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"La toma de la Bastilla"

Napoleón Bonaparte no nació en Córcega. El 15 de agosto de 1769 su madre lo parió sin demasiados aspavientos de dolor, en la cama de su casa en un suburbio de París. La comadrona exclamó "¡Este mozo medirá dos metros!". Fue hijo único porque su padre Carlo Bonaparte abrazó un extraño voto de castidad y martirio que su esposa María Letizia Ramolino nunca llegó a entender.

Napo - asi le llamaban cariñosamente - a los cinco años ya trabajaba para el librero Pasquale Paoli trajinando libros de aquí para allá. Monsieur Maximilien Robespierre, un aristócrata enfermo y ciego, se hacía llevar libros a casa y en cuanto Napo supo leer,- su madre le enseñó a leer, escribir y cocinar con férrea disciplina -obligaba al niño a que le leyese en voz alta la "Historia Universal" de Polibio, las "Vidas Paralelas" de Plutarco, la "Expedición de Alejandro" de Arriano de Nicomedia y a que le preparase un puchero de garbanzos a fuego lento mientras le leía. Al mediodía ambos comían juntos y Monsieur Robespierre acariciándole el pelo, siempre le decía "¡Qué bien guisas y qué bien lees! Tu madre te sabe educar".

Un mal día al aristócrata se le atragantó un huesecillo del espinazo del cocido, que el rapaz le preparó al estilo español, y murió asfixiado. Su rostro se desplomó sobre la pringada de garbanzos de Aquitania, morcilla de Lemosín, chorizo de Borgoña. Napo pensó que se había quedado dormido porque nunca hasta entonces había presenciado la muerte de nadie. Aprovechó para comer doble ración de cocido del puchero de barro y reunir los libros prestados para devolverlos al librero Pasquale Paoli.

Cuando regresó a casa, su madre le dijo que aún no tocaba baño. Napo se bañaba una vez cada tres meses. Odiaba a los corsos y se juró que no se bañaría más hasta que no quedase uno vivo."No te preocupes, mamá, no pienso bañarme en mucho tiempo"

Al regresar su padre insistió una vez más en que Napo debía ingresar cuanto antes en la escuela militar de Brienne-le-Château, graduarse y luego proseguir su formación en la École Royale Militaire de Paris, pero Napo no quería de ninguna manera ser militar. Le apasionaban los libros y quería ser escritor.

Cuando estalló la Revolución Francesa, Napo acudió a la toma de la Bastilla. Los niños como él no portaban nada y Napo gritó, "Tomaremos la Bastilla con las manos al viento y con nuestros dientes arremeteremos contra el poder absolutista" Cientos de manos diminutas ondeaban cual banderas blancas al viento. Napo fue el primero en morder a un noble gruñón y rancio.

Esa misma noche, Napoleón, lleno de magulladuras y rasguños, escribió las líneas de su primera novela. Había nacido un escritor. Esa novela la tituló "Manos inocentes al viento".

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