"Retazos de metáfora dormida"
El cadáver del joven apareció tendido en la nieve con los primeros deshielos de la primavera. Le habían estado buscando, infatigables, personas que le conocían bien y le querían mucho, pero también un ejército de voluntarios a los que sólo se les dijo que un muchacho de diecisiete años que vagaba sin compañía por la montaña “se había perdido”, - “se había marchado de su casa porque padecía depresión”, “se había fugado de un internado”, “se había metido en extraños asuntos y en la montaña buscaba refugio, consuelo”, “ se había enamorado y su amor no le era correspondido”, “se sentía asustado ante el porvenir” , “dudaba si el próximo curso se matricularía en Ingeniería o en Exactas”, “ le había sentado como un jarro de agua fría la pubertad y no quería madurar, hacerse adulto”, “ su padre era un déspota militar”, “ su madre no le había prodigado suficiente cariño y atención en el seno de una familia numerosa”, “estaba en la peor edad”... –
Las habladurías impertinentes sobre su desaparición en boca de personas que no le conocían de nada, se desleían y atenuaban en un eco de silencio sobrecogedor que atronaba el valle. Callaban las lenguas serpentinas de las gentes de la comarca. Hablaban el río caudaloso en su cuenca, los montes y caseríos con ese lenguaje articulado de pausas y melodías sigilosas que imponen silencio a los humanos mezquinos, siempre mezquinos. Esos humanos que murmullan demasiado, que expresan sin delicadeza las ideas más peregrinas sobre los incidentes más graves. Esos humanos que decían saber acerca del joven hallado muerto sobre la cálida nieve de primavera. Un muchacho que ya no era humano, ya no era mezquino, ya no era nada de todo aquella blasfemia inmunda que se cernía sobre su vida, sobre su muerte. Su cuerpo inerte se fundía con el silencio del valle que vivía su muerte con la intensidad de la vida, de la realidad primaria de la que están hechas las cosas, los cuerpos vivos, los cuerpos muertos. Materia y espíritu fundidos en el abrazo de la esencia, de la nieve, de la muerte, del silencio. Rémora de metáfora dormida.
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"Salud e inspiración para tod@s"
8 de mayo de 2008
29 de abril de 2008
"Los tres soles"
Érase una vez un planeta que tenía tres soles azules. Un sol azul turquesa que lucía desde el amanecer hasta el mediodía. Le relevaba un sol azul indantreno que desde las doce hasta el ocaso se enseñoreaba de la tarde cual jinete de Berbería. El tercer sol, dueño de la noche, exhibía un azul cobalto frío y nigérrimo de espanto, que imponía una especie de ley de silencio sobre la faz de aquel planeta.
Un día apareció en el firmamento un pesquero caza astros y se llevó los dos soles diurnos, dejando el tercer sol dominando el cielo. Este sol huraño, hosco y oscuro se sentía más que harto de ejercer su labor las veinticuatro horas del día. Pero así permanenció por espacio de tres años, tres meses y tres días hasta que vió llegar por el firmamento una dotación ambulante de Oficina de Atención al Astro Errante. Echó instancia solicitando ser elevado a la categoría de planeta y ser trasladado a otro lugar. Le fue concedido más o menos al año.
Ahora lo llaman Planeta Azul - a secas, nada de turquesa, indantreno o cobalto - . Mora una galaxia remota de un sistema solar cualquiera y está más que ahíto de su larga vida como planeta. Anhela aquella época de su vida en la que compartía la bóveda celeste con los soles turquesa e indantreno. Pero ya no hay vuelta atrás en el orden jerárquico del firmamento.
Érase una vez un planeta que tenía tres soles azules. Un sol azul turquesa que lucía desde el amanecer hasta el mediodía. Le relevaba un sol azul indantreno que desde las doce hasta el ocaso se enseñoreaba de la tarde cual jinete de Berbería. El tercer sol, dueño de la noche, exhibía un azul cobalto frío y nigérrimo de espanto, que imponía una especie de ley de silencio sobre la faz de aquel planeta.
Un día apareció en el firmamento un pesquero caza astros y se llevó los dos soles diurnos, dejando el tercer sol dominando el cielo. Este sol huraño, hosco y oscuro se sentía más que harto de ejercer su labor las veinticuatro horas del día. Pero así permanenció por espacio de tres años, tres meses y tres días hasta que vió llegar por el firmamento una dotación ambulante de Oficina de Atención al Astro Errante. Echó instancia solicitando ser elevado a la categoría de planeta y ser trasladado a otro lugar. Le fue concedido más o menos al año.
Ahora lo llaman Planeta Azul - a secas, nada de turquesa, indantreno o cobalto - . Mora una galaxia remota de un sistema solar cualquiera y está más que ahíto de su larga vida como planeta. Anhela aquella época de su vida en la que compartía la bóveda celeste con los soles turquesa e indantreno. Pero ya no hay vuelta atrás en el orden jerárquico del firmamento.
