31 de octubre de 2016

Relato ganador del V Certamen Literario «Agenda Creativa 2016 de Índigo Crea» en homenaje a Italo Calvino y sus "Ciudades invisibles" " Mnemósine" por Gemmayla

En aquella ciudad gobernaban nueve Musas: Belleza, Historia, Poesía, Música, Tragedia, Sacerdotisa, Comedia, Danza y Astronomía. Para que sus nobles habitantes nunca perdieran la memoria, el recuerdo de lo vivido, se les asignaba al nacer un atributo inconfundible en su rostro, una biografía incrustada en sus genes, un poema de vida, una sinfonía única y personal, tres meses dramáticos y seis de venturas y alegrías, tres neutrales, un dios inmortal en sus conciencias, un baile al nacer y otro al morir, una estrella en el firmamento. La ciudad se llamaba Mnemósine y sus pobladores eran hombres y mujeres muy longevos que podían alcanzar ciento treinta años. Mnemósine cumplió eras y eras geológicas y cósmicas. Era un ejemplo para la humanidad entera y aún más allá de trescientas galaxias planetarias. Pero un mal día quiso el destino que tres Musas Gobernadoras enfermaran por el contagio de un extraño virus: Historia, Música y Tragedia murieron. Fue imposible reemplazarlas. Poco a poco los habitantes de aquella legendaria ciudad comenzaron a envejecer olvidando sus nombres, sus rostros, el color y el sabor de sus vidas, los versos vitales, la melodía propia y ajena, sin saber distinguir los meses dramáticos de los alegres o neutrales. No recordaban a Dios ni su inspiración y guía. Nadie convocaba bailes natalicios y durante los obituarios reinaba un silencio mortal. Había, sí, estrellas en el cielo, pero cada vez quedaba menos gente capaz de señalarlas, nombrarlas y contemplarlas. Mnemósine fue muriendo entre lagunas y nieblas de olvido hasta desaparecer de un punto en el mapa de la memoria colectiva.

27 de septiembre de 2016

EL PERFUME DE EVA

Me tengo por una excelente abogada del pueblo. Soy de las que no ponen tarifa a sus servicios. Pero me espanta atender delitos de alcoholemia. En concreto los clientes borrachos. Aquella clienta olía a nuez de especia. Cuando llegué a dependencias policiales a las tres y treinta y tres de la noche, aquel cubículo despedía un hedor a nuez moscada insoportable. Los agentes se disculparon. No podía atribuirse a ellos el poder embriagante de aquella mezcla de perfume de almizcle y güisqui de Palazuelos de Eresma. El insoportable olor provenía de aquella joven cuya tasa de alcoholemia superaba los 1,5 gr/l en sangre. Se llamaba Eva. Lo primero que me pidió fue que abriera su correo electrónico. Esperaba un aviso muy urgente. Lo intenté desde su móvil. En la bandeja de entrada pude leer: "Eva, te dejo porque no aguanto un segundo más a tu lado. Cambia de perfume, chata".