23 de enero de 2008

La carta"

"La carta"



El cartero llegó a la aldea de Praimbra a primera hora de la mañana recorriendo el itinerario de siete yardas que le separaba de la estafeta de Laire, camino que solía hacer a ratos a pie y la mayor parte del trayecto en la vieja bicicleta – que se resistía a cambiar por otra flamante - de piñones dentados desgastados y cadena oxidada, que rechinaba como una fritanga de tocino en la sartén.

Desde la colina, que ponía punto y aparte al camino, que luego proseguía hacia la aldea de Saimbra, se divisaba la casa de la viuda Dolores, una mujer que perdió al marido siendo ambos tan jóvenes, que de siempre se la recordaba entre el vecindario por su condición de viudez, como si unos ángeles la hubiesen depositado en su cuna natal siendo así de tal guisa, viuda de nacimiento.

“La Dolores” aguardaba siempre la llegada de Pedro, el cartero, con el café de puchero rezumando su delicioso aroma por los poros de la vasija de barro puesta al fuego y las tostadas de pan de hogaza a la lumbre en una sartén dorándose lenta y pacientemente. Como venían haciendo desde hacía treinta años desayunaban juntos y ninguno de los dos recordaba bien qué día dejaron de hacer el amor en cualquier rincón de la casa con el delirio furioso que prodiga lo furtivo. No lo recuerdan porque probablemente se les apagó la pasión entre las líneas tediosas de aquella correspondencia aburrida que llegaba de lugares remotos para recordarle a “La Dolores” los impuestos y las tasas que debía pagar sin regalías ni dilaciones.

Pedro sabía que era portador de malas noticias aquella mañana porque no había podido resistir la tentación de abrir la carta dirigida a Dolores procedente del Hospital Provincial de Lugumodre, anunciándole que padecía una enfermedad grave que requería urgente ingreso hospitalario y tratamiento muy costoso. Pedro hizo casi todo el trayecto a pie, intentando demorar la llegada al caserón destartalado. Dolores le preguntó cuando llegó al fin, por qué había tardado más de lo habitual, recordándole cual esposa desairada, que si se entretenía tanto por el camino ella se llenaba de preocupación, imaginando que le hubiese podido suceder cualquier cosa mala. Con solo ver el ceño fruncido de Pedro y su semblante entristecido, Dolores sabía de sobras lo qué sucedía. Todo seguía un curso lógico y natural. De la pasión desaforada de juventud, las cartas de contenido arrobado que Pedro le escribía en sus ratos libres bajo el almendro en flor para luego leérselas en su casa a la hora del desayuno, habían pasado a una calma chica y aburrida como la propia correspondencia gris que le llegaba a Dolores de cualquier parte para convertirse de repente en un correo de malas nuevas, que les intimidaba y encogía el alma. Dolores, lejos de desesperarse, había optado por la indiferencia más plácida y recibía a Pedro con una sonrisa dibujada en su rostro que a Pedro le conmovía. Sentía renacer la pasión de antaño, pero se reprimía por respeto a Dolores, que parecía la viva imagen de una María Santísima embellecida por canas y arrugas de una edad ambigua, imprecisa y etérea.

Pedro no tuvo que verse en el trance de llamar a la puerta de Dolores porque ella se le adelantó y le abrió presentándose ante él acicalada con su mejor vestido, con la melena suelta y sosteniendo una taza de café caliente entre sus manos:

- “ Rompe esa maldita carta en mil pedazos hasta hacerla añicos cuando llegues a Saimbra y arrójala al río, que no quiero saber de su contenido. Entra. Desayuna conmigo. A partir de hoy haremos el amor como cuando nos conocimos aquella preciosa mañana en la que me trajiste una carta que me había escrito una prima lejana y me la leíste en voz alta porque yo te confesé muerta de vergüenza que era analfabeta y que nunca había tenido ocasión de acudir a la escuela. Ahora entiendo porque nunca me propuse y quise aprender a leer y escribir.

2 comentarios:

Kamikase dijo...

Me encanto tu historia, un bello relato, triste y melancolico, pero hermoso.
Un abrazote.
Felicidades en este año que recien comienza, y ojala lleguemos al proximo airosos, sin mayores contratiempos ni penurias.
El kami...

gemmayla dijo...

Hola Kami:

Alegría enorme verte por aquí !!!

Deseos de dicha, paz, salud, amistad y todo lo mejor para ti, Lollita y todos los tuyos.

Un besotísimo !!!

Smuakssssssssssssss

Gemmayla