31 de octubre de 2007

"El rotativo"

El cesto de Donativos de Prensa de la Estación del Norte se encuentra vacío. Un grupo de vagabundos y mendigos se ha sentado a leer las noticias del día en un rincón acogedor de la estación, junto a la cafetería “El Andén”. Les llega el aroma embriagador de las tazas de café caliente, alineadas como cuerpo de tropa sobre la barra, de la cafetera italiana nueva que ha adquirido el dueño en el mercado del estraperlo y el chanchullo rumano que se cuece dentro y fuera de la estación. Uno de los vagabundos comenta jocoso que las tazas y la loza nuevas han sido también adquiridas ilegalmente y que daría la mitad de la mugre que lleva encima por tomar una maldita taza de café caliente mientras lee la prensa y contempla en la pantalla del televisor clandestino, - que adquirió regalado a cambio de un SEAT LEON con la culata y los cilindros quemados El Rey de Los Gitanos -, sin sentir la presión que padecen todos los demás, siempre con prisas, siempre corriendo, sorbiendo rápido el café y la leche del desayuno como si les fuese la vida en ello. “Daría la mitad de mi mugre, señor sí señor, con tal de que Paco El Ñapas me dejase permanecer horas y horas sentado a la barra de su puto bar, sin incordiarme ni amenazarme con llamar a los beneméritos securatas, que son lo peor de lo peor, malditas ratas de estación, soplonas y apuntadoras de la pasma”. “Pero la mugre es mala compañera, cierra puertas y abre las ventanas de la insolidaridad y el desprecio humano más abyectos” le replica El Séneca, que cursó dos asignaturas de primero de Filosofía tiempos ha y es un tipo muy cultivado y versado, pero lleno de mugre como todos los demás, que platican ahí sentados sosteniendo los periódicos gratuitos del día sin mayor aspiración en el horizonte de la jornada que ver pasar las horas y las gentes de la estación en un ir y venir incesante de maletas y bultos”

Los periódicos quedan esparcidos por el suelo y los asientos, cuando los mendigos deciden que tal vez hoy Paco El Ñapas está de buen talante y no tendrá inconveniente en invitarles a una taza de café de Colombia, importado ilegalmente y comprado a El Rey de los Gitanos por menos de cuarenta céntimos de euro el paquete, a porras y churros regalados por el churrero de Carretas y a un carajillo del orujo ése gallego que le traen de no sé sabe donde.

Una joven con aspecto de estudiante de informática coge al vuelo de las prisas uno de los periódicos que reposa en un asiento y se dirige a la vía 3 que la llevará a la Zona Universitaria. Un hombre cuarentón ecuatoriano se detiene un momento para otear qué periódico puede interesarle más. El compañero español que le acompaña le grita que con esa flema se avanza muy poco, pero el tipo parece no escucharle y se muestra ensimismado leyendo los titulares. La barrendera de la estación recoge los periódicos esparcidos por el suelo, hace una pelota de papel con ellos y se la lanza a un impertinente que le dijo alguna inconveniencia o grosería, que una señora mayor entendió como piropo. Esta delicada anciana se sienta y toma el último periódico que queda en el lugar. Dedica casi dos horas parsimoniosas a su lectura y cuanto termina de leer el último renglón de la página de obituarios y necrológicas, exclama en voz alta a sabiendas de que nadie la va escuchar, “¡Este periódico me lo llevo a casa. Con una página envolveré los plátanos para alargarles la vida un mes. Con otra, taparé la sartén del arroz a la cubana mientras cuece a fuego medio. Recortaré el directorio y teléfonos de interés de farmacias, ambulatorios, policía y bomberos y me lo pondré a la vista pegado con el imán del elefantito que adorna la puerta de mi nevera. Unas páginas las reservaré de alfombra para no manchar el suelo de la cocina mientras guiso. La página de la portada me vendrá bien para cubrir el fondo del cubo de la basura. Las páginas de economía las usaré para dejar relucientes los cristales. Y si sobran algunas páginas las destinaré a la relectura cuando la programación de la tele no vale un pimiento....”

30 de octubre de 2007

"Kingdome in the clouds" by Alexmartínez

"La Oligarquía de Soset"

El Alto Comité de los Hombres Sabios dictaminó que esa primavera no lloviese en todo el Condado de Hallowsilverswood.
El Estamento del Tercer Continente convocó una asamblea urgente. Si no llovía, la cosecha de los transgénicos se iría al traste. Las semillas plantadas en los áridos y desérticos campos de los Libulengos precisaban de una lluvia programada. Pero los Sabios, a tenor de los informes remitidos por el Cuadriple Equipo de Tecnócratas del Octavo Elemento, acordaron que la lluvia haría crecer las semillas. Los transgénicos alimentarían a los paupérrimos hijos de los Libulengos. Estos crecerían dos palmos más que el fruto de las semillas y el Tercer Continente se vería de nuevo plagado de la infame plebe.
El Alto Comité de los Hombres Sabios sabía que los libelungos eran la fuente de todo mal para el Planeta Soset. No se conformaban con poblar las desoladas tierras del Tercer Continente. Emigraban como hormigas de Nácvumeth hacia las praderas del Continente Putivladirkov. La lluvia no sería programada está primavera aunque los libelungos se levantasen en armas. Era preferible una guerra exterminadora que una lluvia nutricia.
Socrátruth, presidente del Alto Comité sentenció tajante, "Pasemos a otro asunto. Si en mi mano estuviese ya hubiese aniquilado a esa escoria ". "El siguiente punto del orden del día de Javedjob, es la sucesión del Príncipe de la Iglesia Universal Orbe et Urbi ", respondió la Secretaria del Comité, Tpsoezar. " Que elijan los cardenales de Orbe a Theofriz de Urbi. Es el candidato más conveniente a los intereses del Continente del Norte. Si alguien se distrae, muéstrenle los óbolos de la codicia o la opción de destierro con todos los gastos a cargo del Banco Mundial de Dionithvil.Siguiente orden del día. Rápido que me esperan para jugar un partido de Rollerpitbull en el Club de Campo de Sprinsting".
En la Batalla Tormenta del Desierto XXXVI perecieron tres millones de Libelungos y cien mil soldados de los boinas verdes del elitista ejército para la Liberación de Soset. Siguieron siete años de sequía programada, unidos a otros dos de sequía natural. Los transgénicos fueron reemplazados por cultivos de secano de bajo valor nutritivo. Las secuelas de la guerra, la hambruna y la sequía acabaron con la vida de los Libelungos. Solo sobrevivió un niño de tres meses tres días y tres minutos, Msías Libertador. Tres lobas esteparias lo amamantaron. Pero nunca se sabrá si creció, vivió y habitó entre nosotros.

24 de octubre de 2007

"Manifiesto contra Futurista. Dadá no significa Nada"

Empezó errado, equivocado. Errado, vagando de lado a lado. Coja un periódico.
Coja unas tijeras.
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que quiera darle a su poema.
Recorte el artículo.
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa.
Agítela suavemente.
Ahora saque cada recorte uno tras otro.
Copie concienzudamente
en el orden en que hayan salido de la bolsa.
El poema se parecerá a usted.
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo.
Dadá no significa nada. Un sueño intrascendente. Abajo los adjetivos. Abajo los adverbios. Los sustantivos ganarán esta guerra. Guerra, guerra, sustantivo por excelencia. Sea usted belicoso y rabiosamente pacifista. Marcial guerrero de la paz. Nada. Dadá no significa nada. Nada para nadie, sólo para ti. ¡Qué nos importan los demás si todo nació errado, equivocado, vagando de lado a lado. Apareció un hombre elegante con corbata y traje. pero a mi sólo me interesa la corbata de este señor errado, equivocado, vagando de lado a lado. Me mandan un maldito fax. Sólo me fijo en las corbatas hoy, pero a penas nadie las usa. Concluyo todo empezó errado, errado, equivocado, vagando de lado a lado. Desaparecen las corbatas como en su día los caballos por la rúa transitando y defecando. Caballos a motor hoy invaden el paisaje como mamíferos perisodáctilos que ya no se domestican fácilmente como quería el dadaísmo. Lo han conseguido. ¡Qué infierno! Y ese odio, esa aversión y misoginia a las mujeres. Las matan porque nada significa nada. Las mujeres, esos seres alados que respiramos y soñamos con un mundo de amazonas, razas guerreras que recuperamos nuestros tiempos heroicos y no molestamos a nadie. Hombres y mujeres belicosos que luchamos por la paz entre un mar de desencuentros. Cabalgo en mi caballo con ánimo varonil porque me revienta la misoginia y la voy a combatir con mis dientes y uñas de vampiresa y mujer fatal. Me lucraré con mi capacidad de seducción amorosa y podré comprarme un caballo a motor nuevo que acabará herrado, herrado, que no equivocado, vagando de lado a lado. Mi caballo a motor de amazona del futurismo me llevará a un destino posible donde recobraré mi espacio vital, mi lugar, mi sitio inalienable. Mi caballo que empezó errado, vagando de lado a lado y que acabó herrado.

23 de octubre de 2007

"La bella Dolores"

En "Las Hermanas Coloradas", un pequeño asentamiento situado junto a una lago en los fértiles valles de arenisca y piedra caliza del norte de Alabama, el Teniente General Tristán de Luna abandonó parte del avituallamiento antes de partir, dejando también en una choza al jefe rojo cherokee "Duelo de Sangre" medio herido y muy agresivo. Una flecha le había atravesado una clavícula y los gritos de ira y de dolor llegaban a los oídos de las mujeres blancas españolas que bordaban sentadas en el cobertizo de la casa del capitán Mendoza. Una de ella, Dolores, preciosa joven morena extremeña, hija del capitán dejó la labor en el suelo y sin decir nada a las demás corrió hacia la choza desoyendo las imprecaciones de su madre.

El indio había enmudecido ante la presencia de la bella Dolores que se acercó sin escrúpulo y ningún pudor, se arrodilló ante él y rasgó las enaguas de su falda para convertirlas en paños a los que daba diligentes utilidades y diferentes usos. Secaba la sangre y el sudor que fluían a borbollones. El precioso vestido de Dolores se llenó de lamparones rojos y sus labios encarnados pronunciaban cálidas palabras de consuielo. El indio lloraba en una lengua inteligible, pero Dolores exclamó "Yo te entiendo por la madre que me parió. Esto también parece un parto de sangre" Entonces para consolarlo mejor a la joven se le ocurrió contarle la historia de la fundación de aquel poblacho de mala muerte en mitad de la nada y Dolores comenzó a soltar una retahíla de bellos nombres castellanos de mujeres y hombres que habitaron la aldea hasta llegar al momento de su fundación:

- "El Teniente General Tristán de Luna dejó aquí parte de su avituallamiento y a sus tres hermanas solteras una mañana de agosto de hace cuando menos veinte años. Una se llamaba Florentina, otra Clara y la tercera Dolores como yo. Se las apodó Hermanas Coloradas porque las tres se enamoraron del mismo indio, un guapo y gallardo indio tan gallardio y guapo como tú. Acordaron gozar de él por semanas y parir los hijos que les engendraba que en total sumaron cuando menos doce. Estos niños se sumaron a la causa de la conquista y ahora son soldados españoles que sirven a nuestro rey. Una de las hermanas es mi tía Dolores a la que le encanta bordar y pretende que yo le siga en esas labnores de mortal aburrimiento. Creo, Indio Rojo y Colorado, que me gustas tú mucho más y que cuando sanen tus heridas seguiré la tradición de amancebamiento con o sin el consentimiento familiar"

Dolores le plantó un apasionado beso en la boca y el indió dejó de lamentarse por siempre jamás.

20 de octubre de 2007


"La Chita Callando"



La Organización de los Continentes Unidos ha derogado la Ley Mundial de Secuestro de Las Palabras por ineficaz. Se supuso en su momento que con aquella nueva legislación cesarían las guerras encarnizadas en Euroasiafrica, bajarían los índices de delincuencia en La Confederación de Unión de los Estados Del Norte y del Sur, se paliarían los estilos de vida libertinos en las Grandes Islas de Oceanía. Los esfuerzos ímprobos, que han tenido que realizar políticos, gobernantes, autoridades, agentes de autoridad para llevar a la práctica con cierto valor de eficacia, eficiencia y suficiencia aquel ambicioso precepto, han propiciado el alto porcentaje de enfermedades psiquiátricas y neurológicas entre las clases dirigentes, los preocupantes índices de depresiones y suicidios entre altos cargos directivos y del funcionariado de las administraciones continentales, públicas y locales, el desalentador vacío de poder en amplios sectores socioeconómicos y políticos.

En la práctica La Ley Mundial de Secuestro de Las Palabras que se consideraban nocivas, perniciosas, funestas y propiciadoras de graves enfrentamientos y odios en el mundo ha impuesto entre la población mundial La Ley Seca del Silencio. Silencio que aún ahora, dos meses después de haber sido derogada la ley, cualquier observador imparcial o Inspector Observador Vigilante acreditado puede constatar en cualquier lugar del mundo donde se reúnan dos o más personas. Se da la curiosa circunstancia de que las reuniones clandestinas que proliferaron de inmediato en todos los hogares, moradas o espacios privados a consecuencia y por causa de la ley, conocida entre el vulgo como "La Chita Callando", ha conllevado más intervenciones policiales por violencia de género, de sexo, doméstica, fratricida, parricida física y verbal que la que se haya podido constatar y medir antaño en los campos de fútbol y platós de televisión planetarios. Ese silencio hiriente, punzante, desafiante, popular y de dominio general corre el riesgo de convertirse en un arma letal más poderosa que los proyectiles de explosión nuclear o las armas químicas.

Alguien ha sugerido que para paliar esta catastrófica situación los Inspectores Observadores Vigilantes acreditados debieran hacer presencia en lugares como bares, restaurantes, líneas de metro, autobuses, trenes, aviones y obligar a la gente a pronunciar cuando menos una frase que les despierte de su ostracismo voluntario y obstinado. La frase propuesta reza "El poder de la palabra me hace libre y feliz".

En el bar de aquella esquina se escucha a un grupo de parroquianos ante un copa de orujo y café caliente pronunciar en voz alta la frase de marras, animados por el dueño del local y un Inspector Observador Vigilante de la Corporación Local que toma notas en su Cuaderno de Bitácora e Incidencias sobre La Palabra y El Silencio. Un tipo exclama "¡ Me estaba quedando afónico de tanto gritar en casa seis horas seguidas y guardar mutis por el forro el resto de la jornada!"....Las consultas de los otorrinoralingólogos son las más demandadas según las últimas estadísticas. Psicólogos y neurólogos tienen menos clientes. Disculpas, pacientes, quise decir.

19 de octubre de 2007

"Por la puerta de atrás"




Los actores y el público salían en desbandada por la puerta de atrás del teatro como si hubiesen perpetrado un atraco. Esa noche no se había propiciado la calidez y aprobación general como en pasadas funciones. Sobre el escenario pueden acontecer mil y un contratiempos. Esa fatídica noche sucedieron casi todos. Asier salió despacio, con la pierna izquierda vendada e inclinando su cuerpo sobre un bastón, que alguien corrió a ofrecerle manifestándole entusiasmado que había pertenecido “al gran Vicente Parra cuando interpretó a Sigmud Freud en Hilo Rojo”. Asier no recordaba a este actor hasta que Marisa le espetó “¿Dónde vas triste de ti?”. “ Ya ves, una pierna rota y una baja laboral que tiene visos de arruinar mi carrera de actor. Este teatro está gafado.”

