos le supliques, que ya que nos ha abandonado a nuestra suerte a Anne y a mi, esté siempre contigo a tu lado y con nuestros amorosos hijos y adorables hijas, velando por todos vosotros, pero que lo haga bien, como un padre atento y diligente. No tan calamitosamente como lo estoy haciendo yo en estos momentos.
Tu amantísimo,
Charles
16 de diciembre de 2008
7 de diciembre de 2008
Un corto - no me gusta la acepción "Microrrelato", lo encuentro despectivo - Título de este corto, "El Puente Colgante"
El puente colgante se balanceaba como una barca suspendida en el aire, como hidroavión amerizando sobre la cresta de una ola. Un grupo de excursionistas lo contemplaba desde una loma cercana:
- ¿Cómo puede moverse así? No hay viento reinante. Nadie lo transita.- exclamó una señora con el semblante demudado por la expectación.
Desconocían los excursionistas, para su tranquilidad, que todo el que transitaba aquel puente colgante, caía precipitado a las aguas del proceloso río que transitaba por debajo de él como una culebra de cristal. Los espíritus de los finados mataban el tiempo saltando y brincando cual niños traviesos. Aguardaban la llegada de una nueva víctima, a la que pronto enseñaban los secretos de una vida de ultratumba tan acrobática, divertida, eternamente funámbula, en la cuerda floja. ¡Caramba, como la vida misma! ¿no?
6 de diciembre de 2008
"La Víctima Número Cincuenta y Siete"
Debe pulsar la pestaña “visualizar víctimas”. Así lo hacía una y otra vez, obteniendo siempre el mismo resultado, “La página consultada no se puede visualizar. Contacte con el Servicio Técnico”. Llamó al Departamento de Informática, pero los técnicos habían salido a desayunar. Era la hora ésa fastidiosa en la que todo el mundo se encuentra zampando. Todos menos él, ¡gilipollas!. “Soy un jjjjjjiiiiiiliiiiipollas. Estas cosas me pasan en el momento más inoportuno. Regalo a la empresa los veinte minutos de mis recesos diarios, simplemente porque soy un jjjjjjjjjjiiiiiiliiiiiiiiiipollas ¡¡¡¡!!!!!”
Además no podía controlar el impulso irrefrenable de seguir dándole a la tecla “visualizar víctimas” como un poseso. “Soy un jjjjjjjjjjjjjjjjiiiiiiiiiiiiiliiiiiiiiiiiipollas¡¡¡¡!!!!. Otros son adictos al sexo o a la comida o, a qué se yo, a sacar a pasear al perro, pero yo me paso las horas frente a la pantalla del ordenador intentando “visualizar víctimas”, que a todas luces no se dejan visualizar, ni que les ofrezcas y prometas un sacrificio. “Vamos a ver, ordenador de mil amores si me dejas visualizar esta víctima que llevo intentando visualizar desde el día en que Caín mató a Abel, te prometo que te cuidaré como a un cliente vip, trato preferente, te pondré la primera en la lista, te llevaré limusina a la puerta de tu casa con chófer, con mini bar, con dama de honor, acompañamiento y séquito, te invitaré a cenar, al cine..A LO QUEEEeeee QUIEEEERaaas, pero, por el amor de Dior, déjate visualizar de una puñetera vez.
¡Eureka! La víctima Número Cincuenta y Siete del año en curso se dejó visualizar en el monitor. Ocurrió un fenómeno más que extraordinario y fuera de todo orden. La víctima se mostró en carne y hueso. Salió como despedida de la pantalla y se plantó ante Luis, el agente de la Delegación de Hacienda Somos Todos. Se abalanzó sobre él y lo agarró por el cuello con sus manos hasta estrangularlo. El infeliz sólo pudo musitar con un hilillo de voz “Su Declaración de la Renta ha dado positiva. Queríamos subsanar el error y reintegrarle la renta del período impositivo...... me mueroooo. Dígale a mi madre y a mi novia que las quiero”. FIN DE ESTA HISTORIA TAN TRISTE. HACIENDA, SOMOS TODOS.
