24 de febrero de 2019

¿Por qué el estudio del griego no debiera desaparecer de nuestras aulas?.....

Siento un especial afecto por este ejemplar de cuando cursé griego en 3º de BUP. Lo guardo como oro en paño. Lo estudié a fondo en su día, porque era alumna muy aplicada que quedó prendada de la maravillosa forma de impartir esta asignatura por una profesora que se llamaba Teresa. Cuando ella hablaba en clase todos callábamos y prestábamos una atención que otros profesores no lograban para con su asignatura. La pasión que se me despertó por esta "lengua muerta", muy viva en nuestro español actual, la sentí también de igual forma por el latín, asignatura que empecé a cursar en 2º de BUP. Al finalizar COU, me matriculé en la UAM en Filología Clásica. Éramos en clase seis seminaristas muy avezados y yo, pobre de mí, que no alcanzaba a tal nivel de sapiencia. La carrera no fue para mí lo esperado. Me gustaba más el plan de estudios de la Universidad de Barcelona con una orientación más volcada al estudio de los textos griegos y latinos, la literatura y la cultura grecolatinas. No llegué a terminar y me pasé a la rama de Filología Hispánica, carrera que cursé con gran entusiasmo y fruición, pero siempre recordando que el poso que me dejaron tantas asignaturas cursadas en Clásicas constituían un bagaje intelectual y cultural que difícilmente otras carreras universitarias podían otorgar. En mi etapa de estudiante universitaria pronto vi venir el destino cruel que le aguardaba a la docencia en los institutos de bachillerato. Ya en aquel entonces entristecía constatar que el interés por el estudio de estas dos lenguas maravillosas, griego y latín, era nimio. Nuestra profesora Teresa, pese a su entusiasmo y su manera tan peculiar de impartir clase, solo logró que una alumna entre treinta y cinco o cuarenta cursase Filología Clásica en la Universidad. Y en los exámenes mis compañeros se conformaban con un aprobado, ya que no contaban el griego y el latín entre sus expectativas de futuro. De hecho, ya por aquel entonces se menospreciaba su estudio. El griego es para mí la lengua superior que permite expresar cualquier pensamiento complejo. Al griego debemos la creación de un artículo que permite distinguir entre el uso general o indeterminado de una palabra y el uso determinado; un artículo que permite la formación de sustantivos abstractos. El griego es el artífice de la sintaxis de la oración subordinada, de la creación de frases complejas, que reflejan un pensamiento matizado e inteligente. La sintaxis griega fue luego imitada por todas las lenguas. El latín en primer lugar. El griego y el latín son el auriga que gobierna el carro de caballos de toda lengua intelectual, en especial de nuestras lenguas europeas. No digamos ya su exquisito y extenso vocabulario que desde los filósofos presocráticos, los sofistas, Platón, Aristóteles, las filosofías helenísticas, experimentó un enriquecimiento de su vocabulario nunca alcanzado por otra lengua. Nuestro vocabulario científico, técnico, artístico e intelectual bebe de las fuentes del griego y también del latín. ¿Permitiremos que griego y latín con la asignatura de Filosofía mueran con esta estúpida era de la tecnología que arrambla con todo vestigio cultural e intelectual? ¿Lo vamos a consentir? Seremos muy necios, cretinos y estúpidos si lo consentimos.

5 de febrero de 2019

La Gala de los Goya, bendecida con el número XXXIII, de este año 2019 ha estado sensacional. La pareja Silvia Abril&Andreu Buenafuente son unos artistas del sentido del humor. Ha sido la primera vez que la hemos visto enterita de principio a fin. Cada año, mis hijos ya saben que es habitual en mí dar un repaso a actores y actrices, de los que me sé todas sus andanzas y obras. Me han escuchado hasta la saciedad decir "mira, José Coronado, mi tocayo, ya que ambos nacimos el 14 de agosto, qué bien está este año" y entonces les cuento lo que sé de Coronado del año en cuestión. Este año que superó un infarto, perdió peso y dejó de fumar y está más guapo que nunca. Acto seguido, veo a Silvia Abascal y su precioso vestido de Marchesa, espectacular y vaporoso, de plumas en un degradé de tonos lilas y exclamo a mi hijo menor, "mira, la actriz que te dije que cumple años cuando tú...". Mi hijo mayor va y suelta "sería mejor que te aprendieras la lista de los Reyes Godos que la vida y obras de toda esta gente. Le replico que a mi los Reyes Godos no me interesan para nada, salvo si son motivo de alguna película que vaya a ser merecedora de un Goya. En fin, que mis hijos me dejan por imposible. Mucho se ha hablado en estas horas de la versión magnífica de "Me quedo contigo" de los Chunguitos que nos ofreció Rosalía junto a El Guincho y el Cor Jove de L'Orfeó Catalá. A mí Rosalía no me gusta. Me levanta dolor de cabeza tanto guirigay, pero esta versión la bordó. Me gusta tanto como la de Antonio Vega y Manu Chao. Lo único que no me gustaron fueron sus uñas tan largas. No entiendo que sus asesores de imagen no le recomienden un corte bonito. El vestido de la colección de Juan Vidal, de inspiración oriental, que lucía era espectacular y ella es muy guapa. Por favor, Rosalía, esas uñas...


