12 de marzo de 2010

Miguel Delibes, hombre sencillo, que ha escrito y vivido sencillamente




"Cinco horas con Mario" de Delibes, la magistral interpretación de "Carmen" por la actriz Lola Herrera en su adaptación teatral y la película inspirada en esta obra maestra "Función de noche" de la realizadora Josefina Molina, en la que la propia Lola Herrera y su marido Daniel Dicenta se enfrentan sin tapujos en el camerino del teatro, en una recreación personal de las propias frustraciones de esta pareja de actores; marcaron de una manera indeleble mi vida, allá por el año 1981, año en el que una precoz maternidad me sorprendió. Me impactó tanto esta obra teatral de Delibes que ya no fui capaz de leer otra cosa de él y desde entonces vengo diciendo que este escritor es mi gran asignatura pendiente.
Seguramente llega el momento de adquirir "Las ratas" o "La sombra del ciprés es alargada". Sí, me avergüenza admitirlo. No las he leído aún. Entono un "maximos mea culpa".
Descanse en paz, un hombre que vivió en paz, un hombre de paz.





4 de marzo de 2010

En la quietud de los cafetales




"Cuando la tarde languidece
renacen las sombras
y en la quietud los cafetales
vuelven a sentir

El chaz tristón canción de amor
de la vieja molienda
que en el letargo de la noche
parece gemir

Una pena de amor una tristeza
lleva el zambo Manuel en su amargura
pasa incansable la noche
moliendo café"

De chica, mi madre intentaba aprender la letra de esta canción mientras la escuchaba cantar al mexicano Javier Solis en el disco de vinilo puesto en la radiogramola del salón. En nuestro desangelado salón casi no había muebles, tampoco lámparas o cortinas; sólo cajas semivacías - mi padre las calificaba así - o medio llenas - asi lo estimaba mi madre -. El caso es que, en nuestra condición de familia nómada, las mudanzas se sucedían con las estaciones y nos bastaba con nuestra gramola, nuestra colección de discos y el aroma de los cafetales. Cuando el café llegaba a la taza, mi padre nos advertía, "Llenad las cajas del salón que es la hora de partir"


No sé por qué motivo inescrutable, cada nueva morada a la que nos mudábamos solía encontrarse situada en las proximidades de algún cafetal. En Costa Rica, mi padre, por mediación de un amigo, consiguió una mansión bien grande y destartalada, alquilada por un precio regalado. En esta ocasión el amigo de mi papá era el dueño del cafetal. Nos permitía a mis hermanos y a mí corretear por el almacén entre los sacos apilados, pero con la advertencia de que nunca entrásemos en el habitáculo del tanque de hormigón armado, donde fermentaban las semillas de café sin cáscara.
Un día, al concluir la jornada, cuando la cuadrilla de mujeres que trabajaban en el cafetal se marchaban en el remolque tirado por un tractor , conducido por el “zambo Manuel” –así le apodábamos todos cariñosamente en alusión a la canción de Solis - ; toda la chiquillada nos pusimos a jugar al escondite, mientras los adultos tomaban un café, sentados en la terraza de nuestra casa, de animada tertulia y solaz. Mi hermana pequeña, Tania no aparecía por ninguna parte. La buscamos por todos los recovecos, incluyendo en las inmediaciones del “lugar prohibido” sin atrevernos a entrar en él sin el permiso de nuestros padres.

Finalmente tuvimos que participar su desaparición a nuestros mayores y pronto cundió el pánico. Se movilizó todo el mundo. Acudieron personas al cafetal que yo nunca había visto antes, con perros y policías; jóvenes, ancianos, niños y niñas; gritábamos su nombre TaaNNIIAAaaaaa, TaaaaaNiiiIIIIIAAAAAaaaa. Así estuvimos hasta bien entrada la noche. Mamá lloraba y papá despotricaba. Ya casi nos vencía el cansancio y la desolación, cuando a eso de la media noche escuchamos en el interior de la casa que sonaba una música en la radiogramola. Me pareció que era la canción de Javier Solís. Entramos corriendo en la casa y estupefactos vimos a nuestra Tania, subida en una silla, estribada a la gramola, escuchando la canción del Solís y tarareándola como si tal cosa, sin asomo de miedo o indicio de daño.
Nunca conté a nadie que junto a mi hermana menor había un ser alado: un joven apolíneo de gran perfección corporal semidesnudo con alas níveas adheridas a su espalda. Me miró sólo a mi; me sonrió y me guiñó un ojo.
De mayor mi hermana Tania ha proseguido la tradición aventurera y andante de nuestro padre que tantos disgustos y quebraderos de cabeza dio siempre a mi madre. Mi hermana Tania ahora se encuentra en Afganistán colaborando para una agencia humanitaria de las Naciones Unidas. Hemos recibido un email en el que nos cuenta que durante los bombardeos estadounidenses sobre Afganistán ella salió indemne. No es la primera vez que se libra de una muerte segura. Mamá al terminar la lectura de su misiva ha exclamado : “¡ Esta chica tiene un Ángel de la Guarda, Válgame Dios ¡” “Sí, mamá, lo tiene sin duda, uno con las alas EnooooRRRRRMMMEEEEeeeesssssss!” “ le he contestado yo sin dejar de reír.