3 de diciembre de 2008
"Delito de Amistad"
La amistad estaba prohibida en el Código Penal. En el Título XXII sobre Delitos contra el Orden Público, en el Capítulo III, De los Desórdenes Públicos, el Artículo 557 punto Número Siete rezaba:
7. Serán castigados con la pena de prisión de seis meses a tres años y obligados a llevar el dispositivo GPS o “brazalete de la enemistad” bajo estricta vigilancia de la Unidad Central de Vigilancia Electrónica Sección Delito Amistad (UCVESDA), los que cultivasen con otra u otras personas afecto personal, puro y desinteresado. Fomentar el trato asiduo incrementará la pena de prisión de tres a seis años. Los pactos amistosos pueden conllevar cadena perpetua. Se considerarán atenuantes el amancebamiento o trato sexual habitual si se demostrare desafecto entre las partes.....
El humano identificado con DII (Documento Internacional de Identidad) como Isidro Mendizábal Viejo, hijo de María e Isidro, nacido en Madrid el 12 de Octubre de 2088, domiciliado en Calle Robótica, número 6, planta baja., ha sido detenido esta noche cuando se encontraba en el establecimiento denominado Bar “Lágrimas de Acero”, donde se le sorprendió en flagrante Delito de Amistad con el humano NO IDENTIFICADO que dijo llamarse Pedro Pablo Lozano Gaitanes. Al parecer intercambiaban sus respectivos números de teléfono móvil con fines de pura y dura amistad. Se les ocupó en el acto de la detención agendas electrónicas conteniendo números y nombres de humanos supuestamente involucrados en Delitos de Amistad y Otros Atentados contra el Orden Público no especificados – se mencionaron amancebamientos con Delito de Amor, trueque desinteresado de pertenencias personales, confidencias, confianzas estrechas y muy íntimas, cuchicheos, risas, sonrisas, estrechamiento de manos, palmadas, brindis con bebidas vitícolas o espiritosas – los imputados han reconocido, rechazando asistencia de letrado en dependencias policiales, “haberse tomado más de unas cañas juntos” en el mencionado Bar y otros situados mayormente en Distrito Centro donde proliferan locales en los que se despachan bebidas que han de tomarse de pie, ante el mostrador, sin articular palabra con el cliente situado a la izquierda o derecha, máxime sólo se acepta preguntar la hora y fecha del día en cuestión o parte meteorológico reinante. Los detenidos admiten haber infringido este precepto recogido en el Decálogo del Buen Cliente o Parroquiano. No muestran reparos en aceptar que los otros nueve preceptos tales como 1. Guardar silencio 2. Respeto al individualismo feroz y el autismo social necesario para una pacífica convivencia 3. Prohibición de Reír. 4. Prohibición de Sonreír . 5 Prohibición de confiar y platicar con el prójimo. 6. Prohibición de Besar. 7. Prohibición de ejercitar el sentido del tacto. 8. Prohibición de Ver Más Allá de las Narices – las suyas, justo, ésas – 9. Prohibición de Cantar o Silbar.; no muestran reparos, decíamos en el secreto del sumario y el ordinario, en jactarse de haberlos quebrantado todos. El “brazalete de la enemistad” confiesan que se deshicieron de él cortándolo en un garaje privado con una cizalla u objeto contundente similar y lo arrojaron al río Manzanares, motivo por el cual se les imputa Delito Ecológico, bla, bla, bla, bla,bla...
26 de noviembre de 2008
"El río de la muerte"

El río de la muerte trae excrementos y nidos de simios, barcazas de cazadores de chimpancés acudiendo a Kinshasa para vender su carne o comerciar con ella, aguas de cristalino llanto negro de madres que han perdido a sus hijos por una extraña tuberculosis.
El río de la muerte transporta un jeroglífico de siglas Hache Dos O, Hache Dos O, Uve I Hache, Uve I Hache..Los niños escuchan el canto lúgubre de la luctuosa cascada. Los más espabilados entonan una canción infantil,
"Anata, venez voir les tortues qui dansent! Uve i Hache, Uve i Hache !"
