" Flora Tristán, Paul Gauguin y Los Mares del Sur "


Tu abuela, Paul, no conoció Los Mares del Sur. Por no conocer, tampoco conoció a su padre. Dicho estrictamente tu bisabuelo no la reconoció como legítima hija porque era un coronel arrogante peruano arequipeño de la armada española con muy malas pulgas xenófobas. Pero Simón Bolívar frecuentó su casa, chínchate, Paul. Y después de eso el gran salto en pértiga de la riqueza a la pobreza. Entonces tu abuela con sólo diecisiete años ingresó en un taller de litografía y pensando medrar su fortuna y reputación se casó con su jefe, el dueño de la empresa, tu abuelo. Tu abuelo, querido, fue un maltratador de tomo y lomo. No contento con repartir hostias, golpes, bofetadas, puñadas a tu abuelita, le disparó en plena calle y la dejó muy maltrecha para los restos. No obstante se lió la manta a la cabeza y regresó al terruño natal para reclamarle al tío Pío Tristán la herencia paterna y no le fue mal la cosa porque no lo logró, pero le asignó una pensión mensual. Toda aquella aventura parental la contó en "Peregrinaciones de una paria". Tu abuela, Paul, ya tenía conciencia de clase, de clase desfavorecida, me refiero, por los cuatro costados, los cuatro puntos cardinales de la dinámica vital: rechazada por su condición indígena, rechazada por ilegítima, por mujer, por trabajadora.

Tu abuela, Paul, vivió poco. El tifus se la llevó entre postraciones y delirios, entre soflamas subversivas, panfletos incendiarios. Una llamarada se prendió en su lecho cual antorcha que ilumina la posteridad. Tu paleta colorida alberga la intensidad de su color. Contemplo tus cuadros, Paul y me viene a la imaginación la pequeña estampa de Flora Tristán embarcándose en una larga travesía hacia los Mares del Sur con la única finalidad de tu encuentro.

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