25 de abril de 2008
"Entre fogones"
El estruendo de fondo de obuses, cañones y morteros no era óbice para dejar de hacer lo que correspondía a esas horas del anochecer. Mi madre nos bajaba a la bodega del sótano y nos obligaba a permanecer ahí hasta que cesasen el toque de queda y la orquesta bélica, mientras ella se metía en la cocina entre fogones para prepararnos una cena siempre exquisita, siempre deliciosa pese a la precariedad de la materia prima. Decía que las sopas de ajo debían prepararse a conciencia como si las fuese a degustar un rey o un obispo; que la legumbre era el alimento más completo y podía cenarse si había sobrado del almuerzo o si se terciaba a falta de tortas; que el pan untado con aceite provenía del mismo cielo y tal vez lo trajesen las bombas, pese a ser éstas obra seguramente del demonio - los caminos de Dios inescrutables -. El jamón pendía de una escarpia y desde mi curiosidad infantil no podía evitar comparar su forma con el bombo de mi madre, preñada de siete meses, gestando el nacimiento de mi hermano Antonio. Mi madre desprendía un aroma fragrante y limpio como su mirada. El jamón sabía muy rico, pero a mi corto entender de entonces, olía fatal.
Cenábamos a eso de las nueve de la noche. Antes rezábamos un padrenuestro y dábamos gracias al de arriba por las cosas de abajo, en concreto las que lucían escasas pero exquisitas sobre el mantel de la mesa de la cocina. Como las bombas, ya dije, caían del cielo, mi madre nos obligaba también a mostrar y sentir gratitud, porque aseguraba que ninguno de aquellos zambombazos tocaría nunca nuestras viandas. El que está en lo alto no lo consentiría, aseguraba con tal fuerza de convicción que yo siempre lo creí y aún ahora lo sigo creyendo. De mi madre aprendí a preparar con esmero cualquier guiso, la dieta sencilla y mediterránea, la tranquilidad, el sosiego, la felicidad que uno puede hallar en el santuario de la cocina. La artillería nunca alcanzó el blanco de nuestros manjares, cierto, pero creo que a mi padre le tocó la diana del corazón en plena refriega. Mi madre no nos hablaba de estos detalles. Tampoco se mostraba demasiado explícita en lo tocante a su marido, nuestro progenitor. Nos explicaba que él regresaría algún día, el menos pensado. Pero lo cierto es que aún ahora seguimos aguardando su regreso o tener alguna noticia de él. Saber que fué de su vida o de su muerte. Siempre he sentido que mi padre no se sentase a la mesa con todos nosotros para degustar juntos los platos sabrosos que con tanto esmero preparaba nuestra madre, su esposa. Si seguía vivo en algún lugar no creo que su existencia alcanzase la calidad de la nuestra, sencillamente porque no contaba con el cariño y la presencia incondicional de aquella mujer excepcional.
Con frecuencia se sentaban a la mesa soldados que llamaban a la puerta pidiendo un trozo de pan, algo que llevarse a la boca. En esos casos mi madre sacaba la bota de vino y todos lo catábamos como si degustásemos algún brebaje divino. Uno de aquellos soldados besó a mi madre en los labios mientras el puchero de barro a fuego lentísimo hervía el cocido. Mi madre le arreó tremenda bofetada y yo me llevé la mano a la mejilla como si me la hubiese dado a mí. Pensé que despacharía al soldado y éste liaría el petate para salir pies en polvorosa de nuestra humilde casa, pero no, el soldado había sido invitado a cenar esa noche y cenó. Cabizbajo casi no probó bocado. Mi madre se mostró diáfana y natural como la claridad del día. Cenamos el puchero que habíamos almorzado, cocido que nos encontraríamos en el plato durante días sucesivos. Cada día me sabía más rico. Las sobras de los guisos de mi madre ganaban en sabor y calidad con el pasar de los días. Era algo así como un milagro del cielo.
Pasada la guerra, una mañana, se presentó en casa aquel soldado, el del beso, el de la bofetada. Se entrevistó con mi madre en la cocina, que era donde ella recibía siempre a las visitas, mientras mis hermanos y yo escuchábamos a hurtadillas la conversación agazapados detrás de la puerta. Todo fueron requiebros y no escatimó en lisonjas para con mi madre. Pero ella le respondió que era una mujer casada que aguardaba esperanzada el regreso del marido. Luego estábamos nosotros, sus hijos, lo más importante -dijo -, cuestión vital. Invitó al soldado al almuerzo y éste aceptó. Cabizbajo, no probó bocado. No le volvimos a ver nunca.
Mi madre ahora padece la enfermedad de Alzehimer y no recuerda lo buena madre que ha sido para todos nosotros, pero no importa. Yo sí lo recuerdo. Mis hermanos también.