Los cánticos infantiles acallan los gritos desesperados de los bonobos y gorilas capturados en las trampas-jaulas de alambre. Las escopetas negras son un furtivo sigilo en medio de la jungla y de la noche, que estampa de miedo los espíritus de los luba.
"Anata, venez voir les tortues qui dansent! Uve i Hache, Uve i Hache"
Los medicamentos prometidos no llegan el día y a la hora convenidos. Los hombres de la aldea se reúnen para decidir quienes se encargarán de adentrarse en la selva pantanosa para irlos a buscar. Se dirigen finalmente los más sanos, jóvenes y fuertes. El sacerdote de la misión es anciano, pero fuerte por su coraje. También les acompaña, guiándoles con rezos, salmos, cánticos místicos que hacen llorar a la comitiva. Hombres negros y un solo varón blanco. Los primeros derraman lágrimas cristalinas, tal vez contaminadas de las mismas siglas que contagian de mortal caudal al río y a sus gentes. El sacerdote hace tiempo que no llora. Se le secó el espíritu cuando el dolor le arrancó el alma, desollada como la piel simiesca, arrancada a tiras por los traficantes.
El capellán recuerda el día en que llegó a la aldea a finales de los cincuenta del pasado siglo. "El pasado siglo. El pasado siglo. Parece que fue ayer.." Gozoso y esperanzado, participaba en las campañas de vacunación oral contra la polio. " La vacuna contenía tejidos de chimpancé. ¡Oh Dios! Siguen negando la evidencia. Y ahora las mismas compañías farmaceúticas nos proporcionan medicamentos para remediar la pandemia por ellas provocada. Y estoy amenazado de muerte si hablo, si digo la verdad. Aunque cuente la verdad, no me creerán, me tomarán por loco. ¡Oh, Dios! La vacuna contra la polio contenía aquellos fatídicos tejidos. Consideran nuestra aldea principal foco de contagio y por eso nos niegan toda ayuda. Se demoran los medicamentos y si no nos acercamos a exigirlos, probablemente no llegasen nunca. Los venderían a precios desorbitados en el mercado negro. ¡Oh Dios mío, si no me ayudas a llevar esta pesada cruz, desfallezco. Soy un pobre anciano de casi ochenta años".
El viejo sacerdote un año más consigue llegar a la frontera, donde el río de la muerte se esconde en lontananza como una serpiente venenosa agazapada. Gracias a su intermediación consiguen los medicamentos gratuitos. Pero cuando la comitiva de hombres negros regresa a la aldea, el más alto y fuerte de todos ellos lleva en brazos el cuerpo inerte del sacerdote. Lo entierran - por deseo expreso del anciano clérigo - en el cementerio junto al sepulcro del "paciente cero", un hombre africano que murió en el cincuenta y nueve, y al que la ciencia considera el primer enfermo constatado de sida. El sacerdote suma probablemente "el paciente treinta millones o más".
25 de noviembre de 2008
19 de noviembre de 2008
"Rabos de lagartija" - Homenaje a Juan Marsé -
Este rabo espantadizo que tengo tiene más vidas que los gatos. Los piratas de Columbrete Grande matan las horas persiguiendo cormoranes moñudos y lagartijas. A los primeros los agarran del pescuezo hasta estrangularlos y a nosotras, las lagartijas, nos cortan el rabo. No consiguen matarnos, no tanto por nuestra destreza en la escapatoria sino porque no se lo proponen con ese fin. Pasatiempo absurdo donde los haya, cortar rabos de lagartija se ha convertido en patente de corso aquí en este islote. No sé si preferir a los bereberes o a sus esclavos. Unos me arrancan la cola y los otros pagan sus desgracias y sufrimientos intentando capturarme para convertirme en su bocado. Esto otro casi lo puedo entender. Los mantienen a pan duro y agua sucia. Le escuché decir a un cautivo que las lagartijas asadas con sal y pimienta son exquisito alimento para acallar los gritos del hambre. No me he visto aún en ese lance y las que lo conocieron no regresaron para contarlo.