29 de enero de 2019

¿Quién es Julia?.....




El autor de "Julia" es Jaume Plensa (Barcelona, 1955) , que obtuvo el Premio Velázquez de las Artes de 2013. "Julia" es una cabeza femenina de 12 metros de altura que nos saludará cada día en la plaza de Colón durante un año. 
La escultura recuerda a la que el artista realizó en una mina en Liverpool o a alguna de sus obras anteriores. El rostro de polvo de mármol y poliéster tiene los ojos cerrados y da la espalda a la plaza. "Siempre he visto la plaza de Colón como la proa de un barco", explica el artista. La figura se ha colocado en el lugar que ocupaba el monumento a Colón, trasladado hace casi una década a una isleta en medio de la Castellana. En este tiempo, los diversos gobiernos municipales le han dado mil vueltas al uso de ese pedestal, vacío desde entonces.
Cuando pase este año, la estatua nómada empezará su periplo por otras ciudades del mundo, aunque la Fundación María Cristina Masaveu Peterson aún no ha concretado cuáles.
Ayer la pude ver por primera vez, cuando acudí a husmear en la huelga de los taxistas y le tomé varias fotografías. Me gusta ésta porque pareciera que "Julia" estuviese en un pedestal inclinado, en uno de esos balancines de dos plazas de nuestra infancia, en los que pasábamos horas quienes conocimos los parques de antaño con solo un balancín y un columpio, generalmente rotos. Contemplando a "Julia" ayer podía imaginar aquellos gloriosos años de mi niñez y también recordaba a una prima mía que se llama Julia.Recordé asimismo la magnífica película de 1977 del director Fred Zinnemann, con las magistrales interpretaciones de Vanessa Redgrave y Jane Fonda. ¡Ojalá Julia se quedase por siempre en Plaza Colón! Me encanta.






ampliarCon esta exposición se inaugura un programa artístico que consiste en mostrar, durante un periodo aproximado de un año, una obra seleccionada por concurso público sobre el pedestal de los Jardines del Descubrimiento, en un extremo de la plaza de Colón.  Cuando pase este año, la estatua nómada empezará su periplo por otras ciudades del mundo, aunque la Fundación María Cristina Masaveu Peterson aún no ha concretado cuáles. La pregunta es obvia: ¿Y por qué no se queda en Madrid para siempre? "A veces se ha dado el caso de que la ciudadanía ha reclamado una obra que pensaba desmantelarse, y eso es precioso", dice el artista. Pero zanja: "Cuando Julia se vaya dejará una sensación de vacío, estoy convencido, pero esa sensación también forma parte de la obra. Julia se irá, porque la concebí así: como un mensaje en una botella".

8 de enero de 2019

Pasado Apache...

Oh Dios Misericordioso de Tierra, Fuego, Aire, Agua, 
ya mi alma es de pedernal y mi espíritu ha sido curtido al fuego y viento. 
Sé que me quiero reencarnar pero no en nadie ni nada del futuro.
Quiero regresar al pasado apache y cabalgar y cabalgar por las llanuras de un mundo inhóspito. 
Y cortar cabelleras del enemigo, tal como lo aprendí del hombre blanco,
aún sabiendo que el enemigo nunca morirá 
y que podrá con mi cuerpo, pero nunca con mi curtido espíritu de la tierra. 
Y quiero conocer el único amor verdadero, el fraternal y libre. 
Y quiero cabalgar como un guerrero de luz. 
Oh Dios Misericordioso, tengo la frialdad del desierto y la calidez del glaciar. 
Ya he pagado las deudas de mi destino incierto. 
Quiero regresar a mi verdadero hogar. 
Y cabalgar y cabalgar sobre mí alazán valiente 
atravesando las Grandes Llanuras
defendiendo el linaje femenino de mi gente
y llegar a ser Comandante Apache Occidental.
Oh Dios Misericordioso de Tierra, Fuego, Aire, Agua,
firmo con mi sangre esta plegaria que elevo a ti 
mientras el ciervo es custodiado por el Espíritu de la Montaña,
con mi arco y mi flecha prestas a partir,
con el Gran Oso, El Búho y el Coyote
aguardando mi fiel regreso 
y las cristalinas aguas del río de la vida y de la muerte
guiando mi barca y mi sombra de hombre honesto, íntegro.


