17 de diciembre de 2007

"Divagando futbolísticamente, que es gerundio también"



¿Por qué los partidos de fútbol generan tan pocos goles? La media mundial se suele cifrar en dos coma cincuenta tantos por partido. Este es uno de los grandes arcanos del legendario y honorable juego del balompié.

“Papá, papá, ¿por qué Messi sólo marca uno o dos goles en un partido y yo soy capaz de chutar hasta cinco en los partidos de la liga escolar?”

“Porque Messi es sin duda uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, pero tú llegarás a ser alguien excepcional en la vida, dentro y fuera del terreno de juego, dentro y fuera del campo de césped.¡Ya lo verás!” –Cuando los padres ponen tan altas esperanzas en sus hijos, no se engañan a sí mismos y a sus retoños. En realidad, no engañan a nadie. Forma parte de la propia ilusión de ser padre. ¡Y algunos padres no iban desencaminados! El padre de “El Pelusa” debió presentirlo como una premonición de voluntad divina y sobrenatural. Y el de Ronaldinho que no sobrevivió mucho para deleitarse con las victorias de su hijo por una prematura muerte. ¡Los infartos parricidas no son extraños cuando los hijos se tuvieron predestinados y elegidos para la gloria! No sabemos bien por qué el fútbol genera tan falsas expectativas en los padres. Alimenta la ilusión de la mayoría, y la decepción y el desencanto no hacen mella nunca porque el fútbol para bien o para mal presidirá todos los puntos de encuentro y desencuentro filiales. Hay padres e hijos que sólo son capaces de mantener una conversación de más de un minuto si ésta gira y versa sobre el fútbol. Conocí a un padre y a un hijo que se reconciliaron en el lecho de muerte del padre en el hospital, tras más de veinte años sin hablarse, ante el televisor que retransmitía la final entre Francia e Italia de la Copa Mundial de la FIFA. Perdieron los franceses y eso colmó de alegría a estos dos seres irreconciliables que pensaban diametralmente diferente. Pero el odio mutuo hacia lo franchute, disipó la ira enquistada.

Otro de los imponderables del fútbol es la alquimia del “Once”, que raya el descubrimiento de la panacea universal y de la piedra filosofal. Once son los jugadores. Once los kilómetros de media que se sudan en un partido. Once cuando menos las lesiones importantes a las que se enfrenta cualquier jugador, desde las roturas de meniscos a los desgarros musculares y ligamentos cruzados a lo largo de su vida deportiva. Once la temperatura en grados centígrados ideal que debe reinar en el campo para que los jugadores sientan que juegan en las mejores condiciones. El calor del público es importante, pero el cambio climático cobra nivel de catástrofe centrocampista si las inclemencias meteorológicas arrecian. Once amigos se reúnen en casa de uno de ellos para tomar unas cervezas ante el partido del fin de semana. Once, las matemáticas no fallan. Si aparecen por algún casual imprevisto amigos que no habían sido invitados o las novietas de alguno de ellos, las cosas pintan muy feas ese aciago día. Es la preciosa alquimia futbolera que muchas madres y novias no alcanzamos a vislumbrar:

“¡Mamá, mamá! ¿quién ha sido el mejor jugador de todos los tiempos?”

“No sé, hijo, pregúntaselo a tu padre que es el único que sabe sólo de estas cosas. Todo lo demás me lo puedes preguntar a mi.”

2 comentarios:

Durrell dijo...

Lo que genera esto del futbol cada día lo entiendo menos. Pero esa madre contestando al niño me gusta mucho. Por el amor que pone en sus palabras.

Gemma he pasado a desearte Feliz Navidad, espero que disfrutes de estas fiestas que seguro tienes muy merecidas. Ya sabes, en compañía de esos amores que tienes junto a ti.

Un beso :)

gemmayla dijo...

Hola Durell:

Muchísimas gracias !!!

Deseo de todo corazón que tengas unas felices fiestas navideñas y que el 2008 venga cargado de ilusión, salud, paz y prosperidad para ti y todos los tuyos.

Smuaksssssssssssss

Gemmayla

Vamos a cantar y a rezar para que llueva en España....

Hoy se celebra el Día Europeo sin coches. Yo me quité el coche en 2008 y ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. Me muevo por Madr...