El estruendo de fondo de obuses, cañones y morteros no era óbice para dejar de hacer lo que correspondía a esas horas del anochecer. Mi madre nos bajaba a la bodega del sótano y nos obligaba a permanecer ahí hasta que cesasen el toque de queda y la orquesta bélica, mientras ella se metía en la cocina entre fogones para prepararnos una cena siempre exquisita, siempre deliciosa pese a la precariedad de la materia prima. Decía que las sopas de ajo debían prepararse a conciencia como si las fuese a degustar un rey o un obispo; que la legumbre era el alimento más completo y podía cenarse si había sobrado del almuerzo o si se terciaba a falta de tortas; que el pan untado con aceite provenía del mismo cielo y tal vez lo trajesen las bombas, pese a ser éstas obra seguramente del demonio - los caminos de Dios inescrutables -. El jamón pendía de una escarpia y desde mi curiosidad infantil no podía evitar comparar su forma con el bombo de mi madre, preñada de siete meses, gestando el nacimiento de mi hermano Antonio. Mi madre desprendía un aroma fragrante y limpio como su mirada. El jamón sabía muy rico, pero a mi corto entender de entonces, olía fatal.
Cenábamos a eso de las nueve de la noche. Antes rezábamos un padrenuestro y dábamos gracias al de arriba por las cosas de abajo, en concreto las que lucían escasas pero exquisitas sobre el mantel de la mesa de la cocina. Como las bombas, ya dije, caían del cielo, mi madre nos obligaba también a mostrar y sentir gratitud, porque aseguraba que ninguno de aquellos zambombazos tocaría nunca nuestras viandas. El que está en lo alto no lo consentiría, aseguraba con tal fuerza de convicción que yo siempre lo creí y aún ahora lo sigo creyendo. De mi madre aprendí a preparar con esmero cualquier guiso, la dieta sencilla y mediterránea, la tranquilidad, el sosiego, la felicidad que uno puede hallar en el santuario de la cocina. La artillería nunca alcanzó el blanco de nuestros manjares, cierto, pero creo que a mi padre le tocó la diana del corazón en plena refriega. Mi madre no nos hablaba de estos detalles. Tampoco se mostraba demasiado explícita en lo tocante a su marido, nuestro progenitor. Nos explicaba que él regresaría algún día, el menos pensado. Pero lo cierto es que aún ahora seguimos aguardando su regreso o tener alguna noticia de él. Saber que fué de su vida o de su muerte. Siempre he sentido que mi padre no se sentase a la mesa con todos nosotros para degustar juntos los platos sabrosos que con tanto esmero preparaba nuestra madre, su esposa. Si seguía vivo en algún lugar no creo que su existencia alcanzase la calidad de la nuestra, sencillamente porque no contaba con el cariño y la presencia incondicional de aquella mujer excepcional.
Con frecuencia se sentaban a la mesa soldados que llamaban a la puerta pidiendo un trozo de pan, algo que llevarse a la boca. En esos casos mi madre sacaba la bota de vino y todos lo catábamos como si degustásemos algún brebaje divino. Uno de aquellos soldados besó a mi madre en los labios mientras el puchero de barro a fuego lentísimo hervía el cocido. Mi madre le arreó tremenda bofetada y yo me llevé la mano a la mejilla como si me la hubiese dado a mí. Pensé que despacharía al soldado y éste liaría el petate para salir pies en polvorosa de nuestra humilde casa, pero no, el soldado había sido invitado a cenar esa noche y cenó. Cabizbajo casi no probó bocado. Mi madre se mostró diáfana y natural como la claridad del día. Cenamos el puchero que habíamos almorzado, cocido que nos encontraríamos en el plato durante días sucesivos. Cada día me sabía más rico. Las sobras de los guisos de mi madre ganaban en sabor y calidad con el pasar de los días. Era algo así como un milagro del cielo.
Pasada la guerra, una mañana, se presentó en casa aquel soldado, el del beso, el de la bofetada. Se entrevistó con mi madre en la cocina, que era donde ella recibía siempre a las visitas, mientras mis hermanos y yo escuchábamos a hurtadillas la conversación agazapados detrás de la puerta. Todo fueron requiebros y no escatimó en lisonjas para con mi madre. Pero ella le respondió que era una mujer casada que aguardaba esperanzada el regreso del marido. Luego estábamos nosotros, sus hijos, lo más importante -dijo -, cuestión vital. Invitó al soldado al almuerzo y éste aceptó. Cabizbajo, no probó bocado. No le volvimos a ver nunca.
Mi madre ahora padece la enfermedad de Alzehimer y no recuerda lo buena madre que ha sido para todos nosotros, pero no importa. Yo sí lo recuerdo. Mis hermanos también.
19 de abril de 2008
Mi amigo KAMI me acaba de sorprender con una nominación a los dos premios blogosfera..."Eclipse de Luna" y "Premio Planeta Azul"
Las Reglas de estos premios son:
1.- Debe ser atribuido a los blogs destacados en sentimientos humanos y proclives al cuidado del planeta.
