26 de marzo de 2009

La grieta ( Tercera entrega. Continuación )





Siguieron días de cierta calma familiar, aunque en el inmueble las cosas transcurrían
por los cauces habituales, a saber, bebés y niños que lloraban, palizas del maltratador a su mujer, la música estridente del vecino metálico.

El incidente de la señora con sombrero y perrito tal vez fuese una señal premonitoria de algo extraordinario que sucedería unos tres o cuatro días después. Papá se presentó en casa con una mujer rumana de unos cuarenta años bastante mal llevados. No nos pareció muy agraciada, pero pronto se ganó nuestra confianza por su discreción; nuestro afecto, por una simpatía natural y buena disposición que la hacía sonreír por todo. No se parecía físicamente a nuestra madre, pero algo nos recordaba a ella. Su ternura innata quizás. Se llamaba Simona Mirela. “Salut” exclamaba cada vez que papá le presentaba a uno de nosotros, acompañando el tímido saludo con una ligera inclinación de su larguísima melena recogida en un moño.
“Multumesc” “Da” “Un” “Nu înteleg”. Papá nos explicó que a ella le gustaba que la
llamasen Mirela, eludiendo Simona. No soltaban de la boca “Te iubesc”, prodigándose
mutuamente carantoñas, besuqueos, pellizcos. Carlitos luego lo repetía imitándolos y
Chencho le devolvía los arrumacos en forma de collejas.

Mirela cocinaba casi tan bien como nuestra madre, pero llegaba a nuestra casa muy cansada de ejercer de asistenta en distintos domicilios y se desentendía de las labores higiénicas. Sobre las ocho de la tarde regresaba. Dejaba sus zapatos en el zaguán; entraba en la habitación de nuestro padre, se cambiaba la ropa de calle por una bata floreada holgada como un saco y muy escotada. Carlitos una vez le hurgó en los cajones de la cómoda y pudo averiguar que gastaba una talla 135 de sujetador. Desde ese día, los pequeños se los ponían en bandolera y a modo de antifaz en ausencia de ella y de mi padre. Entraba en la cocina y durante dos horas guisaba todo tipo de platos exquisitos. A los pequeños les encantaban las “Militei”, un tipo de salchichas pequeñas asadas y condimentadas con hierbas. A los mayores nos deleitaba con “kashkaval” – queso de oveja empanado - y “Sarmale” – carne picada envuelta en hojas de col – Consiguió dominar los guisos españoles y nos encantaban sus tortillas de patatas. Los domingos por la tarde nos cautivaba el paladar con unos “clatitet” servidos con chocolate caliente, mermelada y flameados con vodka. La botella de vodka acompañaba nuestras meriendas y en especial mi padre y ella precisaban de nuestra ayuda para levantarlos de las sillas del comedor. Los acompañábamos hasta la cama. Simona pesaba una tonelada. En estado ebrio quería que la llamásemos Simona. Profería lo que parecían insultos en rumano.: “Ia-o pe curva aia de ma-ta si duceti-va sa beliti pula la urs ca va plateste tata biletul de autobús” Consultamos en internet un posible significado: “Coge a esa puta de tu madre y ve a masturbar a un oso, mi padre pagará el tique del bús” Nos hizo tanta gracia que pronto lo memorizamos en rumano y en castellano, maldiciendo en uno u otro idioma a nuestro antojo y propia conveniencia.
Dormían hasta las siete de la mañana de los lunes, abrazados como osos colmeneros después de un atracón de miel. No les veíamos partir juntos al trabajo. Papá había conseguido empleo como porteador de una extraña empresa de mensajería. El caso es que nuestro nivel de vida había mejorado bastante. Chencho hacía algunos meses que también trabajaba de mozo de almacén en una empresa de logística. Gerardo se matriculó en la facultad de Psicología de la UNED y encontró un puesto de conserje y portero en turno de noche de una finca muy señorial en una urbanización de lujo. Aseguraba que podía estudiar toda la noche, porque su labor consistía en permanecer despierto en una especie de garita interior oteando las salidas y entradas de los inquilinos, normalmente tranquilos en sus respectivas casas, salvo los viernes y sábados.

Aseguraba haber visto a la dama con turbante y sombrerito de piel, sacando por las noches y a primera hora de la mañana a su perrito Shih Tzu. Nos contó que era una mujer madura bellísima con piel blanquísima de tal tersura satinada que le entraban unas ganas locas de besarla, poseerla. Sonreía un hilo de cuatro perlas al pasar por la garita y pronunciaba un “buenas noches” con acento portugués educadísimo. Gerardo se enamoró de este animal elegante.

