"El sueño de Ulises"

Con el paso del tiempo, con los años, nos vamos percatando de que el Fururo Perfecto no existe. Tampoco existe el Pluscuamperfecto. La vida nos presta con alto interés de usura un futuro imperfecto e inmediato que pronto caduca, que demasiado pronto se esfuma.


"Cuando tú vas, yo vengo de allí..." Si me dices que me esperas en la próxima estación, yo tal vez ya esté de regreso y tu vagón de tren no me lleve al destino que yo anhelo. Estos desencuentros me aniquilan poco a poco. Pierdo el norte de mi vida. Tu norte está bien definido y trazado, pero el mío no tiene contornos, carece de mojones y cunetas. En definitiva, no tengo claro a dónde voy. Tal vez me dirija al Sur, ese Presente luminoso y meridional, henchido de luz y alegría. Pero es que me canso de tanta alegría, de tanta charanga y pandereta hueca.
Me dices entonces que has sacado billete para el Norte, esa flecha cargada de futuro y yo te respondo que me asustan las cosas perfectas, redondas y de aluminio. Y en el Norte, en el Futuro, siempre hace un frío que pela, y , mira, tú, a mi me gusta ir ligerito de ropa.
El Este, futuro imperfecto donde los haya, no me place tampoco. Ahí te ponen un uniforme y un señor con un silbato te dice que yo tengo que ser igual que tú y tú igual que yo y nosotros iguales que ése cretino de enfrente. Me dices que en las tierras del Futuro Imperfecto es donde las golondrinas se desorientan y los niños tosen esputos de agonía y amanecen en los estuarios convertidos en delfines muertos. Mal me lo pintas, amigo, ¿quién quiere ir ahí? Tal vez ese fulano que no encontró su brújula.
Decides de una vez por todas embarcarte hacia el Pretérito Perfecto, El Oeste Cardinal, referente de todos los cardinales y futuros. Tal vez vaya contigo, pero ¿deberé escuchar de nuevo aquella sonata nostálgica que casi supuso la perdición de Ulises? Me respondes que esto será lo más probable. Entonces decides partir solo y nuestra despedida es lo mejor que me ha sucedido en mucho tiempo. Te añoraré y esta añoranza me mantendrá vivo.

El mañana no existe en mi hoja de ruta porque me tatué una vez "Carpe diem" alrededor del ombligo, allí donde otros se insertan un pendiente. Pierdo todos los trenes y las estaciones son lares confortables donde pasar una noche o dos a lo sumo. Y alguien me susurró una vez al oído que "el tiempo se deja ver sin cuco que lo espante". Yo lo espanto permaneciendo inmóvil como un lobo ante el dolor y el placer.

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