11 de julio de 2007

"El hotel de Navacerrada"

El gerente del hotel despotricaba de aquellos que se mofaban del cambio climático. A estas alturas de enero ni una brizna de nieve en las pistas, un sol primaveral desafiante, unas laderas desnudas mostrando ímpudicas el monte de Venus de una arboleda lujuriosa y exultante. Los jóvenes acudían a retozar en vez de esquiar. Sus equipos de esquí se oxidaban en las bacas y portaequipajes de los utilitarios.

El gerente lamentaba que a estos jóvenes se les veía, a estas alturas de siglo, faltos de recursos.Comían bocadillos, copulaban salvajes a la vista de los demás sin ningún pudor y no entraba en su presupuesto de ocio hospedarse en ningún hotel. Todo ello por culpa del cambio climático. Incapaz de reconocer que él también últimamente se alimentaba de bocadillos y latas, incapaz de reconocer que sentía una envidia inquina hacia estos muchachos y que no le quedaba otra que paliar sus instintos con consuelos onanistas virtuales, el gerente se sentía cada vez más solo, amargado y huraño, no porque las gentes huyeran y se escondiesen de él, sino porque el cambio climático propiciaba que las gentes ignorasen taxativamente su existencia. Parecían transitar por delante de la fachada del hotel como si este edificio fuese un fantasma, un fantasma con entrañas trasparentes, un fantasma todo él invisible y por tanto inexistente.

El gerente empezaba a experimentar una sensación vital de inexistencia también. Si no fuese por el chat, los foros y el acceso a internet probablemente ya se habría convertido en un ser extraño, misántropo y loco. Pero si la afluencia de clientes seguía siendo nula pronto tendría que darse de baja de la tarifa plana y vivir aislado, sin teléfono, sin internet y algún día no muy lejano, sin suministro eléctrico. Todo merced a las putadas, si putadas, -para qué andarse con eufemismos - del Señor Clima y sus andropausias caprichosas.

El gerente languidece solo contemplando el paisaje estío por las cristaleras sucias. Corre el mes de agosto. Mañana será el día de la Virgen de La Paloma. Está nevando ahí fuera. Nieva por primera vez en meses, tal vez años. El gerente sale al exterior. Extiende los brazos y con el rostro henchido de felicidad mirando hacia las nubes cargadas a punto de reventar una tempestad de nieve, grita alborozado: "¡Al fin nieva! Inaguramos la tempora de esquí en la Sierra. Voy a solicitar de inmediato darme de alta en el contrato de luz y teléfono. Llamarán y acudirán clientes de todas las edades. He de darme prisa en contratar personal....Al fin nieva!"

El gerente ríe como un loco pero meses después ha recobrado la cordura y ha saneado su economía personal. Ha nevado todo el verano y parte del otoño. Por lo menos este invierno podrá encender el aire acondicionado cuando el termómetro alcance los cuarenta y cuatro grados a la sombra.

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