27 de julio de 2007

"Ulises Odiseo, rey de Ítaka Desierta"

Ulises Odiseo tomó el ferry desde la isla de Kefalonia para arribar a su isla natal, Ítaka. Sus intenciones eran subversivas y terroríficas. Pretendía convertir, desde Frikes en el norte hasta Perachori en el sur, su querido terruño en una isla desierta. Ulises Odiseo residía la mayor parte del año en Europa, entre Roma, París y Madrid, pero cuando llegaba el verano, le gustaba visitar a su anciana madre Anticlea, a su ex esposa Penélope y al hijo de ambos Telémaco. Con ellas se sentía agasajado y muy mimado y querido. Aprovechaba esta ocasión para dar sabios consejos paternos a su vástago, consejos que éste guardaba en el Word de su ordenador personal para revisarlos de vez en cuando y no aplicar en su vida ninguno.

Ulises Odiseo deploraba el aspecto quincallero que iba adoptando su querida isla de año en año. El turismo arribaba a la isla como una avalancha roedora, como un alud de monstruos marinos que le recordaban replicantes de Escila y Caribdis a pequeña escala pero multiplicados por millares, y este despropósito había que paralizarlo a cualquier precio.

Con ardides y engaños convenció a su familia para que ese verano visitasen por fin la Torre Eiffel de París, porque no había un dios que consiguiese mover a aquellas mujeres apegadas a su casa y a su tierra como dos moluscos gasterópodos asidos fuertemente a las rocas de las costas, “¡Sois peores que la ninfa Calipso, cuando retenéis algo no lo soltáis!” En cuanto a Telémaco, se mostró encantado de acudir a un festival internacional de Heavy que ese año transcurría en el Auditorio de la Macarena en Granada. Su padre, como siempre, sufragaría todos los gastos.

Despejada la isla de seres queridos, Ulises Odiseo, disfrazado de mendigo harapiento y desarrapado, tomó el ferry, cargando en sus alforjas suficiente munición como para espantar a los huéspedes de mil complejos hoteleros. Sabía que no haría falta emplearla toda, pero la pondría a buen recaudo por si su plan se venía al traste.

Convertir Ítaka en una isla desierta para uso exclusivo suyo y de su familia, no le supuso a Ulises Odiseo mucho esfuerzo. Imaginó que los complejos hoteleros eran enormes Cíclopes – en concreto al Hotel Mentor de Vathi lo bautizó Polifemo- y que sus huéspedes eran pretendientes de su ex esposa Penélope – Ulises Odiseo era un poco como el perro del hortelano: que no comía ni dejaba comer. Penélope no encontraba novio ni harta de Retsina.-

Las autoridades griegas atribuyeron a grupos aislados, a alguna célula independiente de la rama más radical del fundamentalismo islámico, los numerosos atentados que se sucedían en la pequeña Ítaka que espantaban a propios y extraños. Las oficinas de turismo colgaron el cartel de “Closed” – en inglés, porque el griego moderno no hay un Zeus que lo entienda – y poco a poco Ulises Odiseo pudo retornar a su patria. Aquello supuso una reconciliación definitiva con la bella y ya madurita Penélope. Incluso decidieron tener un par de hijos para poblar la isla endogámicamente con el permiso de Telémaco, que aprovechó la coyuntura para instalarse en España, país en el que, según él, “se vive de putísima Penélope”.

Ulises Odiseo podía por fin aspirar a una jubilación tranquila, apacible y gozosa. Ïtaka al fin le pertenecía por derecho propio. Las autoridades griegas poco a poco lo fueron aceptando y un buen día lo coronaron rey.

¡ Y Ulisín Odiseado, esta fábula se ha acabado...!

2 comentarios:

Travis Rabbit dijo...

Gemma:
Sabor muy mediterráneo de tu blog.
Abres las ventanas y te salpican la espuma y esa luz que irradia la obra pictórica de Alex.
Luego te dan la bienvenida todos esos nombres con resonancias homéricas (Ariadna, Héctor), helenísticas (Alex) o almogábares (Roger).Y en el corredor te topas con Odiseo dispuesto a recaer en los brazos de Penélope.
No sigo.Se me ha llenado la boca de sal. A fuerza de mil venturas, tu obra es profunda y diáfana.(No rima, ni falta que hace).
Ojo, te leo. ;)
Travis

Anónimo dijo...

Travis:

Este relato se lo dediqué a Bernardo Souvirón Guijo, un profesor de griego y latín, que todos los lunes de madrugada en el programa de Radio Nacional presentado por Manuel HH, "De la noche al día" nos cuenta anécdotas de la cultura clásica, nos introduce en su cultura...Su voz, versada y cálida, nos traslada a la Grecia Homérica...El día que le dediqué este relato, contó su último viaje a Ítaka, una isla que aún no ha sido descubierta por el turismo masivo...Cuando escribí este relato sobre un Ulises beligerante, dispuesto a impedir que tal cosa suceda alguna vez, no imaginé que unos días después el Peloponeso ardiera como lo ha hecho....Lamento que la especulación inmobiliaria y turística vaya ligada al "terrorismo ecológico". Lo lamento porque lo primero me parecía un soberano acto vandálico y lo segundo, los incendios provocados, un delito monumental. Unidas ambas fechorías alcanzan la categoría de crimen de lesa humanidad y a uno se le quitan las ganas de viajar y hacer turismo...Pero, el ser humano sin escrúpulos es así. No tiene remedio.

Amigo Travis, tus palabras me han tocado el corazón...como siempre.

Un abrazo

Gemmayla