"La gran Galería"

- ¡Toca el violín, Lully!¡Que no pare la música! - ordena El Rey Sol, Luis el Grande.

El ambicioso proyecto de Jules Hardouin Mansart ha cobrado vida al fin. El rey contempla por primera vez de cuerpo entero el talle de su flamante figura. Corre de un espejo a otro a lo largo de la galería. Los cuenta mientras Lully le sigue, entonando una alegre melodía.

-Doscientos treinta......trescientos cuarenta y tres......¡trescientos cincuenta y siete! ¡Trescientos cincuenta y siete espejos para mi solo, Lully! ¡También para tí, canalla! - exclama con una estruendosa carcajada que resuena como el eco de un dios enloquecido - ¡Oh, no, bribón! ¡Para ti los ventanales! ¡Para que te precipites por ellos cuando se te agote la inspiración y ya no me sirvas para nada! - el rey no para de reir y correr. Ahora se ha puesto a danzar. Danza magistralmente. Lully le enseñó.

- Aqui podría reunir a mis esposas, mis amantes, mis hijos legítimos y bastardos y arrojarlos a todos por la ventana. Podría castigarlos a permanecer contemplándose frente al espejo a cada uno de ellos y me sobrarían espejos.

El rey y Lully danzan juntos a lo largo de la galería. Sus siluetas se recortan al filo de los espejos que deslumbran y despiden los rayos del sol matinales que se filtran por los enormes ventanales. El rey se detiene bruscamente y cambia el semblante. Lully sabe que algo le inquieta. Tal vez la firma de un importante tratado con España o Gran Bretaña. Quizás su esposa o alguna de sus amantes le ha causado problemas. Pudiera ser que alguno de sus hijos reclame más prebendas para sí.

El rey se dirige a unos de los espejos y toma con furia el violín de Lully. Arremete contra el espejo y lo rompe en mil pedazos. Recorre la galería hasta la entrada principal y grita:

- ¡Que alguien recoja los restos de espejo roto! ¡Que inmediatamente repongan ese maldito espejo!

Lully toma el violín y toca "Les Amours Déguisés" que tanto apaciguan el ánimo del rey. El rey se derrumba para sentarse abatido en el suelo, reclinando su espalda en uno de los espejos. Lully no se atreve a preguntar qué le sucede, pero sabe que el corazón del rey puede en cualquier momento estallar en mil pedazos. El rey rompe a llorar. Gimotea como un niño. Lully no deja de tocar. Sabe que cuando el rey llora, su corazón, su espíritu se recomponen de nuevo y dentro de unos minutos todo volverá a ser como antes.Lully tendrá ante sí a El Rey Sol, el gran astro que todo lo ilumina.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Baroca, La Isla de Los Que Sólo tienen Un Riñón

La Pasamanería de Madame Pouzieux