11 de julio de 2007

"Danza española"


Personas como Goya y Beethoven viven el silencio atronador de la sordera.

Marta vivía ese silencio atronador desde que aquel once de marzo tomó el tren de Atocha y al igual que Goya o Beethoven estaba a dispuesta a ejercitar su talento artístico innato a pesar de sentir dentro de sí una feria de sirenas, timbales y pitidos.

A lo lejos de aquel alboroto de sonidos y vibraciones de intensidad alta, percibía una voz que articulaba su nombre como un vocativo, una llamada de alerta y atención:

-"Marta, baila, baila, No abandones tus clases de danza, La música ´fluirá dentro de ti. Marta, baila, danza"

En la academia al principio los alumnos la recibieron con abrazos y besos y ¡ay, qué alegría saberte viva!. Pero cuando comprobaron su tenacidad, sus ganas locas de remprender sus clases de danza como si nada le hubiese ocurrido, no disimulaban sus miradas esquivas, sus muecas y gestos de desagrado y de alguna manera la marginaban y le daban muestras de indiferencia. Pero a Marta eso le importaba un comino. Su profesora la apoyó y alentó. Sus padres y hermanos al verla tan decidida también.

Marta con la connivencia de su instructora de danza, grababa las clases y luego en casa las veía una y otra vez. Practicaba los pases de la coreografía hasta aprenderlos de memoria a solas en la sala de ensayos, Observaba a los demás. Tomaba notas y apuntes que luego le servían para mejorar su técnica.

Compaginaba sus clases con la terapia auditiva a la que se veía obligada a acudir tres veces en semana desde un mes después del atentado. Sabía que nunca recobraría la audición pero, si cuando menos los médicos conseguían quitarle de la cabeza aquellos pitos y sirenas que le acompañaban noche y día, seguro que agradecería recuperar poco a poco el silencio interior al que todo el mundo tiene derecho.

Si sigue así, Marta será muy pronto la primera bailarina del Ballet Nacional. Ahora sus padres la contemplan bailando en el escenario la Danza Española del Lago de los Cisnes de Tchaikovsky y la madre no puede contener el llanto de la emoción. El padre sonríe orgulloso. El público aplaude como nunca. La prensa una vez más se hará eco del inconfundible talento de Marta para el ballet, Pero ella sólo sentirá en su interior todavía un silencio atronador.

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