25 de septiembre de 2014

A las seis de la mañana se despiertan tus latidos. Los míos velan sellados labios dormidos. El nuevo día puede depararnos algo bello gris, pero bello como cadencia y montonía de un mundo en hastío. El silencio notifica los mensajes cifrados en las redes virtuales de tu presencia y la mía. Somos dos pantallas pequeñas que se quieren en la inmensidad global sobre los teclados, las letras, los puntos suspensivos...

Interiores. Visillos de París

La etiqueta de estos visillos reza que proceden de París, ese París que me prometiste un día. Tal vez lo visite, pero no será aquel París...