24 de marzo de 2009

La grieta ( Segunda parte...Continuación)


Nuestras vidas de varones sin hembras transcurrían dentro de parámetros normales.
Entendiendo por normalidad, que el típico desastre, achacable a los hombres,
invadía cualquier espacio.
Tal vez ese desorden fuese el auténtico responsable de las grietas.
Eso aducía Gerardo, el único miembro entre nosotros, fanático del orden.
Tanto era así que accedimos a cederle una habitación para él solo.
Ahí reinaba un concierto de armonía impoluta.
Cerraba ese claustro bajo llave y nuestros hermanos
chicos disfrutaban buscándola en los bolsillos de su chaqueta,
colgada en el perchero de la entrada.
Un día Carlitos la encontró en el bolsillo interior
y mientras Gerardo se había ido un rato a la biblioteca municipal a devolver los libros
para cambiarlos por otros que saciasen su sed roedora, Carlitos consiguió abrir la puerta y
acceder a su habitación. Le revolvió libros, los cajones de la ropa interior...nada del otro
mundo. Aquella, para nosotros, nimiedad y simple trastada de niño, supuso que Gerardo
montase en cólera y lo agarrase del cuello hasta la asfixia.
Cuando regresó papá por la noche
a la hora de la cena después de su infructuosa búsqueda de empleo
y tal vez otras cosas innombrables,
notó en nuestros semblantes contrariados que algo había sucedido en algún
momento del día.
Al ver marcas de dedos de hermano mayor en el cuello de uno menor,
montó en cólera etílico-paterna y al enterarse de lo sucedido por boca de Robertito,
quiso estrangular al autor.
Pepe y Juanca se abalanzaron sobre mi padre para evitar el filicidio.
Papa le impuso un castigo ejemplar consistente en obligarle a mudarse al dúplex de los
renacuajos, convivir con ellos, acompañarlos a la entrada y salida del colegio, dormir con ellos
compartiendo lecho y lo más difícil para él dejar la puerta de su habitación abierta durante la
duración del castigo. No le costó adaptarse a esta nueva situación. Por las mañanas se
ocupaba de los pequeños con esmero. Les ayudaba a vestirse. Los peinaba con mucha
colonia. Les preparaba el desayuno y se preocupaba porque lo apurasen hasta el final
cuidando que consumiesen al menos una pieza de fruta y cereales. Les prohibió el azúcar.
Los abrigaba abrochándoles los anoraks hasta las cejas, envolviéndoles el cuello en bufandas
y cubriéndoles las orejas con gorros pasamontañas que él mismo compró después de
buscarlos en diversos grandes almacenes y tiendas, tras una pesquisa más propia de agente
de policía secreta que de hermano tutor. Luego los recogía a la salida. Los acompañaba al
parque, a los entrenamientos de fútbol de los martes y jueves, a los partidos de los sábados de
la liguilla escolar. En casa los apoyaba con tareas y deberes, haciéndoles que repasasen la
lección insistiendo que no debían limitarse a repetir lo aprendido como papagayos sino
entender el significado y buscar un estilo propio a la hora de explicarlo en clase o en los
exámenes. Nuestros benjamines de la familia experimentaron un cambio y unos progresos
nunca antes advertidos. Papá sentía que cumpliese el plazo y que tuviese que levantarle el
castigo y los niños se mostraban encantados. Aquellas tareas de puericultura que todos
aborrecíamos y que hasta la fecha las habíamos acometido con desgana, desdén y sin
prestarle ninguna atención, envidiábamos poder retomarlas en la creencia de que lo haríamos
de manera tan impecable y meritoria como las realizaba Gerardo.

Lo que desconocíamos es que nuestro hermano se había enamorado de Alejandra,
la profesora de Carlitos y seguramente tantos desvelos filiales iban encaminados
a ganarse primero su atención, su aprobación y con el tiempo su amistad.
Pero pronto se enteró de que Alejandra tenía novio con planes de boda inminente.
Gerardo cayó preso de una melancolía tan impregnada de atrabalis reprimida
que cuando quisimos darnos cuenta ya era demasiado tarde.
Se encerró una tarde, una hora antes de la salida escolar, en el baño
y bajo llave se intentó cortar las venas en la bañera vacía de agua, vestido de calle,
como quien se prepara para salir sólo a por tabaco y no volver.
Papá, intuyendo lo que sucedía, ordenó a Chencho a que fuese a recoger a nuestros hermanos.
Chencho, en otras ocasiones respondón, acató el encargo sin replicar
y supo que lo que convenía era llevarlos luego al parque y tenerlos
ahí entretenidos un buen rato. Cuando regresaron a eso de las siete y media de la tarde,
no quedaba ni rastro de sangre en el baño, nada que pudiese hacer barruntar a los chicos
el verdadero motivo del ingreso hospitalario de nuestro hermano.
Les contamos que había sufrido un cólico nefrítico.
Hubo que explicarles con palabras llanas qué era eso.
Chencho aclaró, “como orinar canicas” y aquella escatológica
conversación derivó en todo un galimatías de risas y carreras espantadas por los pasillos.

Papá, pese a su tristeza, esbozó una sonrisa en su semblante arrugado como un pantalón sin
planchar desde la muerte de mamá. Digamos que me pareció que su cara se estiraba como si
mamá le hubiese dado una pasada de urgencia. A mamá se la añoraba siempre, pero en
aquellos momentos Papá aseguraba que habría encontrado la manera de que Gerardo “nunca
hubiese cogido un cólico nefrítico” Carlitos lo abrazó consolándole que tampoco quería
aumentar su colección de canicas con aquellos cólicos de su hermano y de nadie, ya que “en
el bazar chino las vendían casi regaladas” Rompimos todos a reír.

Regresó Gerardo muy restablecido, con un aspecto relajado. Había ganado también
algo de peso y nos pareció más comunicativo. Carlitos le aguardaba con los brazos abiertos
aferrando en una mano la llave de la puerta de la habitación. Se la mostró, como indicándole
que no sólo era muy bienvenido, sino que Papá ya le había levantado el castigo y podía
disponer de su habitación como gustase. “Puedes quedártela de recuerdo. Ya no va a hacerme
falta. He decidido que a partir de ahora voy a mantener la puerta abierta y no sólo eso, tú y
todos los demás podéis entrar en ella y disponer de mis cosas como os plazca.¡ Y mira, os he
traído una bolsa de canicas! Estas no son del bazar chino. He ido expresamente a una tienda
de juguetes maravillosa que hay en un lugar muy escondido, que sólo unos pocos conocemos.”
Nuestros hermanos pequeños abrieron sus ojos como platillos volantes a punto de alunizar.
Nunca habíamos visto unos bolindres tan peculiares, de colores y motivos tan extraños; las
había de vidrio trasparente sin adornos. Otras imitaban los huesos de aceituna, avellanas y
castañas. Las tipo trébol, trasparentes con tres pinceladas de colores en su interior, albergaban
hojas pecioladas casi redondas, agrupadas de tres en tres. Gerardo las bautizó como “canicas
de la buena suerte, de esas que te permiten pedir tres deseos y se cumplen dos” Les previno
que nunca se las llevasen a la boca – las de trébol y ninguna de ellas – porque perdían todo
su poder de encantamiento, ya que mágica era también su procedencia.

Aún así dos días después Cristobalín casi muere atragantado.
Se metió una de las petroleras en el orificio izquierdo de la nariz y se tragó otra de las de metal.
Chencho, experto en primeros auxilios,
porque algún fin de semana ejercía como voluntario de Protección Civil,
le levantó el diafragma con una experta maniobra similar a la de Heimlich
y la canica salió despedida de su boca y salió volando por una ventana abierta.
Aquella parecía haber incrementado su facultad mágica.

Cayó sobre la cabeza cubierta por un sombrerito de piel, - seguramente auténtica y con su
correspondiente forro de algodón - que lucía una señora con turbante. Aquella
mujer parecía haber salido de su casa preparada para acontecimientos como aquel.
No sufrió descalabro afortunadamente. Todos nos asomamos al balcón y pudimos comprobar
como la dama con perrito Shih Tzu se marchaba inadvertida.

20 de marzo de 2009

Feliz cumpleaños, corazón !!!

Dansa de la primavera (Maria del Mar Bonet)

Febrer m'ha duit la carta tan precisa
vol que els lilàs s'obrin pel dits
i en el cor m'hi creixi una palmera
que exigent que ve la Primavera!

Que exigent que ve la Primavera
i el meu cor tan malaltís
tinc por que es cremi dintre la foguera
(no puc desfer-me del seu encís)

No puc desfer-me del seu encís,
obrir les branques, ballar amb ella,
pentinar-me al seu vent la cabellera,
cantar la lluna de les seves nits

Cantar la lluna de les seves nits
cantar vermells de la tardor
cantar el silenci de la nova neu
cantar si torna el dolorós amor

Cantar si torna el dolorós amor
i néixer un poc més en l'intent
i créixer un poc més cada entretemps
i volar amb el vent i les noves llavors

Volar amb el vent i les noves llavors
qui sap on el vent ens portarà?
a dins del cor d'una terra antiga
o creixeré en el fons de la mar.

(Música antiga Israelita / Gregorio Paniagua
Lletra Maria del Mar Bonet)




Mi niño, llegaste a nuestras vidas de otoño, se cumplen hoy ocho primaveras.





Y una de J.S. Bach que también nació, como tú, inagurando la primavera




Y Star Wars que no falte...Soberbio Anakin



19 de marzo de 2009

Feliz Día del Padre...Felicidades, Pepes y Pepas !!!

Siempre me ha atraído mucho la figura de San José de Nazaret, esposo de María y padre adoptivo o putativo de Jesús.

Siempre me ha seducido la noble profesión de carpintero. De pequeña, cuando jugaba en la calle me quedaba arrobada contemplando el trabajo concentrado de los operarios en una carpintería. A uno de ellos lo llamaban Juan.Gritaban cada cierto tiempo su nombre. Tal vez - ahora caigo en la cuenta - fuese sordo. Y mi mente infantil se preguntaba por qué no se llamaba José. Me figuraba por aquel entonces que todos los carpinteros del mundo forzosamente debían llamarse José. Cosas de la mente infantil.

En mi familia hay muchos José, María José, Pepes y Pepas, Josep y Josefina. Supongo que como en todas las familias españolas.

¡Padres conozco tantos! Cada quien ejerce la paternidad a su modo.

No me hablo con mi padre desde hace casi nueve años, creo. No llevo cumplida cuenta.

Mi padre tiene un carácter muy especial. Es alguien muy diferente al resto de los hombres. Creo que no encaja en ningún molde. Yo me parezco bastante a él, versión femenina. Tampoco encajo en ningún molde femenino que esta sociedad pretenda imponer. A las personas como nosotros, mi padre o yo, o se nos quiere o se nos aborrece. No somos personas de medias tintas. Me siento muy querida en mi entorno. Pero pienso que el entorno le ha sido hostil a mi padre. Cuando la sociedad no te comprende suele crear una red de "mobbing" social muy sutil pero muy eficaz. Se manifiesta en forma de rechazo, silencio, aislamiento y desamparo social. La sociedad se convierte en esos casos en una maquinaria absurda de intolerancia. Es anticonstitucional por excelencia la manera de conducirse en esas tristes ocasiones. La sociedad señala con el dedo al diferente, al que rompe moldes, al que no encaja en la manera mediocre de conducirse el grupo.

Nuestra sociedad sigue siendo muy hipócrita.

Yo a mi padre no le perdono nada, porque a estas alturas de la película no creo que juzgar a nuestros padres demuestre madurez adulta. Creo que no hay nada que perdonar. Es el que es. Se le quiere como es y punto. Aunque no me hable con él, le quiero mucho y valoro muchísimo todo cuanto estuvo en su mano hacer como padre. Creo que hizo lo que pudo y lo hizo bien.

Se cree que José no vivió mucho más allá de los doce años de su hijo Jesús. Tal vez quieran decirnos los evangelios que hasta los doce años de un niño, un padre lo es plenamente. A partir de esa edad, los hijos y las hijas se nos empiezan a distanciar. Notamos que ya poco podemos hacer si no lo hemos hecho antes.

Ahora nuestra prole se independiza muy tarde. Un San José moderno permanecería con su hijo hasta la crucifixión, salvo causa mayor de grave enfermedad o muerte. Los tiempos están cambiando. Somos padres y madres hasta la tumba en general.

Pero creo que reivindicar el derecho de dimitir como padres y madres cuando nuestros hijos ya pueden y deben valerse por sí mismos es un derecho que no se valora ni acepta en nuestra sociedad actual. Muchos padres y madres sienten como una especie de obligación moral de convertirse en guardianes eternos de sus hijos. Y eso nos debiéramos plantear todas y todos si es conveniente para crear sociedades sanas.

