24 de marzo de 2009

La grieta ( Segunda parte...Continuación)


Nuestras vidas de varones sin hembras transcurrían dentro de parámetros normales.
Entendiendo por normalidad, que el típico desastre, achacable a los hombres,
invadía cualquier espacio.
Tal vez ese desorden fuese el auténtico responsable de las grietas.
Eso aducía Gerardo, el único miembro entre nosotros, fanático del orden.
Tanto era así que accedimos a cederle una habitación para él solo.
Ahí reinaba un concierto de armonía impoluta.
Cerraba ese claustro bajo llave y nuestros hermanos
chicos disfrutaban buscándola en los bolsillos de su chaqueta,
colgada en el perchero de la entrada.
Un día Carlitos la encontró en el bolsillo interior
y mientras Gerardo se había ido un rato a la biblioteca municipal a devolver los libros
para cambiarlos por otros que saciasen su sed roedora, Carlitos consiguió abrir la puerta y
acceder a su habitación. Le revolvió libros, los cajones de la ropa interior...nada del otro
mundo. Aquella, para nosotros, nimiedad y simple trastada de niño, supuso que Gerardo
montase en cólera y lo agarrase del cuello hasta la asfixia.
Cuando regresó papá por la noche
a la hora de la cena después de su infructuosa búsqueda de empleo
y tal vez otras cosas innombrables,
notó en nuestros semblantes contrariados que algo había sucedido en algún
momento del día.
Al ver marcas de dedos de hermano mayor en el cuello de uno menor,
montó en cólera etílico-paterna y al enterarse de lo sucedido por boca de Robertito,
quiso estrangular al autor.
Pepe y Juanca se abalanzaron sobre mi padre para evitar el filicidio.
Papa le impuso un castigo ejemplar consistente en obligarle a mudarse al dúplex de los
renacuajos, convivir con ellos, acompañarlos a la entrada y salida del colegio, dormir con ellos
compartiendo lecho y lo más difícil para él dejar la puerta de su habitación abierta durante la
duración del castigo. No le costó adaptarse a esta nueva situación. Por las mañanas se
ocupaba de los pequeños con esmero. Les ayudaba a vestirse. Los peinaba con mucha
colonia. Les preparaba el desayuno y se preocupaba porque lo apurasen hasta el final
cuidando que consumiesen al menos una pieza de fruta y cereales. Les prohibió el azúcar.
Los abrigaba abrochándoles los anoraks hasta las cejas, envolviéndoles el cuello en bufandas
y cubriéndoles las orejas con gorros pasamontañas que él mismo compró después de
buscarlos en diversos grandes almacenes y tiendas, tras una pesquisa más propia de agente
de policía secreta que de hermano tutor. Luego los recogía a la salida. Los acompañaba al
parque, a los entrenamientos de fútbol de los martes y jueves, a los partidos de los sábados de
la liguilla escolar. En casa los apoyaba con tareas y deberes, haciéndoles que repasasen la
lección insistiendo que no debían limitarse a repetir lo aprendido como papagayos sino
entender el significado y buscar un estilo propio a la hora de explicarlo en clase o en los
exámenes. Nuestros benjamines de la familia experimentaron un cambio y unos progresos
nunca antes advertidos. Papá sentía que cumpliese el plazo y que tuviese que levantarle el
castigo y los niños se mostraban encantados. Aquellas tareas de puericultura que todos
aborrecíamos y que hasta la fecha las habíamos acometido con desgana, desdén y sin
prestarle ninguna atención, envidiábamos poder retomarlas en la creencia de que lo haríamos
de manera tan impecable y meritoria como las realizaba Gerardo.

Lo que desconocíamos es que nuestro hermano se había enamorado de Alejandra,
la profesora de Carlitos y seguramente tantos desvelos filiales iban encaminados
a ganarse primero su atención, su aprobación y con el tiempo su amistad.
Pero pronto se enteró de que Alejandra tenía novio con planes de boda inminente.
Gerardo cayó preso de una melancolía tan impregnada de atrabalis reprimida
que cuando quisimos darnos cuenta ya era demasiado tarde.
Se encerró una tarde, una hora antes de la salida escolar, en el baño
y bajo llave se intentó cortar las venas en la bañera vacía de agua, vestido de calle,
como quien se prepara para salir sólo a por tabaco y no volver.
Papá, intuyendo lo que sucedía, ordenó a Chencho a que fuese a recoger a nuestros hermanos.
Chencho, en otras ocasiones respondón, acató el encargo sin replicar
y supo que lo que convenía era llevarlos luego al parque y tenerlos
ahí entretenidos un buen rato. Cuando regresaron a eso de las siete y media de la tarde,
no quedaba ni rastro de sangre en el baño, nada que pudiese hacer barruntar a los chicos
el verdadero motivo del ingreso hospitalario de nuestro hermano.
Les contamos que había sufrido un cólico nefrítico.
Hubo que explicarles con palabras llanas qué era eso.
Chencho aclaró, “como orinar canicas” y aquella escatológica
conversación derivó en todo un galimatías de risas y carreras espantadas por los pasillos.

Papá, pese a su tristeza, esbozó una sonrisa en su semblante arrugado como un pantalón sin
planchar desde la muerte de mamá. Digamos que me pareció que su cara se estiraba como si
mamá le hubiese dado una pasada de urgencia. A mamá se la añoraba siempre, pero en
aquellos momentos Papá aseguraba que habría encontrado la manera de que Gerardo “nunca
hubiese cogido un cólico nefrítico” Carlitos lo abrazó consolándole que tampoco quería
aumentar su colección de canicas con aquellos cólicos de su hermano y de nadie, ya que “en
el bazar chino las vendían casi regaladas” Rompimos todos a reír.

Regresó Gerardo muy restablecido, con un aspecto relajado. Había ganado también
algo de peso y nos pareció más comunicativo. Carlitos le aguardaba con los brazos abiertos
aferrando en una mano la llave de la puerta de la habitación. Se la mostró, como indicándole
que no sólo era muy bienvenido, sino que Papá ya le había levantado el castigo y podía
disponer de su habitación como gustase. “Puedes quedártela de recuerdo. Ya no va a hacerme
falta. He decidido que a partir de ahora voy a mantener la puerta abierta y no sólo eso, tú y
todos los demás podéis entrar en ella y disponer de mis cosas como os plazca.¡ Y mira, os he
traído una bolsa de canicas! Estas no son del bazar chino. He ido expresamente a una tienda
de juguetes maravillosa que hay en un lugar muy escondido, que sólo unos pocos conocemos.”
Nuestros hermanos pequeños abrieron sus ojos como platillos volantes a punto de alunizar.
Nunca habíamos visto unos bolindres tan peculiares, de colores y motivos tan extraños; las
había de vidrio trasparente sin adornos. Otras imitaban los huesos de aceituna, avellanas y
castañas. Las tipo trébol, trasparentes con tres pinceladas de colores en su interior, albergaban
hojas pecioladas casi redondas, agrupadas de tres en tres. Gerardo las bautizó como “canicas
de la buena suerte, de esas que te permiten pedir tres deseos y se cumplen dos” Les previno
que nunca se las llevasen a la boca – las de trébol y ninguna de ellas – porque perdían todo
su poder de encantamiento, ya que mágica era también su procedencia.

Aún así dos días después Cristobalín casi muere atragantado.
Se metió una de las petroleras en el orificio izquierdo de la nariz y se tragó otra de las de metal.
Chencho, experto en primeros auxilios,
porque algún fin de semana ejercía como voluntario de Protección Civil,
le levantó el diafragma con una experta maniobra similar a la de Heimlich
y la canica salió despedida de su boca y salió volando por una ventana abierta.
Aquella parecía haber incrementado su facultad mágica.

Cayó sobre la cabeza cubierta por un sombrerito de piel, - seguramente auténtica y con su
correspondiente forro de algodón - que lucía una señora con turbante. Aquella
mujer parecía haber salido de su casa preparada para acontecimientos como aquel.
No sufrió descalabro afortunadamente. Todos nos asomamos al balcón y pudimos comprobar
como la dama con perrito Shih Tzu se marchaba inadvertida.

7 comentarios:

gemmayla dijo...

Incongruente, maestro:

Ya he corregido el lapsus, pero enderezar los renglones en el word éste patatero que tengo, no hay manera. Lo dejo por imposible.

Confundo algunos nombres Gerardo/Germán, Beatriz/ Begoña, Inés/ Irene...juasjuas padezco dislexia onomástica. Eso me pasa por pretender ejercer el noble arte de la escritura en medio de un guirigay, un griterío y una confusión de casa de locos. Cada vez noto que preciso más silencio, más soledad, más espacio, pero la vida, querido amigo, no me lo pone nada fácil. En los vagones de metro es tal vez donde encuentro esa paz de santuario que preciso y que la vida no me da.

Un abrazo. Siento que se haya borrado con el post tu comentario. Lo siento de veras.

Incongruente dijo...

Pues ya tienes aquí otro, y mejor que el primero: ¡¡Qué pedazo de escritora desperdiciada entre gritos y rumores, entre revuelos y carreras, entre la casa y el trabajo, pero así tendrá siempre más valor todo aquello que escribes!!
Pero cuando te da por los idiomas, ya te me escapas de las manos y me da pena, pues me gusta tenerte entre ellas, simbólicamente hablando ¿eh? no se vayan a molestar algunos.

Gemmayla dijo...

Ha contado Miguel Delibes, en alguna ocasión, que su esposa Ángeles le regaló, cuando sus siete hijos eran chicos y causaban mucho barullo en la casa familiar impidiéndole concentrarse en la escritura, un pequeño estudio. Refiere Delibes que, cuando se vio solo en aquel estudio ante el folio en blanco, no lo puedo resistir. Añoraba el correteo de los niños por los pasillos, el griterío y la bulla infantil.

Creo que algo así me sucedería a mi, si la vida me brindase la oportunidad de concederme un espacio propio y solitario, para cultivar la escritura como Dios manda en recogimiento y silencio.

Entre pitos, campanas y sirenas, uno se enfrenta al folio en blanco como azuzado por un decreto de urgencia.

El lenguaje, ya lo dice Eduardo Punset, confunde. Ya ves, Incongruente, la propia lengua genera unas incomprensiones, unos desencuentros en las relaciones humanas que entran ganas de guardar votos de silencio. Pero la torre de Babel se edificó, creo, para que los humanos entendamos que no tiene sentido la incomprensión y lo ininteligible entre los que hablamos una misma lengua. De ahí mi apetencia por otras lenguas y culturas.

satenight dijo...

vida de varones sin hembras, vida de hembras sin varones, vida de hijos sin padre, vida de hijas sin madre, vida de padres sin hijos.
Hoy al ler tu relato, esperaba que se abriera la grieta y les llevara a todos a ese pedacito de cielo azul cielo desde el que se puede ver cualquier lugar que uno desee ver. Me dió mucha pena que Gerardo, siendo tan fuerte le sangrara la vida por sus venas.
Hoy tengo el corazón en un puño, voy a prepararme para escribir una larga carta, en ella tengo que poner mi corazón para llegar al corazón de alguien que necesita mucha ayuda.
Que se abra esa grieta y nos entre esa luz!!! gracias Gemmayla, y muchas gracias especiales a Travis por sus buenos deseos, voy en busca de esas conversaciones que son tan necesarias con los hijos de cierta edad adulta que ya no permiten que entres en sus rincones , (aunque cogiendole la mano estoy segura de llegar a ese lugar tan solitario)

travis dijo...

Vaya, no sé ni por dónde empezar!
Me admira y mucho, querida Gemma, tu admirable capacidad de montar una historia, usando ese vocabulario tan amplio, rico y preciso. Un don que a otros no nos ha sido otorgado, amiga.
Y escribes en medio de la marabunta!!!
El destino de algunas personas es, como en Gerardo, usar sus propias capacidades, o incluso limitaciones aparentes, en beneficio de los demás.
Su manía por el orden y el secretismo parecen una compensación por la falta de amor.
Ya digo, Xe...supongo que eres consciente de la gracia que sí quiso darte el Cielo. Otros tenemos que conslutar diccionarios de sinónimos -no es mi caso hoy que estoy muy vago- y encontrar el vocablo justo.
Tambien sucede que cuando uno se ve en un ámbito en que reina el arte del buen decir, se ve impelido, sin darse cuenta, a dar lo mejor de sí mismo.
A mí me sucede que cuando hablo con principiantes en la lengua de William Hurt sólo acierto a construir frases cojas, pero cuando me hallo entre doctos anglocabrones, entonces soy locuaz, verborreico y abundante en mis coloquios.
Je,,,me tuviste un buen raro pensando cómo es la "carabuña" de una castaña, hasta que caí en la cuenta de que no tiene ninguna, creo. Porque estoy tan sicotropado que tengo las meninges estériles.
Espero que no trates mal a ese Gerardo. Se ha ganado nuestra empatía.
Cuando yo era niño, a las "marbles" les llamábamos "bolas". Xogar ás bolas. Desde hace ya bastantes años los chavsles les llaman "canicas", que es barbarismo odioso para mí.
Desaparecen las palabras -tantas y tantas en mi idioma- y ello es una metáfora de nuestro paso por la vida.
Me quedo intrigado por saber en qué lenguajes te afanas, según refiere el elegante Incongruente.
Todos mis mejores deseos para nuestra amiga Satén- no por sensata menos dulce que Diciembre.
Me ha encogido, si cabe, más el ánimo. Sé cuánto se desvela una madre por sus hijos. Sólo le doy un consejo, tan inútil como no solicitado, y es que nunca se sienta culpable de los errores ajenos. Eso es añadir una tribulación a otra. Como dice mi álter ego :
"Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios.
Porque la risa del necio es como el estrépito de los espinos debajo de la olla".
Besos para los visitantes de esta tu casa. Muxu bat pa Diciembre y colleja cariñosa pa NoSur. A Incongruente le quito el sombrero. El mío.

travis dijo...

Eh, que se me olvidaba dejar una canción.
"Hubo un tiempo en que yo estuve como tú ahora, y sé que no es nada fácil permanecer tranquilo cuando uno se da cuenta de que algo le está sucediendo.
Pero tómate tu tiempo, piénsatelo bien, considera todas las cosas que tienes.
Porque tú seguirás aquí el día de mañana, pero tal vez tus sueños no".
PAL_HIJO_DE-SATÉN

Gemmayla dijo...

Sin palabras, me quedo Sate y Travis.

Mucha suerte en la composición de la misiva, Sate.

Travis, creo que Incongruente se refiere a la preciosa letra en catalán - porque el mallorquín es catalán de toda la vida - de María del Mar Bonet.

Me encanta la canción. Lo que no entiendo es la conversión al Islam de Cat Stevens. No lo termino de asimilar.

No a la independencia. Sí a un Referéndum legal dentro de un tiempo prudencial que puede cifrarse entre uno o dos años.

Se estima que el 80% de los catalanes tanto del No como del Sí demandamos un Referéndum legal y con todas las garantías. Debe de hacerse en ...