2. Cuando se reciba el premio se debe escribir un post indicando quien fue la persona que te dio el premio y su respectivo link a ese blog.
3.- Una Etiqueta al premio.
4.-Se debe exhibir orgullosamente la etiqueta del premio, preferiblemente con el link donde se habla del mismo.
5.- Nombrar 7 blogs que recibirán el premio.
Mis nominados a estos premios son:
1. 2008/04/y-ahora-va-de-premios.html/del amigo KAMI
2. Tintero-Virtual
3. un espacio-literario-entre-amigos
4. El-Rincón-de-Sherezade
5. El-Guardarropa-de-Blanca
6. Los-inclitos-comentarios-de-mi-amigo-Travis-en-mi-blog
7. En-Agua-Recordandoa-Rosa-Areópago-Sicilia-Lollita-Kami-SweetJane-Tian-Ángel-a-Todos
Gracias Kami por la confianza y la responsabilidad, y gracias a los que asigné como nominados, por su lucha de distintas maneras en ser mejores personas, hacer un mejor mundo con sus pensamientos y escritos, y por luchar incansablemente contra las distintas injusticias.
"KONSTANTINOS KAVAFIS"
Toda su vida giraba en torno a la literatura. Un tipo genuino "de Letras". "Te morirás de hambre" le decían. "Los de letras" están sentenciados a no progresar demasiado en la vida. Ese es el sentir general. En su caso concreto fue cierto durante muchos momentos duros. Pero lo sobrellevaba con resignación y estoicismo literarios. Los escritores, los poetas saben alimentarse del aire, que casi siempre convierten en ambrosía, una cosa deleitosa al espíritu que alimenta el estómago y acalla los remordimientos de conciencia. Nació y murió un mismo día lluvioso de abril como todas las personas predestinadas a convertirse en genios o trascendentes en la historia de la humanidad.
Se llamaba Konstantinos. Nombre que es garantía de muchas cosas, pero en especial de una en particular. Nombre insigne para un poeta. Nació en Alejandría. Alejandría, Alejandría, ciudad de prodigio y fuego. "La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad".
Corregía su obra sin cesar: " Siempre en tu pensamiento ten a Ítaca. Llegar hasta allí es tu destino. Pero no apures tu viaje en absoluto." Algunos poemas suyos tardaron diez años en ver la luz de su redonda y lograda perfección. Eternamente insatisfecho, en lo literario y en lo humano, Kavafis parecía perseguir el anonimato que propician las formas etéreas y la atracción física de la clandestinidad. Efebos transitan sus versos como el deseo saciado en instantes tan efímeros que siempre conllevan un desarraigo, un arrepentimiento, un desamparo insoportable, cuyo dolor se mitiga por la aspiración del condicional perfecto: habría amado, pero no amó en realidad. Deseó ardientemente. Habría amado sin duda, si la existencia del poeta no hubiese transcurrido en un destierro perenne de sí mismo.
Amo los versos de Kavafis con todo el dolor y desgarro del alma:
"Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
entres a puertos nunca vistos:
detente en mercados fenicios,
y adquiere las bellas mercancías,
ámbares y ébanos, marfiles y corales,
y perfumes voluptuosos de toda clase,
cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;
anda a muchas ciudades Egipcias
a aprender y aprender de los sabios."
Visito nuevos puertos sin salir de estas cuatro paredes que me cobijan de mis miedos y mi precaria salud. Adquiero bellas mercancias y pruebo nuevos perfumes alegóricos comprobando que efecto producen en mi satinada piel desde mi belleza, desde mi precariedad. Decido que la pobreza no existe porque viven los poemas de Kavafis en mi espíritu como una llama sutil de voluptuosidad y serena armonía. Sus versos alimentan mis silencios. Puedo sobrevivir desnuda en medio de la inmensidad de la vida. Todo me lo pueden arrebatar, si quieren. Pero los versos de Kavafis son míos, como lo son de nadie. Son míos con el egoísmo desmedido del admirador sufriente:
"Aquí que me detenga. Que también yo contemple un poco la
naturaleza.
Azul esplendoroso de un mar de la mañana
y de un cielo sin nubes, y una ribera amarilla: todo
hermosamente y con plenitud iluminado.
Aqui que me detenga"
Quiero compartir esta pasión, pero no puedo, no quiero. Kavafis, mío. Sólo mío:
"Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te ha engañado.
Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,
ya habrás comprendido las Ítacas qué es lo que significan."