Con la crisis actual me temo que estas cadenas parentales se perpetuarán. Pero lo que le pido a San José en este día es que esas cadenas las convierta pronto en alas de libertad e independencia para volar para todas y todos, padres y madres, hijos e hijas.

A todos los padres, muy felíz día de reflexión y gozo parental.

16 de marzo de 2009

Consejos para una vida "Slow"

1/ Tómate una infusión con los pies apoyados fuera de la ventana. No hacerlo mientras conduces.

2/ Invierte calidad de tiempo en la bañera, y si es acompañado mejor.

3/ Escribe estas palabras en un sitio visible: Hacer varias tareas a la vez es no hacer ninguna bien

4/ No te veas forzado a responder con rapidez, tómate tu tiempo.

5/ No lleves el reloj encima, no te preocupes que sabrás la hora.

6/ Bosteza a menudo. Bostezar es bueno para la salud

7/ Escucha una pieza de música de Mozart en su tempo original.

8/ Cóncedete un día "slow" :

Al levantarte dedícate un tiempo a desayunar tranquilo y visionar el día que tienes por delante.
Practica un hobbie sosegado.. Pescar, pintar, plantar; pero trata de hacer una sola cosa a la vez.
Come despacio. Disfruta de la soledad o de una conversación si estas con más gente.
Haz una siesta y tómate una hora extra en la cama, te lo mereces.
Escribe cualquier cosa. Sumérgete en el día que has tenido
Sal de casa y practica el noble arte del dolce fare niente. Lee un periódico, observa las fachadas..
Cena un menú con alto contenido en frutas y verduras.
Lée un libro en la cama, abandónate a tus pensamientos y fluye.






10 de marzo de 2009

"Et les lilas sont morts"













El escritor decidió quemar su último cartucho para la posteridad.

Pidió dinero prestado a una amiga íntima, de familia adinerada, a cambio de ciertos favores, no todos sexuales. Durante un mes aguantó al padre enfermo de ella, un millonario excéntrico, misántropo, de trato tan tétrico que permanecer junto a él sólo cinco minutos podía alterar el carácter más
sosegado. El escritor lo sobrellevó estoico. Su tarea principal consistía en leerle en voz alta durante horas a Borges:
“¡Pienso vivir más que su madre! ¡Qué os quede claro a todos!¡ Nadie como Borges, nadie! ¡Qué alto defendió que el cuento es un género esencial, y no la novela que obliga al relleno! ¡Todos esos escritorzuelos de poca monta! ¡Su obra, bodrios infumables que merecen la hoguera!..” despotricaba, energúmeno.
Quiso el escritor contar cuántas veces le hizo leer el relato borgiano “La muerte y la brújula”, pero sobre la trigésima vez perdió la cuenta:
“DE LOS MUCHOS problemas que ejercitaron la temeraria perspicacia de Lönnrot, ninguno tan extraño —tan rigurosamente extraño, diremos— como la periódica serie de hechos de sangre que culminaron en la quinta de Triste-le-Roy, entre el interminable olor de los eucaliptos."
Eso era un comienzo. Todo lo demás, nada. El escritor, no obstante, resistió ecuánime. De cuando en cuando, coincidía con la severa opinión del enfermo postrado en un diván.