20 de diciembre de 2018

#cuentosdeNavidad en las redes sociales....Mi Cuento de Navidad....Título: "Benino"

Cada mes de diciembre me gusta montar el belén en casa el día trece. Es el número supersticioso, cargado de malos presagios y a mí la Navidad siempre me ha parecido una fecha bastante siniestra e injusta. Nunca la pueden celebrar quienes están solos y siempre se añora a alguien que ya no está. Es una verdadera faena esto de la Navidad. Soy de belén y detesto el árbol cargado de bolas y cintas. A todo árbol se le debiera dejar vivir desnudo y libre de abalorios. Y también creo que todo belén debe llevar su  “caganer” y “pixaner” para atraer prosperidad y “mucha mierda”.
Aquella Navidad me trajo un amigo un Benino napolitano, como recuerdo de un viaje a la capital mundial de los belenes. Me hizo mucha ilusión poder acostar al precioso pastor durmiente,  en un plácido rincón lleno de musgo y palmeras de mi belén anual. Lo contemplaba a diario y me llenaba de alegría. Hasta que una noche al regresar a casa muy cansada de mi jornada laboral, con gran estupor constaté que Benino ya no estaba donde lo había dejado. Se encontraba tumbado en el extremo opuesto de donde yo lo había colocado. Además, para mi pasmo y horror, tenía los ojos abiertos y me sonreía. Lo cogí y lo volví a depositar en su lugar original. Benino cerró los ojos y pareció aceptar de buen grado este traslado. A la mañana siguiente, antes de desayunar y tomar el primer café mañanero, corrí hacia el belén para ver si Benino seguía en su sitio, pero el pastorcillo había emigrado y no lo encontraba por parte alguna del belén. En vez de preocuparme, decidí correr tupido velo a este asunto, tomar mi café y comenzar el día como si tal cosa, como un día normal sin un Benino incordio intentando amargarme el día. Olvidé durante la jornada todo este asunto turbio de una figurilla intrusa cambiándose sola de lugar dentro de mi belén. De hecho, regresé por la noche tan cansada que, después de tomar una ducha, me fui derecha a la cama muerta de sueño. Para mi sorpresa, Benino estaba tumbado en mi almohada dormido como un tronco. Aquello ya era más que alarmante. Llamé al móvil de mi amigo casi llorando con un nudo de angustia en la sien, para contarle lo que me estaba sucediendo con el dichoso regalito traído de Nápoles. Pero el teléfono de mi amigo se encontraba apagado y fuera de cobertura. Así que decidí meter a Benino en el armario cerrando la puerta con llave y me metí en la cama con la llave apretada dentro de mi puño. Al despertar, la llave ya no estaba en mi mano. Tampoco en la cama debajo de la almohada ni en parte alguna. La llave estaba puesta en la cerradura del armario y las puertas abiertas y abatidas de par en par. Benino había escapado. Aquello era tan desesperante y desquiciante para mí que me dediqué toda la mañana a buscar a Benino por todas partes, pero el maldito pastorcillo no apareció. Al llegar al trabajo, Benino estaba sobre la mesa de mi despacho. Se encontraba con ojos abiertos como platos y con aquella sonrisa sardónica tan desagradable en su diminuto rostro. Abrí la ventana y lo arrojé sin mayor contemplación ni remordimiento. Decidí que no llamaría a mi amigo para contarle lo sucedido y que desde ese momento, daría por zanjado el asunto.
Benino ya no dio señales de vida ni dormido ni despierto. La Navidad transcurrió pacífica y agradablemente como las precedentes. El día ocho de enero recogí el belén y guardé primorosamente todas las figuras en mi baúl. El once de enero recibí una llamada de mi amigo y me quedé pálida cuando exclamó: “Estoy muy extrañado. Dentro del congelador de mi nevera he encontrado un Benino idéntico al que te regalé traído de Nápoles. ¡Qué cosa más rara!”. Le respondí con mi corazón latiendo a mil por hora: “Creo, Mario, que debieras deshacerte de él ahora mismo”.