29 de abril de 2008

"Los tres soles"


Érase una vez un planeta que tenía tres soles azules. Un sol azul turquesa que lucía desde el amanecer hasta el mediodía. Le relevaba un sol azul indantreno que desde las doce hasta el ocaso se enseñoreaba de la tarde cual jinete de Berbería. El tercer sol, dueño de la noche, exhibía un azul cobalto frío y nigérrimo de espanto, que imponía una especie de ley de silencio sobre la faz de aquel planeta.

Un día apareció en el firmamento un pesquero caza astros y se llevó los dos soles diurnos, dejando el tercer sol dominando el cielo. Este sol huraño, hosco y oscuro se sentía más que harto de ejercer su labor las veinticuatro horas del día. Pero así permanenció por espacio de tres años, tres meses y tres días hasta que vió llegar por el firmamento una dotación ambulante de Oficina de Atención al Astro Errante. Echó instancia solicitando ser elevado a la categoría de planeta y ser trasladado a otro lugar. Le fue concedido más o menos al año.

Ahora lo llaman Planeta Azul - a secas, nada de turquesa, indantreno o cobalto - . Mora una galaxia remota de un sistema solar cualquiera y está más que ahíto de su larga vida como planeta. Anhela aquella época de su vida en la que compartía la bóveda celeste con los soles turquesa e indantreno. Pero ya no hay vuelta atrás en el orden jerárquico del firmamento.

25 de abril de 2008

"Entre fogones"



El estruendo de fondo de obuses, cañones y morteros no era óbice para dejar de hacer lo que correspondía a esas horas del anochecer. Mi madre nos bajaba a la bodega del sótano y nos obligaba a permanecer ahí hasta que cesasen el toque de queda y la orquesta bélica, mientras ella se metía en la cocina entre fogones para prepararnos una cena siempre exquisita, siempre deliciosa pese a la precariedad de la materia prima. Decía que las sopas de ajo debían prepararse a conciencia como si las fuese a degustar un rey o un obispo; que la legumbre era el alimento más completo y podía cenarse si había sobrado del almuerzo o si se terciaba a falta de tortas; que el pan untado con aceite provenía del mismo cielo y tal vez lo trajesen las bombas, pese a ser éstas obra seguramente del demonio - los caminos de Dios inescrutables -. El jamón pendía de una escarpia y desde mi curiosidad infantil no podía evitar comparar su forma con el bombo de mi madre, preñada de siete meses, gestando el nacimiento de mi hermano Antonio. Mi madre desprendía un aroma fragrante y limpio como su mirada. El jamón sabía muy rico, pero a mi corto entender de entonces, olía fatal.

Cenábamos a eso de las nueve de la noche. Antes rezábamos un padrenuestro y dábamos gracias al de arriba por las cosas de abajo, en concreto las que lucían escasas pero exquisitas sobre el mantel de la mesa de la cocina. Como las bombas, ya dije, caían del cielo, mi madre nos obligaba también a mostrar y sentir gratitud, porque aseguraba que ninguno de aquellos zambombazos tocaría nunca nuestras viandas. El que está en lo alto no lo consentiría, aseguraba con tal fuerza de convicción que yo siempre lo creí y aún ahora lo sigo creyendo. De mi madre aprendí a preparar con esmero cualquier guiso, la dieta sencilla y mediterránea, la tranquilidad, el sosiego, la felicidad que uno puede hallar en el santuario de la cocina. La artillería nunca alcanzó el blanco de nuestros manjares, cierto, pero creo que a mi padre le tocó la diana del corazón en plena refriega. Mi madre no nos hablaba de estos detalles. Tampoco se mostraba demasiado explícita en lo tocante a su marido, nuestro progenitor. Nos explicaba que él regresaría algún día, el menos pensado. Pero lo cierto es que aún ahora seguimos aguardando su regreso o tener alguna noticia de él. Saber que fué de su vida o de su muerte. Siempre he sentido que mi padre no se sentase a la mesa con todos nosotros para degustar juntos los platos sabrosos que con tanto esmero preparaba nuestra madre, su esposa. Si seguía vivo en algún lugar no creo que su existencia alcanzase la calidad de la nuestra, sencillamente porque no contaba con el cariño y la presencia incondicional de aquella mujer excepcional.

Con frecuencia se sentaban a la mesa soldados que llamaban a la puerta pidiendo un trozo de pan, algo que llevarse a la boca. En esos casos mi madre sacaba la bota de vino y todos lo catábamos como si degustásemos algún brebaje divino. Uno de aquellos soldados besó a mi madre en los labios mientras el puchero de barro a fuego lentísimo hervía el cocido. Mi madre le arreó tremenda bofetada y yo me llevé la mano a la mejilla como si me la hubiese dado a mí. Pensé que despacharía al soldado y éste liaría el petate para salir pies en polvorosa de nuestra humilde casa, pero no, el soldado había sido invitado a cenar esa noche y cenó. Cabizbajo casi no probó bocado. Mi madre se mostró diáfana y natural como la claridad del día. Cenamos el puchero que habíamos almorzado, cocido que nos encontraríamos en el plato durante días sucesivos. Cada día me sabía más rico. Las sobras de los guisos de mi madre ganaban en sabor y calidad con el pasar de los días. Era algo así como un milagro del cielo.

