19 de noviembre de 2008

"Rabos de lagartija" - Homenaje a Juan Marsé -

Este rabo espantadizo que tengo tiene más vidas que los gatos. Los piratas de Columbrete Grande matan las horas persiguiendo cormoranes moñudos y lagartijas. A los primeros los agarran del pescuezo hasta estrangularlos y a nosotras, las lagartijas, nos cortan el rabo. No consiguen matarnos, no tanto por nuestra destreza en la escapatoria sino porque no se lo proponen con ese fin. Pasatiempo absurdo donde los haya, cortar rabos de lagartija se ha convertido en patente de corso aquí en este islote. No sé si preferir a los bereberes o a sus esclavos. Unos me arrancan la cola y los otros pagan sus desgracias y sufrimientos intentando capturarme para convertirme en su bocado. Esto otro casi lo puedo entender. Los mantienen a pan duro y agua sucia. Le escuché decir a un cautivo que las lagartijas asadas con sal y pimienta son exquisito alimento para acallar los gritos del hambre. No me he visto aún en ese lance y las que lo conocieron no regresaron para contarlo.
Por aquí ha pasado hace unas semanas “El Manco de Lepanto” a bordo de la galera Sol, poco antes de ser capturado por los turcos en Palamós. Tuvo suerte en Columbrete Grande. No había moros en la costa. Se libró por los pelos. Los bereberes se ausentaron unos días con los cautivos. Pensamos que podríamos respirar tranquilos cormoranes moñudos y lagartijas, pero Noooo. Rodrigo, el hermano de El Manco me cortó el rabo con la saeta de su ballesta. Primero lo intentó con el madero de un arcabuz. El Manco le espetó: “¡Pero qué bestia eres hermano!¿Qué adelantas con esa distracción? Mas te valdría entretener tu tiempo en recitar romances.” Lamenté que El Manco no se quedara en la isla para defendernos de bereberes, cautivos, españoles y desaprensivos en general. Cuando recibí la noticia de su cautiverio, derramé cuatro lágrimas más de salamanquesa que de cocodrilo. Lo lamenté, en serio. Aquel tipo me cayó simpático. Pero el respiro duró bien poco. Aquí tenemos el peñasco otra vez invadido de corsarios y piratas. Esta vez los moriscos han traído argelinos y tunecinos y sus galeras rebosan de oro y alhajas de un suculento botín robado a la orden de los Mercedarios. Los mercedarios prestan votos de obediencia, pobreza, castidad y a “estar dispuestos a entregarse como rehenes y dar la vida, si fuese necesario, por el cautivo en peligro de perder su fe”. A estos cuatro votos debieran añadir el de “la prohibición de cortar rabos de lagartija”, porque, ¡hay que ver como les place a estos cautivos torturarnos!¡Más que a los sarracenos, si cabe!” Presumen de redentores. Se atribuyen centenares de redenciones y miles de redimidos. A algunos les gustaría alcanzar la condición de mártires y santos, como lo llegaron a ser San Serapio y San Ramón Nonato. Pero yo, desde mi corta capacidad de entendimiento, me pregunto:

- Si existe Dios, ¿por qué no muestra clemencia y aplica salvación a los rabos de lagartija?

4 comentarios:

diciembre dijo...

Hola Gemmayla,

Supongo que ésta sociedad muchos somos cómo ésas lagartijas, nos cortan el rabo una y otra vez, pero continuamos sobreviviendo y saliendo adelante. Tal vez por ello me caen tan bien éstos animalillos. Tenemos que educar a nuestros hijos en el respeto y la tolerancia, comenzando por la propia naturaleza y los seres vivos, supuestamente, más insignificantes.
¿Sabes?, en el colegio dónde asisten mis hijos, todos los años se organizan divertidas e instructivas excursiones al monte, para padres e hijos. Alguna vez he tenido ocasión de coger alguna lagartija, con mis manos, para regocijo de pequeños (y espanto, supongo, de más de un/a, padre/madre). Les he instado a acariciarlas y respetarlas, en especial cuando alguno de ellos, en su infantil e inocente crueldad, me ha jaleado para que les corte el rabo.
Te aseguro que éstas pequeñas experiencias de vida y respeto, me aportan muchísimo Gemmayla, en nuestro comportamiento con la naturaleza reflejamos muchas veces, el que llevamos a cabo en nuestra sociedad.

Besos, cielo!

PD.: Por cierto que debo de tener alguna fotografía de uno de éstos animalillos en mi mano, por ahí. Si lo deseas puedo enviártela, seguro que a Héctor le divierte tanto cómo a mis hijos cuándo las ven.

gemmayla dijo...

Hola, preciosa Diciembre:

Nos vamos acercando a la onomástica de tu nombre bien abrigados. Ya llega "diciembre" como metáfora de un invierno nuevo.

Creo que eres la única persona que ha entendido el significado de este relato. Lo escribí pensando en el colectivo de escritores y por extensión, de los artistas en general. Dicen por ahí las malas lenguas que los escritores son la peor casta, de la peor ralea. Saramago en la entrevista que ha dado en el suplemento de ELPAIS dominical, lo reconoce con amargura. Creo que esto - panorama triste y deplorable - es especialmente cierto en nuestro país. Mi hijo me dice que ha dejado de participar en foros artísticos españoles porque se hace intolerable la falta de respeto y crispación que rezuman esos espacios. Asegura que en foros internacionales, el respeto y la admiración prevalecen por encima de cualquier disparidad o discrepacia artísticas.
No sé que nos sucede a los españoles !!! Seguimos con esa envidia, ese odio injustificable enquistados en nuestro espíritu.
Creo que todo el mundo tiene derecho a cultivar el talento artístico y creativo. Unos lo convierten en su medio de vida, alcanzan reconocimiento social, otros nos limitamos a desarrollarlo como una afición, que no sólo nos ayuda a sacar "el artista" que llevamos dentro, sino que nos permite resarcirnos de las actividades tediosas y aburridas de nuestras vidas, de los sinsabores, de la rutina diaria.
Creo, Diciembre, que si no pudiese escribir, si algo o alguien me lo impidieran, caería en la desesperación.
Frecuento varios foros o espacios virtuales literarios. Uno de ellos está lleno de "trolls" o "troyanos" que pretenden frustrar esperanzas y dinamitar nuestras ilusiones. Pero los que llevamos en ese lugar casi desde sus inicios, nos resistimos a abandonarlo y parecemos "lagartijas" a las que constantemente nos cortan "el rabo". Esta mutilación no es tal porque "la cola" nos vuelva a salir. