"El mensaje del ángel interestelar" Año 2338. Continente Idrís del Planeta Sapir. En las aulas de la Universidad de Estudios Islámicos y Cristianos de la ciudad de Badr, un joven musulmán llamado Bâhir conversa con su íntimo amigo Khalîl, cristiano converso desde que de madrugada, cuando todos dormían, divisó un ovni en forma de cáliz sobrevolando los tejados de la Residencia Estudiantil Muslim y sintió en lo más hondo de su corazón "la llamada de Eisà".
La conversación entre estos dos amigos, que se aprecian y quieren desde la infancia temprana - ambos nacieron y se criaron en el mismo arrabal, el asentamiento de Târeq a las afueras de Utba -versa siempre sobre lo mismo, la religión. Bâhir intenta convencer a Khalîl de que es más fácil alcanzar la salvación eterna siendo un mal musulmán que un buen cristiano. Khalîl le refuta aduciendo que la Biblia es el libro sagrado por excelencia y que el Corán es un libro menor que sólo alcanza la categoría de los hadices, la sunna, la Torá o los Libros de Salomón. La discusión va subiendo de tono y se les escucha gritar en las aulas colindantes que afortunadamente están prácticamente vacías porque es la hora del receso y la oración. Un estudiante judío becario, que escucha tamaños despropósitos se tapa los oídos e intenta concentrarse en memorizar pasajes enteros del Pentateuco, porque en breve tendrá que exponer en clase oralmente argumentaciones firmes y convincentes que demuestren que Moisés escribió la Torá íntegramente por revelación divina en el monte Sinaí y que no hubo otros profetas divinamente inspirados que completasen el texto. La fe de este estudiante está en crisis, porque rodeado de musulmanes y cristianos por todas partes que discuten a todas horas, minan la confianza en sí mismo y las creencias que creía hondamente arraigadas, que al parecer no lo están tanto.
Los rostros de Bâhir y Khalîl, encendidos, denotan que la cólera y el enojo están a punto de brotar como un volcán en erupción y que en breve estos dos amigos entrañables llegarán a las manos y el estudiante judío becario tendrá que cejar en su intento de estudiar algo durante la media hora de receso y oración y deberá correr al aula que se encuentra al final del pasillo para separar a esos dos energúmenos. Pero nada de eso llega a suceder porque, de repente, un suceso extraordinario pone fin a tan lamentable espectáculo. Ante la mirada atónita de los dos jóvenes aparece junto al encerado digital un hombre de aspecto etéreo que les sonríe y les habla telepáticamente:
- Muchachos, tranquilos. Dejad vuestras disputas. Soy un enviado de Moisés y Jesús. Ambos se sienten indignados porque a estas alturas de milenio observan con pesar que las vanas discusiones se encuentran encalladas en trasnochadas y caducas argumentaciones teológicas. Islamistas y cristianos consiguieron igualar sus filas con inútiles derramamientos de sangre. Que los estudios teológicos se puedan por fin cursar en centros como éste en los que tienen cabida estudiantes de muy diferentes confesiones es un logro sin parangón en la historia de la humanidad. Pero Moisés y Jesús están ahora muy preocupados por vuestra conducta, por vuestro comportamiento rebelde. Soliviantáis vuestras propias conciencias y estáis alterando muy gravemente el orden del centro con vuestras diatribas inútiles. Me ordenan los profetas Moisés y Jesús que os trasmita la siguiente recomendación: la palabra de un profeta es ciencia pura; la palabra de dos profetas es ciencia infusa; la palabra de Dios son ciencias exactas. Si uno más uno siempre sumaron dos, ¿ a qué viene vuestra conducta, vuestras discusiones inútiles intentando demostrar mentiras e infundios ? ¡Dejad vuestras cábalas para los altos sacerdotes, tomad vuestros libros y a estudiar las sagradas palabras de los libros sacros! Imitad la conducta irreprochable del joven judío becario. Haced lo que os digo o seréis arrojados a los fuegos del infierno donde vuestras almas arderán con aquellas otras que se empeñaron en luchar y demostrar que una religión es superior a las demás. ¡Que os quede claro: muchos son los profetas, pero hay un solo Dios y Dios Todopoderoso profesa idéntico amor a un musulmán, a un cristiano, a un judío o a un budista. !
El enviado de los profetas, como por ensalmo, desapareció tras pronunciar el mensaje espiritual. Alguien relató que se había evaporado como aire puro entre las partículas contaminadas de un cielo viciado de polución. Pero ese alguien, sin duda mentía, porque la venida del mensajero interestelar sólo fue presenciada por los amigos Bâhir y Khalîl, que se fundieron en un abrazo similar al de los amantes, cuando se percataron de que una simple discusión teológica puede desencadenar un odio milenario y visceral a escala planetaria de imposible solución. No en vano conocían por los libros digitales de historia que las "guerras santas" habían durado siglos.
El estudiante judío becario, movido por la curiosidad se había acercado al aula y al contemplar la estampa de dos alumnos, uno musulmán y otro cristiano, abrazados como dos amantes homosexuales, exclamó:
- ¡Eisa!¡Eisa! ¡Per Jesus Christus! ¡Por favor, pecado de sodomía en las aulas, no, por favor, no!
Lo que sucedió a continuación es arena turbia de otro costal.
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"Salud e inspiración para tod@s"