Pasada la guerra, una mañana, se presentó en casa aquel soldado, el del beso, el de la bofetada. Se entrevistó con mi madre en la cocina, que era donde ella recibía siempre a las visitas, mientras mis hermanos y yo escuchábamos a hurtadillas la conversación agazapados detrás de la puerta. Todo fueron requiebros y no escatimó en lisonjas para con mi madre. Pero ella le respondió que era una mujer casada que aguardaba esperanzada el regreso del marido. Luego estábamos nosotros, sus hijos, lo más importante -dijo -, cuestión vital. Invitó al soldado al almuerzo y éste aceptó. Cabizbajo, no probó bocado. No le volvimos a ver nunca.

Mi madre ahora padece la enfermedad de Alzehimer y no recuerda lo buena madre que ha sido para todos nosotros, pero no importa. Yo sí lo recuerdo. Mis hermanos también.

19 de abril de 2008


Mi amigo KAMI me acaba de sorprender con una nominación a los dos premios blogosfera..."Eclipse de Luna" y "Premio Planeta Azul"

Las Reglas de estos premios son:
1.- Debe ser atribuido a los blogs destacados en sentimientos humanos y proclives al cuidado del planeta.
2. Cuando se reciba el premio se debe escribir un post indicando quien fue la persona que te dio el premio y su respectivo link a ese blog.
3.- Una Etiqueta al premio.
4.-Se debe exhibir orgullosamente la etiqueta del premio, preferiblemente con el link donde se habla del mismo.
5.- Nombrar 7 blogs que recibirán el premio.








Mis nominados a estos premios son:

1. 2008/04/y-ahora-va-de-premios.html/del amigo KAMI


2.
Tintero-Virtual


3.
un espacio-literario-entre-amigos


4.
El-Rincón-de-Sherezade


5.
El-Guardarropa-de-Blanca


6.
Los-inclitos-comentarios-de-mi-amigo-Travis-en-mi-blog


7.
En-Agua-Recordandoa-Rosa-Areópago-Sicilia-Lollita-Kami-SweetJane-Tian-Ángel-a-Todos


Gracias Kami por la confianza y la responsabilidad, y gracias a los que asigné como nominados, por su lucha de distintas maneras en ser mejores personas, hacer un mejor mundo con sus pensamientos y escritos, y por luchar incansablemente contra las distintas injusticias.
"KONSTANTINOS KAVAFIS"


Toda su vida giraba en torno a la literatura. Un tipo genuino "de Letras". "Te morirás de hambre" le decían. "Los de letras" están sentenciados a no progresar demasiado en la vida. Ese es el sentir general. En su caso concreto fue cierto durante muchos momentos duros. Pero lo sobrellevaba con resignación y estoicismo literarios. Los escritores, los poetas saben alimentarse del aire, que casi siempre convierten en ambrosía, una cosa deleitosa al espíritu que alimenta el estómago y acalla los remordimientos de conciencia. Nació y murió un mismo día lluvioso de abril como todas las personas predestinadas a convertirse en genios o trascendentes en la historia de la humanidad.

Se llamaba Konstantinos. Nombre que es garantía de muchas cosas, pero en especial de una en particular. Nombre insigne para un poeta. Nació en Alejandría. Alejandría, Alejandría, ciudad de prodigio y fuego. "La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad".

Corregía su obra sin cesar: " Siempre en tu pensamiento ten a Ítaca. Llegar hasta allí es tu destino. Pero no apures tu viaje en absoluto." Algunos poemas suyos tardaron diez años en ver la luz de su redonda y lograda perfección. Eternamente insatisfecho, en lo literario y en lo humano, Kavafis parecía perseguir el anonimato que propician las formas etéreas y la atracción física de la clandestinidad. Efebos transitan sus versos como el deseo saciado en instantes tan efímeros que siempre conllevan un desarraigo, un arrepentimiento, un desamparo insoportable, cuyo dolor se mitiga por la aspiración del condicional perfecto: habría amado, pero no amó en realidad. Deseó ardientemente. Habría amado sin duda, si la existencia del poeta no hubiese transcurrido en un destierro perenne de sí mismo.

Amo los versos de Kavafis con todo el dolor y desgarro del alma:

"Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
entres a puertos nunca vistos:
detente en mercados fenicios,
y adquiere las bellas mercancías,
ámbares y ébanos, marfiles y corales,
y perfumes voluptuosos de toda clase,
cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;
anda a muchas ciudades Egipcias
a aprender y aprender de los sabios."

