12 de junio de 2009

"La grieta V"






Gerardo, al parecer, quiso instalarse en el apartamento de Gisela, pero, por lo visto, según rumores que le llegaron a Chencho a través de una red bastante complicada de chismes, Gisela se había cansado de nuestro hermano y ahora vivía con un joven egipcio, que conoció en el Teatro romano de Mérida durante la representación de Fedra en el Festival. La princesa cretense trataba de seducir a su hijastro Hipólito en ausencia de su marido Teseo en el escenario emeritense; Gisela se abanicaba, no podía casi respirar por el calor y por la angustia que le producía seguramente la añoranza de nuestro hermano; la relación entre ellos vivía sus momentos bajos. Gisela viajaba sola y el joven egipcio estaba sentado casi a su lado mostrándole su mejor perfil; si tenía otro ella no lo supo ver. Gerardo quiso estropeárselo de un guantazo, pero “la dama con perrito y amante egipcio” había cambiado la cerradura de la puerta y las escasas pertenencias de nuestro hermano estaban depositadas en conserjería. Como él aún era conserje, aprovechó la situación para despedirse dejando una nota que rezaba, “ La plaza que queda vacante es para Sinué El Egipcio hasta que Gisela Waltari se canse de él”.
Nos contó Chencho que un amigo suyo había visto a Gerardo y Mirela durmiendo sobre cartones, yaciendo juntos tumbados sobre el césped del Parque del Oeste. Estaban abrazados y Gerardo reclinaba su cabeza sobre los senos de la rumana como un niño desvalido. Las maletas estaban abiertas con la ropa esparcida por la alfombra de yerba. Los trajes blancos de Gerardo estaban manchados de sangre, de la sangre verde de la murmuración y el bulo, que cualquier noticia falsa acrecienta. Estuviesen o no manchados los trajes de nuestro hermano, el asunto es que no queríamos que papá se enterase. Chencho y yo los buscamos durante dos jornadas por todos los rincones del parque. Por la noche, a eso de la una, los encontramos sentados en un banco comiendo un bocadillo. Mirela dijo, “Te vienen a buscar”. Gerardo respondió, “creo que a ti tampoco te buscan”. Nos sentamos junto a ellos y no fuimos capaces de decirles nada. Chencho al marcharnos se atrevió a recomendarles que buscasen otro parque un poco más seguro y mejor. Mirela despotricó otro de sus refranes rumanos, “Un nebun aruncă o piatră în apă şi zece înţelepţi nu pot s-o scoată.” “Un loco tira una piedra al agua, diez sabios no la pueden sacar”. Gerardo mantuvo sus labios sellados como la concha de una chirla que ni el agua hirviendo puede abrir.




5 comentarios:

diciembre dijo...

Me ha emocionado el consuelo mutuo que se prodigan Gerardo y Mirela, lamiendo juntos sus heridas. Es muy tierno y humano pues todos necesitamos consuelo y calor en nuestras horas bajas. Los abrazos son un estupendo bálsamo para el alma y pueden obrar milagros en momentos de desamor ó tristeza. Cuanto sentido encierra un abrazo ¿no creéis?

En cierta ocasión leí que necesitamos cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho para mantenernos, y doce para crecer. Personalmente creo que mejor no escatimarlos, nunca son demasiados para nadie.

Todos necesitamos alguien que cave nuestro interior.

Aunque sea desde la distancia, os envío un cercano y sincero abrazo, repleto de cariño

Cuidaos mucho, queridos amigos.

gemmayla dijo...

Hola, Diciembre:

Abrazos, besos, arrumacos...la ternura es vital como el aire que respiramos. Hay un momento en la vida crucial en el que todas y todos cruzamos una frontera. Hay quien elige quedarse en el terreno de la fria soledad desangelada, prescindiendo voluntariamente de gestos de cariño, palabras de afecto, ternura...Pero muchas y muchos nos desmelenamos y si antes éramos un poco reacios a prodigar muestras de cariño, ahora de manera deshinibida y sincera abrazamos, tocamos, besamos, achuchamos, pellizcamos, masajeamos la piel... y la afectividad del prójimo sin tapujos y con plena conciencia de que no queremos que luego sea demasiado tarde.

Besotísimos, reina

satenight dijo...

Me da pena que ese amor que prometía tanto quedase en un Gerardo apretado contra el calor del cuerpo de Mirela, como una madre.
Me dan pena los trajes blancos esparcidos sobre el verde de la murmuración...
Había pensado que Gerardo tendría la suerte de vivir algo mucho más verdadero. Pero la Grieta es así de imprevisible...jejeje
Tal vez la parte positiva es que el abrazo de Mirela le lleva a su niñez.
Estoy de acuerdo contigo Gemmayla, cada vez más me gusta acariciar las manos de mis seres queridos, abrazarlos sin barreras, tocarles una mejilla con el dorso de mi mano.
Es extraordinario cuando vences al pudor y tocas la piel del otro sin miedo. Pura energia!!
Besos a todos, en particular a nuestro Travis por si vuelve pronto.

Gemmayla dijo...

Sate, preciosa, cierto, "La grieta" reserva muchas sorpresas para sus protagonistas.

Estoy pelín preocupada por Travis. Se le añora mucho. Espero que esté bien y que pronto regrese.

Smuaquis

diciembre dijo...

Pues si Gemma, yo también espero que todo le vaya muy bien.

Travis, tus ”sisters of mercy”, te echamos mucho de menos...

Un fuerte abrazo!