8 de julio de 2007

"El Centauro"

Su único consuelo era entrar en los foros de internet. Los abarcaba todos -cine, literatura, ciencias, amistad, amor...- como quien quiere abrazar a la humanidad entera, la humanidad virtual, anónima e indulgente.
Si los demás le pudiesen ver, rehuirían su trato y les repelería su presencia porque había nacido deforme e inhumano. Padecía una enfermedad de las denominadas raras. La suya era tan rara como innombrable, incalificable. Al otro lado del teclado algunos sospecharon. Unos pensaron que padecía una especie de esclerosis múltiple. Otros que su fealdad le inhibía y era la causa de que rehuyera todo tipo de encuentro. Pero, en general, nadie le reprochaba nada, porque esas son cosas que en la red pasan desapercibidas.
El tenía la mirada de un centauro. Sus manos no ofrecían dedos, ni falanges, ni palmas, ni dorsos. Tecleaba las letras de su PC con una especie de muñón diseccionado. No cabe explayarse en una descripción pormenorizada de su repelente físico, porque para entrar en los foros todo el mundo sabe que sólo se precisan manos hábiles, mirada infatigable. Nadie lo conoció nunca. Vivía solo en un lugar recóndito y alejado de la urbe. No se dejaba ver. No tenía familia. Sus unicos ¿amigos? eran los de la red. No quería inspirar lástima ni conmisceración, pero si le hubiese gustado recibir un abrazo físico alguna vez. Le sobraban los abrazos y besos virtuales.

El centauro se zampó una fideuá con "ail i oli" a las cinco de la madrugada. Sus hábitos y costumbres no se ajustaban a los de una "vida normal". Podía pasarse tres días enteros ante el ordenador enganchado a los foros sin sentir hambre, sed o sueño. Podía dormir una semana entera con sus días y sus noches. Podía escuchar la misma canción una y otra vez, "Como hablar,...como decirte...que llegaste por casualidad. Como un pájaro de fuego que se mueve entre mis manos...La guerra ha acabado....Aveces te mataría. Otras en cambio te quiero comer...." Podía leer la misma frase de un libro durante veinticuatro horas seguidas. Podía contemplar el mismo paisaje a través del visillo corrido de la ventana durante minutos que se convertían en horas, horas en días, días en meses, meses en siglos. Centauro no veía la vida a través de tus ojos o de los míos. Centauro tenía un solo ojo, pero infinitas miradas. Puedes buscarle si lo deseas, pero tu búsqueda será en vano. Nadie le ha visto nunca. Nadie sabe de su paradero. Un detective privado, un policía y un espía político se confabularon mediante una trama urdida en los rincones oscuros de la red para intentar localizarlo, descubrir su paradero y sacarlo de su ostracismo, pero de estos tres pobres diablos nunca más se supo. THE END.


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