Visito nuevos puertos sin salir de estas cuatro paredes que me cobijan de mis miedos y mi precaria salud. Adquiero bellas mercancias y pruebo nuevos perfumes alegóricos comprobando que efecto producen en mi satinada piel desde mi belleza, desde mi precariedad. Decido que la pobreza no existe porque viven los poemas de Kavafis en mi espíritu como una llama sutil de voluptuosidad y serena armonía. Sus versos alimentan mis silencios. Puedo sobrevivir desnuda en medio de la inmensidad de la vida. Todo me lo pueden arrebatar, si quieren. Pero los versos de Kavafis son míos, como lo son de nadie. Son míos con el egoísmo desmedido del admirador sufriente:

"Aquí que me detenga. Que también yo contemple un poco la
naturaleza.
Azul esplendoroso de un mar de la mañana
y de un cielo sin nubes, y una ribera amarilla: todo
hermosamente y con plenitud iluminado.
Aqui que me detenga"

Quiero compartir esta pasión, pero no puedo, no quiero. Kavafis, mío. Sólo mío:

"Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te ha engañado.
Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,
ya habrás comprendido las Ítacas qué es lo que significan."

14 de abril de 2008

"El padre Jony"

Joan Enric se levanta por las mañanas muy temprano. Se pega una ducha rápida de agua fría con ese gel que huele a sosa caústica de la sacristía, que proviene del avituallamiento de la diócesis de aquel obispo que detesta el rock y en general todo lo que pueda salirse de madre -de la Santa Madre Iglesia-. Su larga melena ondulada estilo "Antonio Flores en sus mejores tiempos, que en gloria esté" se lo lava delicadamente a parte con agua tibia tirando a calentita con un champú especial para cabellos SUNSILK LIMPIO POR MAS TIEMPO ESPECIAL CABELLOS RIZADOS USO FRECUENTE.
Deja que se seque al aire, porque no se cansa de predicar que los secadores de pelo son artilugios infames, inventos del demonio. Sus feligreses, siguiendo al pie de la letra todos sus consejos y recomendaciones litúrgicas y extralitúrgicas, siguen éste y todos sus acertados consejos. De ahí se explican los resfriados y gripes que se pillan algunos en los meses de invierno por acudir con el pelo mojado a misa.

El "Padre Jony", como ya se le conoce "Urbi et orbi", se desayuna un gran tazón de cereales con leche y Nesquik. Los parroquianos se desayunan con Nesquik y desterraron el Cola-Cao y otros sucedáneos de sus alacenas por recomendación y proselitismo. Todo lo que dice el Padre Jony va a misa y de misa, directo a la rúa para captar rápidamente adeptos como una pandemia.

Mientras desayuna ve el Noticiero de la 1 o escucha RNE y como esto es lo que hace el Padre Jony, los demás también. Luego reza cantando unas cuantas letras de las suyas, que son un puro plagio del Nuevo Testamento, pero la música es suya y la guitarra también. Esas son sus dos únicas posesiones en la vida, todo lo demás le sobreviene por añadidura.

El Padre Jony es un tipo normal, con una vida algo fuera de lo corriente. Hoy, por ejemplo, sin ir más lejos, Joan Enric repasa la agenda del día: a las diez de la mañana tiene una entrevista en la SER Tarragona; a las once, otra entrevista en Aragón Radio. Estas dos entrevistas sin moverse de casa. Podrá aprovechar para ensayar con la guitarra y poner a tono las cuerdas vocales. A las tres de la tarde tendrá que estar listo y compuesto en el plató de televisión de Móra d´Ebre para su tercera entrevista del día. Saldrá de casa a eso de la una y media para llegar con cierto margen. Le invitarán a comer en el restaurante de TV Móra d´Ebre. "La Escudella i carn d´olla" les sale de rechupete y la compañía es muy agradable. Le tratan como a un "super star". ¡Qué caray, le tratan como al mismísimo Jesucristo Super Star, o sea, Camilo Sesto en su época rampante! Ya sabe el Padre Jony que estos gozos son tentaciones del demonio y como tales hay que tratarlas, pero la "Escudella i carn d´olla" de toda la vida ha sido manjar de ángeles y querubines. Esto lo sabe hasta la madre superiora del último convento.

A las cinco y media de la tarde, con "la escudella" en el garguero de la sotana tiene que actuar en el Teatro Municipal de Móra. Se lo va a pasar pipa con este público entusiasta, uno de los mejores del territorio nacional. Promocionará su nuevo disco, pero sobre todo hablará a todos del Proyecto Chinautla en Guatemala". Sensibilizar conciencias le gusta tanto como cantar.

El Padre Jony cree que el rock casa perfectamente con la labor apostólica y cristiana. Defiende que si Jesucrito hubiese nacido en nuestro tiempo amaría el rock y se apuntaría sin remilgos a su nueva gira en Francia. Cree que el Vaticano se tiene que poner a la altura de los tiempos: aceptar el rock y el heave metal como música celestial. Joan Enric siente que le acompañan siempre un par de ángeles tocando sonido de guitarras distorsionadas, San Pedro a la batería con doble bombo, San Pablo al teclado y un coro de querubines pintando voces guturales y distorsionadas. En definitiva, ¡la hostia en verso!

Resumiendo, el padre Jony es un tipo cojonudo. Su encomiable labor merece ser elevada a los altares de la promoción musical y humanitaria.

¡Un olé para el padre Jony!

¡El padre Jony sube, el Vaticano, baja!

Interiores. Visillos de París

La etiqueta de estos visillos reza que proceden de París, ese París que me prometiste un día. Tal vez lo visite, pero no será aquel París...