27 de julio de 2007

"Rojo, el instalador de aire acondicionado"

Me llamo Rojo. En realidad mi nombre es Carlos García Vázquez, pero alguien una vez me apodó "Rojo" en alusión al peculiar rubio de mi pelo crespo, ensortijado y tan encarrujado, que mi madre de pequeño casi nunca me peinaba. Decía que pasarme el peine por el pelo era como trillar más paja que grano de las mieses tendidas en la era del abuelo Tomás.

"¡Rojo, Rojo" me gritaban los chavales en el colegio, en el parque, por la calle..Se extendió este mote como un reguero de pólvora y cuando me quise dar cuenta, me lo decía a mí mismo con toda naturalidad ante el espejo, como si tal cosa, y difícilmente recordaba cuál era mi verdadero nombre.

"Rojo" me llaman todos en la edad adulta, y ahora, a punto de cumplir cuarenta años, me ha dado por meditar y cavilar hasta que punto este epíteto tan encarnado me ha cambiado la vida.

En algunos lugares muy concretos, se me han cerrado puertas, porque los encargados de custodiar su entrada han prejuzgado que mis ideas políticas son de la izquierda recalcitrante. ¡Nada más lejos! Me tengo más bien por un tipo pequeño burgués, sin mayores aspiraciones que las de sacar mi simple y sencilla vida de técnico de reparación de aparatos de frío y aire acondicionado hacia adelante como cualquier mortal pequeño burgués. Pero, en general, he disfrutado de las ventajas más que de los inconvenientes que me ha propiciado aquel segundo bautizo, fortuito y casual. Creo incluso que en la época estival, cuando arrecia la ola de calor y el termómetro alcanza los cuarenta grados, supone un reclamo publicitario llamar al teléfono que reza en mi tarjeta y en mis folletos publicitarios, "Me llamo Rojo e instalo todo tipo de aparatos de frío y aire acondicionado. No espere a que el calor le haga la vida insufrible. Permítame que cancele su último encuentro con el calor canicular."

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