En plena representación un chico entre el público arrojó un huevo al escenario. No se sabe si por la condición homosexual de uno de los papeles protagonistas, por un simple acto vandálico o porque se anticipaba la fiesta de Halloween con la misma antelación con la que se prepara y anuncia La Navidad. Arreciaba una canícula agosteña y de espanto en pleno mes de septiembre, que hacía sudar la gota gorda a los actores enfundados en rigurosas prendas de paño, interpretando “León en invierno”. El huevo vino a parar en el precioso tocado de Leonor de Aquitania, que tenía el día torcido de entrada y desde su inauguración porque sólo le quedaban en el cajón de ropa interior de su casa un sujetador y unas bragas amarillas. La asistenta no acudía por morosidad en el pago y la ropa sucia se le acumulaba en el cesto de mimbre. No le podían marchar peor las cosas a esta veterana actriz que aspiraba a un papel en la última película de Almodóvar, pero tenía a Carmen Maura y a Marisa Paredes como rivales incuestionables y favoritas del cineasta. Su reacción histérica y fuera de lugar en una actriz de tantas tablas no pudo ser más desafortunada. Se quitó la clara y la yema amalgamadas en su pelo y fue a limpiarse las manos en el pantalón de Ricardo, interpretado por Asier, que se suponía favorito de su madre sobre el tablado, pero que en realidad se profesaban ambos una ojeriza enconada fuera de él. Ricardo, o sea Asier, optó por quitarse los pantalones en señal de protesta y para hacerle un calvo al público con tan mala fortuna que dio un traspiés y cayó de espaldas. Las risas generales se convirtieron pronto en un clamor y un griterío tan difícil de descifrar que los actores no sabían discernir si se les avecinaban vítores o más huevos estrellados. Asier se esforzaba en incorporarse y caminar hacia los camerinos, pero cada vez que pisaba con el pie izquierdo lloraba de dolor. Pidió ayuda a sus hermanos en la ficción que de buen grado se lo llevaron en volandas evitando la lluvia de huevos y cáscaras de plátano que caían sobre el escenario como granizo. Asier preguntó si aquello se trataba de una especie de complot o confabulación entre el gremio de fruteros y pollería contra la noble casta de actores. “Los de reparto, de carácter y genéricos somos siempre los que peor suerte corremos. ¿Qué se quitará peor la yema de huevo o la mancha de plátano?” – se pregunta en voz alta Leonor de Aquitania pensando en esa asistenta y ese papel protagonista que ya no conseguiría seguramente jamás. Asier reclamó la presencia del enfermero que prestaba servicio en el botiquín del teatro mientras alguien gritaba, “que todo el mundo salga por la puerta de atrás”

16 de octubre de 2007

"La caja de libros. Viaje a la felicidad"

En el monasterio benedictino clandestino de Lussi situado en las laderas áridas de una aldea remota portuguesa, un nutrido grupo de monjes, ayudados por cuatro jóvenes voluntarios de la ONG Salvemos La Caja de Libros dedican la jornada completa, hasta bien entrada la noche, a la paciente labor de copiar de Biblioteca Interplanetaria Soft la ingente bibliografía textual que circula en la red. Algunos escribas transcriben a mano y con delicada y preciosista escritura los libros en formato Legal Virtual Books en pliegos de papel DIN A-4 en extinción, que han elaborado con pastas de fibras vegetales blanqueadas, desleídas y tratadas artesanalmente en los talleres secretos y ocultos en grutas casi inaccesibles de las laderas de las montañas lussinenses.

Otros monjes transliteran directamente sobre los vetustos teclados archivando en obsoletos WordPad los textos que libremente circulan en la red con la única prohibición expresa de que bajo ningún concepto pueden ser publicados y llevados a la imprenta.

La Policía Intercontinental Virtual de Delitos Tecnológicos tiene en su punto de mira y vigilancia la secreta conspiración que se trama en los monasterios clandestinos benedictinos. Aunque han transcurrido casi treinta años desde que la última biblioteca pública mundial fue demolida en un acto público y legal, aunque la única librería abierta al público que permanecía abierta por la obstinada rebeldía de sus dueños -unos locos y estrafalarios escritores mediocres que no habían nunca aceptado llevar sus poco meritorias obras escritas a la imprenta virtual, sino que se empecinaban absurda, arbraria y disparatadamente en ofrecer a los lectores aquellos panfletos de la subversión más enconada que se atrevían a bautizar con el infame nombre de libros - fuese clausurada y precintada con la intimidadora presencia de mil guardias armados hasta los dientes de la Agencia Federal de Delitos Virtuales Soft; aunque las bibliotecas privadas estaban rotundamente prohibidas en los edificios y casas privadas o públicas, los monjes benedictinos de Lussi no cejaban en su intento de crear una biblioteca secreta, un fondo clandestino que perdurase en el tiempo más allá de los mezquinos intereses humanos y el fanatismo irracional de tecnócratas y gobernantes mundiales.

