
Las personas monógamas y fieles, como los libros somos una especie en franco riesgo de extinción. Como los libros y los propios lectores. Cada día nacen en el mundo miles y miles de almas con vocación escritora en detrimento de la pasión lectora. A mi me encanta escribir y este blog nació con la intención de lanzar al océano del espacio virtual, como quien arroja una botella con mensaje al mar, mis pensamientos, mis relatos, mis anhelos literarios y existenciales.
¿Desaparecerán los libros? ¿Se extinguirá la pasión lectora? ¿Acabaran los espíritus polígamos y promiscuos con los que nacimos para la fidelidad, las relaciones estables y a tan largo plazo como la propia vida?...No, nunca. Porque esto ha sucedido siempre. Nació con el propio ser humano. Forma parte de su idiosincrasia paradójica y ambigua. Pero al libro, al lector, como al ser que nació para cultivar la fidelidad a una sola pareja, le aguardan grandes peligros y asechanzas. Al libro, al lector le amenazan los misiles de largo alcance de lo virtual, de la pantalla fija o portátil, del teclado, las insidiosas y sibilinas artes seductoras de lo etéreo. Supongo que vivimos en una época en la que el viento pugna por acabar y derrotar a los otros tres elementos. Quien sea de tierra, lo pasará mal. Quien sea de agua, lo pasará peor. Quien haya nacido del fuego, llorará amargamente. Sí, decididamente esta es la época del aire, del éter, del viento. El aire no es bueno ni malo en sí, pero pensemos en los huracanes, los ciclones y tsunamis devastadores. Urge recobrar el equilibrio elemental, el respeto a la diversidad y a las diferentes maneras de existir sin imposiciones, luchas y pugnas.
Quiero que me dejen vivir en paz, con dignidad y respeto a mi esencia. Quiero que me dejen leer libros impresos en papel. Quiero que me dejen amar a un solo hombre. Quiero desarrollar mi pasión de escrituridad. Quiero que todo ser humano tenga el derecho a ser, existir y estar sin menosprecios y discriminaciones.
Quiero que el libro como la monogamia se perpetúen por siempre.