Toda su vida giraba en torno a la literatura. Un tipo genuino "de Letras". "Te morirás de hambre" le decían. "Los de letras" están sentenciados a no progresar demasiado en la vida. Ese es el sentir general. En su caso concreto fue cierto durante muchos momentos duros. Pero lo sobrellevaba con resignación y estoicismo literarios. Los escritores, los poetas saben alimentarse del aire, que casi siempre convierten en ambrosía, una cosa deleitosa al espíritu que alimenta el estómago y acalla los remordimientos de conciencia. Nació y murió un mismo día lluvioso de abril como todas las personas predestinadas a convertirse en genios o trascendentes en la historia de la humanidad.
Se llamaba Konstantinos. Nombre que es garantía de muchas cosas, pero en especial de una en particular. Nombre insigne para un poeta. Nació en Alejandría. Alejandría, Alejandría, ciudad de prodigio y fuego. "La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad".
Corregía su obra sin cesar: " Siempre en tu pensamiento ten a Ítaca. Llegar hasta allí es tu destino. Pero no apures tu viaje en absoluto." Algunos poemas suyos tardaron diez años en ver la luz de su redonda y lograda perfección. Eternamente insatisfecho, en lo literario y en lo humano, Kavafis parecía perseguir el anonimato que propician las formas etéreas y la atracción física de la clandestinidad. Efebos transitan sus versos como el deseo saciado en instantes tan efímeros que siempre conllevan un desarraigo, un arrepentimiento, un desamparo insoportable, cuyo dolor se mitiga por la aspiración del condicional perfecto: habría amado, pero no amó en realidad. Deseó ardientemente. Habría amado sin duda, si la existencia del poeta no hubiese transcurrido en un destierro perenne de sí mismo.
Amo los versos de Kavafis con todo el dolor y desgarro del alma:
"Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
entres a puertos nunca vistos:
detente en mercados fenicios,
y adquiere las bellas mercancías,
ámbares y ébanos, marfiles y corales,
y perfumes voluptuosos de toda clase,
cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;
anda a muchas ciudades Egipcias
a aprender y aprender de los sabios."
Visito nuevos puertos sin salir de estas cuatro paredes que me cobijan de mis miedos y mi precaria salud. Adquiero bellas mercancias y pruebo nuevos perfumes alegóricos comprobando que efecto producen en mi satinada piel desde mi belleza, desde mi precariedad. Decido que la pobreza no existe porque viven los poemas de Kavafis en mi espíritu como una llama sutil de voluptuosidad y serena armonía. Sus versos alimentan mis silencios. Puedo sobrevivir desnuda en medio de la inmensidad de la vida. Todo me lo pueden arrebatar, si quieren. Pero los versos de Kavafis son míos, como lo son de nadie. Son míos con el egoísmo desmedido del admirador sufriente:
"Aquí que me detenga. Que también yo contemple un poco la
naturaleza.
Azul esplendoroso de un mar de la mañana
y de un cielo sin nubes, y una ribera amarilla: todo
hermosamente y con plenitud iluminado.
Aqui que me detenga"
Quiero compartir esta pasión, pero no puedo, no quiero. Kavafis, mío. Sólo mío:
"Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te ha engañado.
Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,
ya habrás comprendido las Ítacas qué es lo que significan."
14 de abril de 2008
"El padre Jony"
Joan Enric se levanta por las mañanas muy temprano. Se pega una ducha rápida de agua fría con ese gel que huele a sosa caústica de la sacristía, que proviene del avituallamiento de la diócesis de aquel obispo que detesta el rock y en general todo lo que pueda salirse de madre -de la Santa Madre Iglesia-. Su larga melena ondulada estilo "Antonio Flores en sus mejores tiempos, que en gloria esté" se lo lava delicadamente a parte con agua tibia tirando a calentita con un champú especial para cabellos SUNSILK LIMPIO POR MAS TIEMPO ESPECIAL CABELLOS RIZADOS USO FRECUENTE.
Deja que se seque al aire, porque no se cansa de predicar que los secadores de pelo son artilugios infames, inventos del demonio. Sus feligreses, siguiendo al pie de la letra todos sus consejos y recomendaciones litúrgicas y extralitúrgicas, siguen éste y todos sus acertados consejos. De ahí se explican los resfriados y gripes que se pillan algunos en los meses de invierno por acudir con el pelo mojado a misa.
El "Padre Jony", como ya se le conoce "Urbi et orbi", se desayuna un gran tazón de cereales con leche y Nesquik. Los parroquianos se desayunan con Nesquik y desterraron el Cola-Cao y otros sucedáneos de sus alacenas por recomendación y proselitismo. Todo lo que dice el Padre Jony va a misa y de misa, directo a la rúa para captar rápidamente adeptos como una pandemia.
Mientras desayuna ve el Noticiero de la 1 o escucha RNE y como esto es lo que hace el Padre Jony, los demás también. Luego reza cantando unas cuantas letras de las suyas, que son un puro plagio del Nuevo Testamento, pero la música es suya y la guitarra también. Esas son sus dos únicas posesiones en la vida, todo lo demás le sobreviene por añadidura.