Por aquí ha pasado hace unas semanas “El Manco de Lepanto” a bordo de la galera Sol, poco antes de ser capturado por los turcos en Palamós. Tuvo suerte en Columbrete Grande. No había moros en la costa. Se libró por los pelos. Los bereberes se ausentaron unos días con los cautivos. Pensamos que podríamos respirar tranquilos cormoranes moñudos y lagartijas, pero Noooo. Rodrigo, el hermano de El Manco me cortó el rabo con la saeta de su ballesta. Primero lo intentó con el madero de un arcabuz. El Manco le espetó: “¡Pero qué bestia eres hermano!¿Qué adelantas con esa distracción? Mas te valdría entretener tu tiempo en recitar romances.” Lamenté que El Manco no se quedara en la isla para defendernos de bereberes, cautivos, españoles y desaprensivos en general. Cuando recibí la noticia de su cautiverio, derramé cuatro lágrimas más de salamanquesa que de cocodrilo. Lo lamenté, en serio. Aquel tipo me cayó simpático. Pero el respiro duró bien poco. Aquí tenemos el peñasco otra vez invadido de corsarios y piratas. Esta vez los moriscos han traído argelinos y tunecinos y sus galeras rebosan de oro y alhajas de un suculento botín robado a la orden de los Mercedarios. Los mercedarios prestan votos de obediencia, pobreza, castidad y a “estar dispuestos a entregarse como rehenes y dar la vida, si fuese necesario, por el cautivo en peligro de perder su fe”. A estos cuatro votos debieran añadir el de “la prohibición de cortar rabos de lagartija”, porque, ¡hay que ver como les place a estos cautivos torturarnos!¡Más que a los sarracenos, si cabe!” Presumen de redentores. Se atribuyen centenares de redenciones y miles de redimidos. A algunos les gustaría alcanzar la condición de mártires y santos, como lo llegaron a ser San Serapio y San Ramón Nonato. Pero yo, desde mi corta capacidad de entendimiento, me pregunto:
- Si existe Dios, ¿por qué no muestra clemencia y aplica salvación a los rabos de lagartija?
Por aquí ha pasado hace unas semanas “El Manco de Lepanto” a bordo de la galera Sol, poco antes de ser capturado por los turcos en Palamós. Tuvo suerte en Columbrete Grande. No había moros en la costa. Se libró por los pelos. Los bereberes se ausentaron unos días con los cautivos. Pensamos que podríamos respirar tranquilos cormoranes moñudos y lagartijas, pero Noooo. Rodrigo, el hermano de El Manco me cortó el rabo con la saeta de su ballesta. Primero lo intentó con el madero de un arcabuz. El Manco le espetó: “¡Pero qué bestia eres hermano!¿Qué adelantas con esa distracción? Mas te valdría entretener tu tiempo en recitar romances.” Lamenté que El Manco no se quedara en la isla para defendernos de bereberes, cautivos, españoles y desaprensivos en general. Cuando recibí la noticia de su cautiverio, derramé cuatro lágrimas más de salamanquesa que de cocodrilo. Lo lamenté, en serio. Aquel tipo me cayó simpático. Pero el respiro duró bien poco. Aquí tenemos el peñasco otra vez invadido de corsarios y piratas. Esta vez los moriscos han traído argelinos y tunecinos y sus galeras rebosan de oro y alhajas de un suculento botín robado a la orden de los Mercedarios. Los mercedarios prestan votos de obediencia, pobreza, castidad y a “estar dispuestos a entregarse como rehenes y dar la vida, si fuese necesario, por el cautivo en peligro de perder su fe”. A estos cuatro votos debieran añadir el de “la prohibición de cortar rabos de lagartija”, porque, ¡hay que ver como les place a estos cautivos torturarnos!¡Más que a los sarracenos, si cabe!” Presumen de redentores. Se atribuyen centenares de redenciones y miles de redimidos. A algunos les gustaría alcanzar la condición de mártires y santos, como lo llegaron a ser San Serapio y San Ramón Nonato. Pero yo, desde mi corta capacidad de entendimiento, me pregunto:
- Si existe Dios, ¿por qué no muestra clemencia y aplica salvación a los rabos de lagartija?