El anciano monje amanuense ha encontrado navegando en la web un interesante libro que le parece digno de ser rescatado, titulado "Viaje a la felicidad" de un tal Eduardo Punset, publicado hace casi ochenta años. Sabe que transcribir este libro le llevará los escasos años que le restan de vida. Cuando alcance el final de este libro, donde se describe y explica la fórmula de la felicidad que antaño intentaron resolver infructuosamente los humanos, él habrá seguramente resuelto la incógnita de la ecuación porque nada le producirá más dicha en el mundo que transcribir fielmente las palabras de aquel insigne abogado y economista que un buen día decidió que el ser humano tenía derecho a viajar por su trayecto vital con la felicidad por compañera. Y un mundo sin bibliotecas, libros y cajas de libros es sin dudarlo uno de los mundos más infelices y desdichados que imaginarse uno pueda. Aquel monje y sus compañeros en esta singladura prohibida y extraña sabían de la dicha en un mundo del todo infeliz.

9 de octubre de 2007

"Homenaje a Chéjov"



"Hombre funcionario, hombre muerto" eso pensaba aquel tipo que se las daba de autónomo, espíritu libre de ataduras y convencionalismos. "Trabajar para la Administración Pública es como convertirse en un autómata, un cadáver andante". Aquel tipo extraño y ácrata era su hermano, que desde chico sintió predilección e inclinación por la bohemia y la vida errante. Por eso, ahora, le recorría un estremecimiento, un escalofrío casi de terror al comprobar que un funcionario cualquiera pudiera estar literalmente muerto sobre su mesa de trabajo en cualquier departamento ministerial o edificio público:

- ¿Cuántos casos de muerte súbita van ya?

- Iban seis y con éste que se desangra sobre el teclado del ordenador, siete.

El Inspector de Policía sentía la necesidad de llamar a aquel tipo raro, que no era otro que su hermano, por si alcanzaba a entender algo sobre lo que estaba sucediendo. Tal vez una profecía secreta. A su hermano le gustaban esos temas esotéricos que a él personalmente le crispaban y le sacaban tanto de quicio porque los consideraba paparruchas sin sentido. Pero a su hermano lo consideraba de otra galaxia y los hechos que ahora tan crudamente se le presentaban servidos en el plato de frío de la madrugada, le parecían fenómenos paranormales. Cogió el móvil que llevaba en el bolsillo de su gabardina con intención de llamarlo. Pronto recordó que su hermano aborrecía "estos infames chismes" y no eran horas de andar molestando a nadie, salvo al Inspector General o tal vez por qué no, al Ministro del Interior y al de Defensa. Las altas instancias debían mojarse en ésto y dar órdenes concretas. El inspector no podía pensar y tomar alguna decisión lógica.

- Inspector, recuerde que hace unos meses fallecieron unos cuantos deportistas de muerte súbita en todo el mundo. Ahora les ha tocado a los funcionarios. Será cosa del azar y pura casualidad.

- ¡Ojalá esté usted en lo cierto !

Los seis funcionarios respondían a un mismo perfil: varón, entre cuarenta y cincuenta años, funcionario de la Administración Pública del Estado, escala básica, salud dentro de los parámetros normales, una vida en apariencia estable y feliz. Pronto este baremo de normalidad se dispara y surgen casos en distintos puntos del planeta. Hombres, mujeres de diversas edades y perfiles fallecen súbitamente sobre sus mesas de trabajo. Se da una curiosa circunstancia coincidente: se han quedado solos en sus despachos al finalizar la jornada laboral para terminar un trabajo pendiente; fallecen entre las doce y las dos de la noche: sus cuerpos aparecen desplomados sobre sus teclados de ordenador con el monitor encendido; en las pantallas se pueden leer cifras y trabajos de estadística sobre identificación fiscal de ciudadanos. Al parecer todos tienen en común que realizaban consultas sobre números de identificación fiscal de personas físicas. Al parecer fallecen acto seguido de escribir en el teclado el número del Documento Nacional de Identidad seguido de la letra que completa el NIF.