El Padre Jony es un tipo normal, con una vida algo fuera de lo corriente. Hoy, por ejemplo, sin ir más lejos, Joan Enric repasa la agenda del día: a las diez de la mañana tiene una entrevista en la SER Tarragona; a las once, otra entrevista en Aragón Radio. Estas dos entrevistas sin moverse de casa. Podrá aprovechar para ensayar con la guitarra y poner a tono las cuerdas vocales. A las tres de la tarde tendrá que estar listo y compuesto en el plató de televisión de Móra d´Ebre para su tercera entrevista del día. Saldrá de casa a eso de la una y media para llegar con cierto margen. Le invitarán a comer en el restaurante de TV Móra d´Ebre. "La Escudella i carn d´olla" les sale de rechupete y la compañía es muy agradable. Le tratan como a un "super star". ¡Qué caray, le tratan como al mismísimo Jesucristo Super Star, o sea, Camilo Sesto en su época rampante! Ya sabe el Padre Jony que estos gozos son tentaciones del demonio y como tales hay que tratarlas, pero la "Escudella i carn d´olla" de toda la vida ha sido manjar de ángeles y querubines. Esto lo sabe hasta la madre superiora del último convento.
A las cinco y media de la tarde, con "la escudella" en el garguero de la sotana tiene que actuar en el Teatro Municipal de Móra. Se lo va a pasar pipa con este público entusiasta, uno de los mejores del territorio nacional. Promocionará su nuevo disco, pero sobre todo hablará a todos del Proyecto Chinautla en Guatemala". Sensibilizar conciencias le gusta tanto como cantar.
El Padre Jony cree que el rock casa perfectamente con la labor apostólica y cristiana. Defiende que si Jesucrito hubiese nacido en nuestro tiempo amaría el rock y se apuntaría sin remilgos a su nueva gira en Francia. Cree que el Vaticano se tiene que poner a la altura de los tiempos: aceptar el rock y el heave metal como música celestial. Joan Enric siente que le acompañan siempre un par de ángeles tocando sonido de guitarras distorsionadas, San Pedro a la batería con doble bombo, San Pablo al teclado y un coro de querubines pintando voces guturales y distorsionadas. En definitiva, ¡la hostia en verso!
Resumiendo, el padre Jony es un tipo cojonudo. Su encomiable labor merece ser elevada a los altares de la promoción musical y humanitaria.
¡Un olé para el padre Jony!
¡El padre Jony sube, el Vaticano, baja!
Joan Enric se levanta por las mañanas muy temprano. Se pega una ducha rápida de agua fría con ese gel que huele a sosa caústica de la sacristía, que proviene del avituallamiento de la diócesis de aquel obispo que detesta el rock y en general todo lo que pueda salirse de madre -de la Santa Madre Iglesia-. Su larga melena ondulada estilo "Antonio Flores en sus mejores tiempos, que en gloria esté" se lo lava delicadamente a parte con agua tibia tirando a calentita con un champú especial para cabellos SUNSILK LIMPIO POR MAS TIEMPO ESPECIAL CABELLOS RIZADOS USO FRECUENTE.
Deja que se seque al aire, porque no se cansa de predicar que los secadores de pelo son artilugios infames, inventos del demonio. Sus feligreses, siguiendo al pie de la letra todos sus consejos y recomendaciones litúrgicas y extralitúrgicas, siguen éste y todos sus acertados consejos. De ahí se explican los resfriados y gripes que se pillan algunos en los meses de invierno por acudir con el pelo mojado a misa.
El "Padre Jony", como ya se le conoce "Urbi et orbi", se desayuna un gran tazón de cereales con leche y Nesquik. Los parroquianos se desayunan con Nesquik y desterraron el Cola-Cao y otros sucedáneos de sus alacenas por recomendación y proselitismo. Todo lo que dice el Padre Jony va a misa y de misa, directo a la rúa para captar rápidamente adeptos como una pandemia.
Mientras desayuna ve el Noticiero de la 1 o escucha RNE y como esto es lo que hace el Padre Jony, los demás también. Luego reza cantando unas cuantas letras de las suyas, que son un puro plagio del Nuevo Testamento, pero la música es suya y la guitarra también. Esas son sus dos únicas posesiones en la vida, todo lo demás le sobreviene por añadidura.
El Padre Jony es un tipo normal, con una vida algo fuera de lo corriente. Hoy, por ejemplo, sin ir más lejos, Joan Enric repasa la agenda del día: a las diez de la mañana tiene una entrevista en la SER Tarragona; a las once, otra entrevista en Aragón Radio. Estas dos entrevistas sin moverse de casa. Podrá aprovechar para ensayar con la guitarra y poner a tono las cuerdas vocales. A las tres de la tarde tendrá que estar listo y compuesto en el plató de televisión de Móra d´Ebre para su tercera entrevista del día. Saldrá de casa a eso de la una y media para llegar con cierto margen. Le invitarán a comer en el restaurante de TV Móra d´Ebre. "La Escudella i carn d´olla" les sale de rechupete y la compañía es muy agradable. Le tratan como a un "super star". ¡Qué caray, le tratan como al mismísimo Jesucristo Super Star, o sea, Camilo Sesto en su época rampante! Ya sabe el Padre Jony que estos gozos son tentaciones del demonio y como tales hay que tratarlas, pero la "Escudella i carn d´olla" de toda la vida ha sido manjar de ángeles y querubines. Esto lo sabe hasta la madre superiora del último convento.