9 de noviembre de 2008
"Existo"
Dile a tu hijo que deje de recoger trocitos de hojas secas como si quisiese acaparar el otoño en esa maldita bolsa de plástico. Dile que deje al otoño estar donde está: hojas marchitas dormitando en el suelo el sueño del invierno.
Y ahora deja de contemplarle como si no hubiese otro ser en el mundo. Levanta la vista. Estoy aqui. Existo. Respiro. No es que me muera por tus huesos. Son los míos que están a punto de quebrar, como la tiza aquella que partíamos en dos en el recreo del colegio y la compartíamos a la hora de pintarrajear corazones flechados en los tronco de los almendros en flor. Aquellos troncos que trepaban hacia las hojas oblongas, las flores blancas, las rosadas para conducirnos irremediablemente hasta las almendras amargas. Las mías, cuando menos siempre lo fueron. Tú decías que no probabas aquellos frutos, amarrada yo a tu cintura, porque los vendían en la tienda de los frutos secos, mejores, limpios, a granel metidos en una bolsa. Siempre has preferido la aventura envasada.
Sé que no tengo aquellos ojos que brillaban con la ilusión del amor florido. Es una cursilada después de tantos años que la mirada destelle ráfagas de pasión contenida. Son más bien mis pupilas - después de todos estos años - como dos agujeros negros del declive, por cuya barandilla te podrías deslizar hasta encontrarte conmigo en el rellano del desamparo. Ahí se instaló mi espíritu hace ya bastante tiempo. Mi alma se aventuró dos pisos más abajo y tal vez si te dignases a hacer ese esfuerzo por mí, pudieras toparte con ella en el sótano de tu soledad y la mía, que juntas suman todo el peso intolerable de la nuestra. Te adivino, sí, tan solo como lo estoy yo. Los celos se disiparon, porque además de estorbar, descubrí pronto que eran injustificados. Tú y yo navegando solos en la embarcación del desamor hacia una deriva de anhelos perdidos.
Creo que tus labios sellados se muestran incapaces de pronunciar mi nombre. Temes tal vez que te diga, cansina, aquellos "te quiero, te quiero,.." que se fueron enhebrando hasta el colmo de un hartazgo ahíto. ¡Qué empacho el tuyo de oírmelo decir! ¡Harta de que no me lo hayas dicho nunca, quizá es que nadie te enseñó los cómo, los porqués de estos artículos de primera necesidad que debieran surtir cualquier despensa familiar! Un tarro de "Tequiero" ASI DE GRANDE mi madre siempre lo tuvo cerca, para rescatarnos sin precisar tiritas, de cualquier herida. Tú a nuestros hijos les pegas cuatro gritos, les das una azotaina y vamos todos servidos.
Me distancio en esos momentos, me mantengo ahí al margen, no sea que me lluevan dos bofetadas. ¡Ya pudieran ser dos besos! Te costaría el mismo empeño, me parece.
Aqui estoy, siempre junto a ti, a tu lado, para lo bueno, para lo malo. Esperando que despiertes. Me pareces como un mineral dormido, una piedra fría que alguien o algo en un momento dado puede arrojar al cauce de un río. A veces me contemplo como la portadora de esa mano que toma esa piedra y la acaricia. Hay un tacto metálico, pero también quiero ver al pedernal en cualquier inopinado momento dando chispas herido por el eslabón de hierro acerado. Es entonces cuando las bofetadas te las daría yo o los besos o no sé. En esos casos se nos desata una pasión desbocada, desesperada. No es amor. Es más bien como un odio que pretende hacer añicos nuestra historia personal para comenzar de nuevo. Una nueva oportunidad de que todo arranque desde aquel almendro en flor por cuyo tronco trepábamos con las tizas rotas en una mano y pintábamos corazones flechados "Antonio ama a María. María también te ama".
Dile a tu hijo que deje de recoger trocitos de hojas secas como si quisiese acaparar el otoño en esa maldita bolsa de plástico. Dile que deje al otoño estar donde está: hojas marchitas dormitando en el suelo el sueño del invierno.
