6 de julio de 2007

Los papeles de Ibrahim Nsué

Ya tengo papeles y comida gracias a una tal Rumí de Emigración e Inmigración. Digo yo que cuando emigra el hambre del estómago, inmigra la prosperidad hacia el espíritu de los hombres de buena voluntad que sólo anhelamos nuestro lugar en el mundo.

Desde que puse mis pies en este país, me he pasado muchas noches en blanco, con las tripas sonando al ritmo de "hip hop", barruntando qué fueron antes los papeles o la comida cuando Dios hizo La Creación.
Si la lógica aplastante te dice que la respuesta es la comida, por supuesto; entonces qué pintan los papeles en todo lo relacionado con el comer, el proceso digestivo o la gastronomía más paupérrima que imaginarse uno pueda.
Ha habido días, los que yo llamo "días sin papeles", en que si he comido algo ha sido por la caridad de las buenas gentes. Ahora que mis días son con papeles, me harto de comer. Me voy con treinta euros a una gran superficie - así las llaman, grandes superficies, no alcanzo aún a entender por qué - y me compro dos kilos de arroz, hígado de ternera para prepararme un buen plato de "suya", carne y especias para condimentarme un buen "kilishi", plátanos y ñame, no siempre fácil de encontrar en esos engendros que llaman grandes tiburones, perdón, quise decir, superficies. La carne de antílope aquí no se encuentra en parte alguna. He preguntado en tiendas pequeñas y grandes. A veces me entran ganas de comerme a alguno de esos que me vocifera a gritos a mis oídos, como si el no entender el idioma fuese equivalente a estar sordo, "¿Dónde están tus papeles? ¡dime, negro! ¡Venga, tus papeles!". Pero entonces pienso que la carne de los que gritan "papeles" ha de ser una carne bien dura de roer. Con este tipo de carne no sale buena la sopa de "egussi" por mucho melón y pescado seco que le eches. También me compro latas de cerveza, pero ninguna marca me convence. Ninguna tiene el sabor de las de mi país.
Aquí en este país dan más importancia a los papeles que al respeto a sus tradiciones y religiones. Alguien me ha dicho, un tal Lletraferit o algo así - no sé, no entendí bien su nombre, tal vez dijera Eid al-Firt - que es tiempo de cuaresma, tiempo de ayuno. Pero yo en este tiempo de "Ramadán cristiano" no veo a nadie ayunar ni privarse de la carne, porque cuando voy a las carnicerías siempre me toca hacer cola y pedir número. ¡Otra vez papeles! ¡Dan números para hacer colas en las carnicerías y en las juntas de distrito para darte los papeles! Menos mal que en las carnicerías no te dicen cuando te toca, vuelva usted mañana porque le falta el certificado de empadronamiento. Esto que trae usted es un volante y no es lo mismo. También digo yo que no es lo mismo la carne de antílope que la porquería de carne que comen aquí, con la que no me sale un "kilishi" exquisito con el que poder agasajar a mis amigos cuando damos fiestas en casa.
Pero no me quejo. Ya tengo papeles. Ya tengo mi buche bien lleno. Mis tripas ya no entonan el "hip hop" de mi tierra, ése que compro a mis paisanos del "top manta" porque los euros no me alcanzan para comprame un CD original de una gran superficie, ese tiburón que alberga en su veintre mucha comida y muchos Cdes.
No me quejo, no. No obstante, algunas noches no duermo. No culpo al hambre ni a los "días sin papeles". No duermo porque me sigo preguntando qué fueron antes los papeles o la comida. Esa es la cuestión.

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