A las cinco y media de la tarde, con "la escudella" en el garguero de la sotana tiene que actuar en el Teatro Municipal de Móra. Se lo va a pasar pipa con este público entusiasta, uno de los mejores del territorio nacional. Promocionará su nuevo disco, pero sobre todo hablará a todos del Proyecto Chinautla en Guatemala". Sensibilizar conciencias le gusta tanto como cantar.
El Padre Jony cree que el rock casa perfectamente con la labor apostólica y cristiana. Defiende que si Jesucrito hubiese nacido en nuestro tiempo amaría el rock y se apuntaría sin remilgos a su nueva gira en Francia. Cree que el Vaticano se tiene que poner a la altura de los tiempos: aceptar el rock y el heave metal como música celestial. Joan Enric siente que le acompañan siempre un par de ángeles tocando sonido de guitarras distorsionadas, San Pedro a la batería con doble bombo, San Pablo al teclado y un coro de querubines pintando voces guturales y distorsionadas. En definitiva, ¡la hostia en verso!
Resumiendo, el padre Jony es un tipo cojonudo. Su encomiable labor merece ser elevada a los altares de la promoción musical y humanitaria.
¡Un olé para el padre Jony!
¡El padre Jony sube, el Vaticano, baja!
18 de marzo de 2008
"एल विअजेसितो"
"El viajecito pequinés"
El termómetro digital exterior del hotel de lujo Shangri-la China World en pleno corazón del distrito financiero marcará una temperatura de más de treinta grados centígrados, que la humedad relativa del aire convertirá en una calima monzónica irrespirable. Me pasearé desnuda con una mascarilla por la habitación 703 meditando si la alergia me permitirá acudir al evento. Abriré deslizando unas cuantas veces el armario, contemplando en el espejo de las puertas correderas mis sinuosas curvas y los maravillosos senos valorados en seis mil dólares cada uno por obra de taller plástico - mi cirujano es el mejor porque es el más clandestino, solicitado, caro, elitista, confidencial, sibarita, con la papada más abultada y carnosa entre barba y cuello que en el mundo entero pueda existir.¡ Es una eminencia. Sublime. Excelente! Sus manos están valoradas en más de tres billones de dólares - . Pensaré mientras me contemplo por delante y por detrás, qué vestido elegir, que sea apropiado para acudir del brazo de mi amante, que "encienda su pasión y le haga compartir mis sueños". Es decir, que encienda su pasión y me convierta en una auténtica antorcha humana, que a todos deslumbre, que todos admiren, que todos deseen. Me pondré delante del espejo para probarme los cien modelitos de Alta Costura y los cincuenta pares de zapatos que me haré llevar para la ocasión. Me pobraré ante el espejo las veinte barras de color de labios que siempre viajan conmigo en tan memorables ocasiones. Me tiraré de los pelos, enojada, por mi incapacidad de decidirme. Encenderé el televisor para distraer mi atención y me reiré de las fisonomías de las presentadoras chinas, haciéndoles burla estirando mis ojos para darles forma chinesca. Luego me arrepentiré y correré raudo al baño para darme la crema correctora de patas de gallo, que me habrá costado, como siempre, la friolera de trescientos dólares el tarrito y maldeciré a esas asquerosas chinas, que comen arroz tres delicias con mondadientes gigantes de madera. De paso abriré el grifo de la ducha y tardaré como es habitual en mi, casi tres cuartos de hora en conseguir el punto exacto de temperatura. Me arrepentiré y decidiré optar por un baño bien caliente y espumoso. Aprovecharé para darme una mascarilla facial, pero eso supondrá que tenga que quitarme la mascarilla y no sabré, no podré, no querré respirar el maldito aire chino infestado de polución y cualquiera sabe si de la gripe aviaria. Decidiré tomar el baño y renunciaré al tratamiento facial en favor de una mascarilla capilar - cada sobrecito de viaje me cuesta la friolera de ciento cincuenta dólares - ¡Cada vez resulta más difícil viajar en avión con mis potingues!. Tomaré ese delicioso baño espumos y se me mojará la mascarilla, ¡qué contrariedad!. Tendré que salir del agua para ponerme otra y los ácaros de la condenada moqueta no me permitirán ni un segundo de alivio. Correré a mi botiquín de viaje personal para tomarme un comprimido de Efarebastel, que es el mejor antihistamínico que existe en el mecado farmaceútico. Cada caja de veinte comprimidos cuesta doscientos dólares en el mercado negro elitista del Doctor Cops de "Windy City", que me consigue mi mejor amiga Deborah, cobrándose la muy pendeja una comisón de ochenta dólares. - ¡Con amigas como éstas, para qué quiero enemigas! - Pero más cara me sale "la mujer blanca" que me consigue Pipi El Sucio. ¡Por cierto, habré preguntado a Pipi el Sucio la manera de conseguir "camerusa" de manera fácil y sin contratiempos durante mi estacia pequinesa. El ocho de agosto será mi cumpleaños y espero que Danny, mi amante, me tenga reservada una sopresa china más grande que la Ciudad Prohibida. ¡La verdad es un fastidio que a Danny le apasionen tanto los deportes y que tengamos que ir a Pekín con lo bien que estaríamos en la playa Pichilingue de Acapulco!