El inspector como medida cautelar, ordena enviar una circular a todos los centros de emergencia y salas del Uno Uno Dos advirtiendo que se emita un comunicado general alertando de la posibilidad de la existencia de algún virus informático letal.

Las últimas noticias hablan de doscientos mil funcionarios muertos en todo el mundo. El virus informático ha alcanzado a aquellos funcionarios que no recibieron la alerta máxima mundial. Todos los ordenadores del mundo están apagados. La vida sigue, pero la maquinaria burocrática, ya de por sí, lenta y pesada, se aletarga y el caos se instala en el mundo como una epidemia medieval.

2 de octubre de 2007

"La Luna del Lobo de febrero"



Leonor retira la tapadera del pozo del patio para recoger agua. Un día de éstos, que a Rodrigo se le antoje, hay que cambiar la cuerda desgastada y el cigüeño que está a punto de romperse. El reflejo en el fondo del pozo de la Luna del Lobo de este mes de febrero frío y desangelado, sólo presagia nuevas desventuras.

A Leonor le gustaría ver crecer a sus hijos en esta casa, envejecer y morir en ella. Anhela una vida sosegada, sin los contratiempos que le procura su marido Rodrigo, que es un hombre bueno y noble, pero incapaz de recibir el merecido pago por los servicios que presta como cirujano. "Ya me lo pagará, ya me lo pagará. No se apure. Ya me lo pagará". Está harta de escucharle siempre la misma monserga. Tienen cuatro bocas que alimentar y una que viene en camino. Las holguras y desahogos de antaño no remplazarán nunca más las estrecheces de ahora.

La cara de la Luna del Lobo parece sonreír sardónica reflejada en el agua del pozo y del cubo. Parece como si se multiplicase para recordarle que las deudas aumentarán sin cesar y la pobreza se instalará en sus vidas como una lacra. Leonor no quiere salir a la calle. Se pasa el día recluída en casa hilando a la rueca y enseñando a sus hijos Andrés, Andrea, Luisa y Miguel a leer y escribir. Miguel aún no tiene cuatro años, pero a Leonor le parece el más listo y vivaz de sus hijos. Es tan ocurrente en sus respuestas y expresiones que de vez en cuando musita en voz alta, "cuando Miguel sea un hombre hecho y derecho está familia se enderecerá y todo volverá a ser como antes".

A Miguel le encanta contemplar a su madre sacar agua del pozo. Siempre le pide que le deje asomarse al brocal para ver el rostro de ambos reflejado en el fondo. "Mira, mamá, la luna se ha caído al pozo. Vamos a cogerla con el cubo. Así Andrés y yo podremos tirar la pelota de cuero que está deshecha y jugar con ésta que es de oro, madre." A Leonor le resbalan lágrimas mohínas por las mejillas. No sabe qué responder. ¡Tal vez si recubriese la vieja pelota con una malla de cota dorada de algún retal de las viejas armaduras que están criando moho en el baúl...!"Mira, mamá, la luna dentro del cubo, pero es de agua, no se deja coger!

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Un niño pregunta a su madre quién dormía en esa cunita de madera de roble expuesta en una de las estancias del Museo Casa Natal de Cervantes. Su madre, paciente, le responde que tal vez el propio Miguel o algunos de sus hermanos. A continuación persiste la batería de interrogantes, "¿Mamá, y el bebé y sus hermanos donde están?...¿Y el padre y la madre?...¿Por qué, mamá..? ...¿Por qué, papá?..."

En un descuido de la familia, el niño saca de su bolsillo una pequeña pelota dorada en la que hay pintada una luna. La deposita en la cuna y la esconde debajo de las sabanitas de tafetán y exclama :"Te la regalo, Miguel, para que juguéis tú y tus hermanos. Otro día que venga me la devuelves".

Interiores. Visillos de París

La etiqueta de estos visillos reza que proceden de París, ese París que me prometiste un día. Tal vez lo visite, pero no será aquel París...