1 de marzo de 2010

A Kami y a Dark Pancho......nuestros entrañables amigos, Kamikaze y DarkPancho......

Mis muy queridos amigos Kami y DarkPancho:

Kami, te he enviado varios emails y veo que tu blog "Planeando sobre las nubes" sigue sin actualizarse desde el 28 de septiembre de 2009.

Dark, torpe de mi, te he estado enviando emails con archivos adjuntos de manera casi mecánica sin reparar que no está ahora el horno para bollos. Te pido mil disculpas.

Deseo de todo corazón que ambos estéis bien y que pronto tengamos noticias vuestras.

A vosotros y al pueblo chileno, una mano tendida para lo que haga falta.

Por favor, escribid pronto en cuanto os sea posible.




24 de febrero de 2010

"Ahh, es que ya me llevó el diablo, fijate que yo me acuerdo bien de la musiquita, pero se me olvidó la letra"




Para eludir la extrema vigilancia de la SGAE y los honorarios por derechos de autor al amparo de la ley vigente, en las peluquerías, bares y estadios de fútbol se optó porque los parroquianos y las parroquianas tararearan la música o recitaran la letra. Nunca, en ningún caso, entonar música y letra al unísono. Las sanciones por esta infracción podían costar las cuerdas vocales de la feligresía.


22 de febrero de 2010

Luna de Avellaneda.............Rosas y Pan




Leí ayer en la prensa dominical que 700 millones de personas en el mundo albergan el anhelo desesperado de abandonar su país. Sólo los más jóvenes y preparados se sentirán capaces de dar el paso, pero un alto porcentaje de gente sin formación y a una edad en la que las personas debieran ya tener su vida resuelta, se verán también en la triste tesitura de una emigración forzosa por el estado calamitoso en el que habitan en su país. Mencionaba el artículo que cuando el individuo deja de ser o no llega a ser nunca "ciudadano", para convertirse -o serlo siempre- en un simple "habitante", la desesperanza pronto anida en los corazones.

El sábado pudimos ver "La luna de Avellaneda" del director argentino Juan José Campanella. En su día no puede verla en cine. Me fascina este director tanto como su actor fetiche, Ricardo Darín. Pero absolutamente todo el elenco de actores y actrices están estupendos. Nuestro José Luis López Vázquez, Merces Morán, Eduardo Blanco, Valeria Bertucecelli.

El pueblo argentino, curtido en situaciones dificultosas, sabe de crisis prácticamente perennes. Campanella es al cine argentino y por extensión al cine de habla hispana, lo que Ken Loach al cine anglosajón. Similar manera de acercarse al realismo social, el inconformismo, la critica social...similar sentido del humor. Se menciona "un grado cero de la escritura cinematográfica", cuando para mi, no existe cine más cálido y entrañable que el de estos dos cineastas.

Las crisis se superan o se cronifican. La nuestra, la actual no sabemos bien qué seremos con ella. Los indicadores pesimistas, la cronifican. Los modestamente optimistas nos animan a superarla. Entretanto, siempre nos quedará este maravilloso cine para llevarla con mayor humor, empatía y capacidad de entereza ante el sufrimiento.


17 de febrero de 2010

Amor Micológico .....Celebrando el úndecimo San Valentín del santoral







Las setas crecemos a la sombra de los árboles aprovechando la humedad ambiente y la poquita luz. Unas especies somos comestibles y otras son venenosas - como entre los humanos recolectores de setas y los no recolectores -

Yo, en concreto, vivo a la sombra de un álamo y lo tengo un poco complicado para quedar con "mi chica" porque ella reside a unos doscientos metros de mi, con sus padres y hermanos a la sombra de un adelfa. Nos enviamos reclamos compungidos de amor como tórtolos. De sobras es sabido que los "Boletus", después de los tórtolos, somos los seres más románticos del planeta. Ambos, tanto ella como yo, soñamos con que un día aparezca un recolector con su cesta y nos una para siempre en la sartén, aderezados con romero, tomillo, aceite de oliva, ajo, pimienta blanca, vino de Rueda blanco seco, sal y jamón. Luego, no nos importa acabar abrazando el estómago de nuestro recolector o de otros comensales, porque como el toro de lidia nacimos para el luto.