El favor sexual no podía asegurar que hubiese sido mucho más halagüeño. Su amiga, afectada de frigidez crónica no alcanzaba nunca el orgasmo. Después de cuatro horas insufribles, - un grito fingido, que era como un berrido de animal herido -, culminaba la furiosa sesión. El escritor siempre salía de aquello lleno de magulladuras, zarpazos de pantera negra deslavazada.
Finalmente, exhausto, pero con doce mil euros en su haber, pudo emprender su quimera.
Viajó a París. Le aguardaba un selecto estudio en Saint-Germain-des-Prés, cuyo alquiler había concertado por internet. Se cruzó con un escritor conocido, de culto, pero fue incapaz de recordar su nombre. Sólo sabía que era español, como él.
Se acercó con su pequeña maleta de ruedas a la librería Petit- Siroux del pasaje Vivienne. Compró tres paquetes de folios y el cuento “La muerte y la brújula” en edición fracesa.
Lo que más apreció del estudio fue su enorme ventanal. La mesa diminuta, la que sería a partir de ese momento su mesa de trabajo, una broma macabra del destino para el escritor mediocre.
No deshizo la maleta. Se puso a escribir sin demora. Rellenó folios y folios que iba arrojando al suelo hasta tapizar la estancia. Después de algo más de ocho horas de trabajo, se levantó. Abrió la ventana. Se sentó en el suelo. Con las hojas escritas diseñó aviones de papel que luego lanzaba, perezoso, desganado, por el ventanal.
Abatido, levantó la vista. La dirigió al cielo. Su sorpresa fue mayúscula cuando pudo contemplar que los aviones de papel emprendían la huída con una bandada de estorninos que sobrevolaban Montmartre formando en el aire una especie de círculo.
El escritor pronto entendió que su viaje a París a partir de ese instante cobraría otro derrotero. Deshizo el equipaje. Salió a la calle. La vida nocturna bullía y una radio en un balcón cualquiera cantaba:
« Je ne reconnais plus/Ni les murs, ni les rues/Qui ont vu ma jeunesse/En haut d'un escalier/Je cherche l'atelier/Dont plus rien ne subsiste/Dans son nouveau décor/Montmartre semble triste/Et les lilas sont morts »

8 de marzo de 2009

Día Internacional de la Mujer, 8 de Marzo







Hoy festejamos un día que es de todas y todos, mujeres y hombres.

Cuando pienso en el esfuerzo que han realizado los hombres y mujeres de mi familia, mis antepasados, me entran unas ganas incontenibles de llorar. De llorar de alegría, de llorar de amargura, de llorar de impotencia. De llorar y reir a la vez. Lo que ahora tenemos se lo debemos a ellas y ellos. Lo poco o mucho que hayamos alcanzado en cuotas de éxito o frustración se lo debemos en gran parte a ellas y ellos. Creo que si mis tatarabuelas, bisabuelas, abuelas pudiesen ver lo alcanzado por las mujeres hijas y nietas de mi familia se sentirían orgullosas. Pienso en los esfuerzos y las fatigas que han vivido mi madre y mi padre y casi no puedo soportar imaginar un atisbo de lo que ha sido el diseño de la trayectoria de sus vidas. Creo que muchas experiencias traumáticas suyas yo no las podría tolerar.
En estos tiempos de crisis que se nos avecinan, urge imponerse el ejercicio de meditar sobre los denodados esfuerzos, fatigas de nuestros antepasados. Preguntarnos, ¿a ellos y ellas qué les habría gustado hacer en nuestro caso de haber podido? ¿Qué legado queremos dejar a las generaciones futuras?

La vida, amigas y amigos, es un ejercicio de máxima responsabilidad. El Día Internacional de la Mujer es hoy más que nunca un día de todas y todos. Los minutos, horas o días de asueto cobran su máximo significado, si mientras trabajamos y nos entregamos a las tareas diarias no convertimos en tedio la obligación, no convertimos en rutina gris el deber y el trabajo. Urge recuperar la conciencia de la dignidad y la alegría laborales. Sólo así alcanzaremos compromisos sociales que permitan conciliar vida laboral, familiar y de ocio. Pidamos a los empresarios que se esmeren en confeccionar horarios laborales que permitan a las personas atender la esfera de su vida privada. No cejemos en este intento. Pidamos a las administraciones públicas y privadas que realicen igual esfuerzo. Sueldos bajos y jornadas extenuantes sólo procuraron sociedades desquiciadas y en pie de guerra. Seamos humanos, no seres despiadados que cifran su bienestar en sojuzgar al prójimo. Seamos como los delfines que juegan al divertido y constructivo juego de "Tú ganas, yo gano". No seamos tiburones que ganan siempre a costa de la derrota de los demás.

3 de marzo de 2009

Feliz Cumpleaños, mis queridas amigas Rocío y Teresa





Hoy, dia Tres del Tres. Mi número mágico, el tres. Me gustaría que Rocío pidiese tres deseos. Me gustaría que Teresa pidiese tres deseos. Que en este año se cumplan cuando menos tres anhelos, tres sueños. Que mis queridas amigas soplen las velas encendidas en su tarta única. La que el pastelero de la vida preparó para cada una de ellas en exclusiva.

Muy Feliz Cumpleaños, mis queridísimas amigas.

Interiores. Visillos de París

La etiqueta de estos visillos reza que proceden de París, ese París que me prometiste un día. Tal vez lo visite, pero no será aquel París...