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"Salud e inspiración para tod@s"
El termómetro digital exterior del hotel de lujo Shangri-la China World en pleno corazón del distrito financiero marcará una temperatura de más de treinta grados centígrados, que la humedad relativa del aire convertirá en una calima monzónica irrespirable. Me pasearé desnuda con una mascarilla por la habitación 703 meditando si la alergia me permitirá acudir al evento. Abriré deslizando unas cuantas veces el armario, contemplando en el espejo de las puertas correderas mis sinuosas curvas y los maravillosos senos valorados en seis mil dólares cada uno por obra de taller plástico - mi cirujano es el mejor porque es el más clandestino, solicitado, caro, elitista, confidencial, sibarita, con la papada más abultada y carnosa entre barba y cuello que en el mundo entero pueda existir.¡ Es una eminencia. Sublime. Excelente! Sus manos están valoradas en más de tres billones de dólares - . Pensaré mientras me contemplo por delante y por detrás, qué vestido elegir, que sea apropiado para acudir del brazo de mi amante, que "encienda su pasión y le haga compartir mis sueños". Es decir, que encienda su pasión y me convierta en una auténtica antorcha humana, que a todos deslumbre, que todos admiren, que todos deseen. Me pondré delante del espejo para probarme los cien modelitos de Alta Costura y los cincuenta pares de zapatos que me haré llevar para la ocasión. Me pobraré ante el espejo las veinte barras de color de labios que siempre viajan conmigo en tan memorables ocasiones. Me tiraré de los pelos, enojada, por mi incapacidad de decidirme. Encenderé el televisor para distraer mi atención y me reiré de las fisonomías de las presentadoras chinas, haciéndoles burla estirando mis ojos para darles forma chinesca. Luego me arrepentiré y correré raudo al baño para darme la crema correctora de patas de gallo, que me habrá costado, como siempre, la friolera de trescientos dólares el tarrito y maldeciré a esas asquerosas chinas, que comen arroz tres delicias con mondadientes gigantes de madera. De paso abriré el grifo de la ducha y tardaré como es habitual en mi, casi tres cuartos de hora en conseguir el punto exacto de temperatura. Me arrepentiré y decidiré optar por un baño bien caliente y espumoso. Aprovecharé para darme una mascarilla facial, pero eso supondrá que tenga que quitarme la mascarilla y no sabré, no podré, no querré respirar el maldito aire chino infestado de polución y cualquiera sabe si de la gripe aviaria. Decidiré tomar el baño y renunciaré al tratamiento facial en favor de una mascarilla capilar - cada sobrecito de viaje me cuesta la friolera de ciento cincuenta dólares - ¡Cada vez resulta más difícil viajar en avión con mis potingues!. Tomaré ese delicioso baño espumos y se me mojará la mascarilla, ¡qué contrariedad!. Tendré que salir del agua para ponerme otra y los ácaros de la condenada moqueta no me permitirán ni un segundo de alivio. Correré a mi botiquín de viaje personal para tomarme un comprimido de Efarebastel, que es el mejor antihistamínico que existe en el mecado farmaceútico. Cada caja de veinte comprimidos cuesta doscientos dólares en el mercado negro elitista del Doctor Cops de "Windy City", que me consigue mi mejor amiga Deborah, cobrándose la muy pendeja una comisón de ochenta dólares. - ¡Con amigas como éstas, para qué quiero enemigas! - Pero más cara me sale "la mujer blanca" que me consigue Pipi El Sucio. ¡Por cierto, habré preguntado a Pipi el Sucio la manera de conseguir "camerusa" de manera fácil y sin contratiempos durante mi estacia pequinesa. El ocho de agosto será mi cumpleaños y espero que Danny, mi amante, me tenga reservada una sopresa china más grande que la Ciudad Prohibida. ¡La verdad es un fastidio que a Danny le apasionen tanto los deportes y que tengamos que ir a Pekín con lo bien que estaríamos en la playa Pichilingue de Acapulco!
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