El asunto es que el padre de mi amor, un hongo con la sombrilla mamelonada descascarillada y el pedicelo deformado por altas concentraciones de Muscarina – que viene a ser algo así como la artrosis deformante que padecen con la edad algunos recolectores y no recolectores humanos -. El padre, decía, me desprecia y no acepta de ninguna manera que su hija y yo podamos acabar algún día en la sartén o en el estómago de nadie. Nuestra historia de amor es como la de “Romeo y Julieta”; la familia de mi amada, los Capuleto y la mía, los Montesco, con una salvedad: no puedo acudir a bailes, ni protagonizar la escena del balcón, ni infiltrarme en los patios de palacio; tampoco esquivar duelos o pasar secretamente la noche en el lecho de mi amada; mucho menos ingerir venenos – algunos de nosotros ya los traen de fábrica – o presenciar desde el limbo como mi novia se atraviesa el pedicelo con una daga. Todas estas acrobacias y excentricidades humanas, a los de mi condición nos han sido vedadas.

Me conformo con enviarle mis reclamos cargados de melancolía y vana esperanza; reclamos que ella me corresponde constantemente de tal suerte que todos los habitantes del bosque se quejan al Gran Cedro Amargo, lanzándole emisiones más de reclamación que de sugerencia. Mi padre me martiriza la sombrilla dándome mamporros y coscorrones con la suya, que es tan fea y deslucida como la del padre de mi chica. Mi madre me grita, como suelen hacerlo las madres de todas las especies animales o vegetales del mundo. El caso es que si persiste esta situación nos exponemos, mi amor y yo, a que las especies que cuentan con capacidad de movimiento del bosque, nos den una buena zurra y nunca, nunca de los jamases podamos acabar en la cesta o en la sartén, según es nuestro más alto anhelo y nuestra mayor aspiración en nuestras parasitarias vidas como hongos abandonados a su suerte.

Un amigo mío desde la cuna, me aconseja, susurrándome sugerencias y consejos, que vivamos este amor en silencio, sin escándalo ni algarabía. En concreto me dice “Guárdalo en el corazón de tu pedicelo y ella que haga lo propio”. Así que le he enviado a mi amada un reclamo en el que, siguiendo el sensato y sabio consejo de mi amigo, desgarrado por el dolor le digo:


“Ay, el amor,que debe,con su mirada ciega
encontrar sin los ojos caminos para si.
¡ oh pendenciero amor ,porque,oh amante odio,
o creacion creada por nadie de la nada !
¡oh seria vanidad, ligereza pesante,
oh este deforme caos de formas figuradas!
¡Fuego frio, humo claro,grito mudo,oro muelle
sueños despiertos donde nada es lo que es!
Este amor siento y no siento, por eso amor
¿No deberias reir?.”









11 de febrero de 2010

Semana Grande de San Valentín y Santa Valentina ! para todas las personas que han conocido la dicha de sentir el aguijón del amor...
















Mi muy querido Santo Varón:

Hay ciertos momentos de la vida que requieren recuperar el género epistolar,
eludiendo otras vías de comunicación más rápidas y modernas, pero menos románticas y seductoras.

Creo que recibir una carta acompañada de un ramo de rosas rojas, una caja
de bombones y una botella de cava o champagne, siempre propició un buen
comienzo en toda relación romántica.

Por eso te escribo esta carta con la esperanza de que el ramo de rosas, el cava
y los bombones los escojas tú, caballero romántico donde los haya.
En otra ocasión te agasajo yo a ti con una lluvia de pétalos de rosa,
baño de espumoso cava y besos de bombón.

Cualquier día insospechado puedo sorprenderte. No será el día de San Valentín,
día cursi y ramplón donde los haya, porque para mí San Valentín me toca con su
varita mágica el corazón todo el año y con Cupido tengo pactados acuerdos de
alianza eterna.

Te escribo esta carta de mi puño y letra con lánguidos trazos inclinados a la
derecha como indicio de una pasión somnolienta que se despereza, bosteza
como una doncella inmaculada, y se reclina como dejándose llevar por el hilo
de una melodía cadenciosa que invita a seducir al deseo dormido que habita en tí.

Quiero seducirte con el oleaje de un mar de palabras que llegan a la orilla como
una sirena ulisiana pronunciando tu nombre. "Amor" te llamas y yo no te vi llegar.
Tus tenues pisadas en la arena no dejaron impronta y huella de tu paso,
pero el mar cuando llegaste era de un color azul verdoso que iluminó mis ojos
y entonces te pude ver a ti y sólo a ti entre las multitudes de la playa solitaria.
Tu soledad se topó con la mía. Ya sabes, la suma de dos corazones solitarios
bien pueden convertirse en el eco de una sola voz que clama por los confines
del mundo que Eros existe y funde nuestros cuerpos en un solo espíritu de ardor,
pasión y orgasmo siderales.
La danza de mi misiva toca a su fin, Amor mío, porque no quiero abrumarte.
Sólo quería que supieses que siempre te estuve esperando en el puerto de El Pireo
durante los amananeceres lluviosos, los mediodías candentes, los ocasos
salpicados de oleaje. Siempre, siempre, como Penélope a su Ulises.
Te escribo esta carta para comunicarte que al fin llegaste y yo después de
esperarte por largo tiemo, te encontré y ambos seremos dos espíritus libres
que se aman y ahora van a degustar juntos un delicios y aromático café en el
cafetín del puerto.