Estoy aqui. Existo. Respiro. Te amo. Siempre. No me hagas preguntas torpes. Te amo. Ámame tú de una puñetera vez.
Y ahora deja de contemplarle como si no hubiese otro ser en el mundo. Levanta la vista. Estoy aqui. Existo. Respiro. No es que me muera por tus huesos. Son los míos que están a punto de quebrar, como la tiza aquella que partíamos en dos en el recreo del colegio y la compartíamos a la hora de pintarrajear corazones flechados en los tronco de los almendros en flor. Aquellos troncos que trepaban hacia las hojas oblongas, las flores blancas, las rosadas para conducirnos irremediablemente hasta las almendras amargas. Las mías, cuando menos siempre lo fueron. Tú decías que no probabas aquellos frutos, amarrada yo a tu cintura, porque los vendían en la tienda de los frutos secos, mejores, limpios, a granel metidos en una bolsa. Siempre has preferido la aventura envasada.
Sé que no tengo aquellos ojos que brillaban con la ilusión del amor florido. Es una cursilada después de tantos años que la mirada destelle ráfagas de pasión contenida. Son más bien mis pupilas - después de todos estos años - como dos agujeros negros del declive, por cuya barandilla te podrías deslizar hasta encontrarte conmigo en el rellano del desamparo. Ahí se instaló mi espíritu hace ya bastante tiempo. Mi alma se aventuró dos pisos más abajo y tal vez si te dignases a hacer ese esfuerzo por mí, pudieras toparte con ella en el sótano de tu soledad y la mía, que juntas suman todo el peso intolerable de la nuestra. Te adivino, sí, tan solo como lo estoy yo. Los celos se disiparon, porque además de estorbar, descubrí pronto que eran injustificados. Tú y yo navegando solos en la embarcación del desamor hacia una deriva de anhelos perdidos.
Creo que tus labios sellados se muestran incapaces de pronunciar mi nombre. Temes tal vez que te diga, cansina, aquellos "te quiero, te quiero,.." que se fueron enhebrando hasta el colmo de un hartazgo ahíto. ¡Qué empacho el tuyo de oírmelo decir! ¡Harta de que no me lo hayas dicho nunca, quizá es que nadie te enseñó los cómo, los porqués de estos artículos de primera necesidad que debieran surtir cualquier despensa familiar! Un tarro de "Tequiero" ASI DE GRANDE mi madre siempre lo tuvo cerca, para rescatarnos sin precisar tiritas, de cualquier herida. Tú a nuestros hijos les pegas cuatro gritos, les das una azotaina y vamos todos servidos.
Me distancio en esos momentos, me mantengo ahí al margen, no sea que me lluevan dos bofetadas. ¡Ya pudieran ser dos besos! Te costaría el mismo empeño, me parece.
Aqui estoy, siempre junto a ti, a tu lado, para lo bueno, para lo malo. Esperando que despiertes. Me pareces como un mineral dormido, una piedra fría que alguien o algo en un momento dado puede arrojar al cauce de un río. A veces me contemplo como la portadora de esa mano que toma esa piedra y la acaricia. Hay un tacto metálico, pero también quiero ver al pedernal en cualquier inopinado momento dando chispas herido por el eslabón de hierro acerado. Es entonces cuando las bofetadas te las daría yo o los besos o no sé. En esos casos se nos desata una pasión desbocada, desesperada. No es amor. Es más bien como un odio que pretende hacer añicos nuestra historia personal para comenzar de nuevo. Una nueva oportunidad de que todo arranque desde aquel almendro en flor por cuyo tronco trepábamos con las tizas rotas en una mano y pintábamos corazones flechados "Antonio ama a María. María también te ama".
Dile a tu hijo que deje de recoger trocitos de hojas secas como si quisiese acaparar el otoño en esa maldita bolsa de plástico. Dile que deje al otoño estar donde está: hojas marchitas dormitando en el suelo el sueño del invierno.
Estoy aqui. Existo. Respiro. Te amo. Siempre. No me hagas preguntas torpes. Te amo. Ámame tú de una puñetera vez.
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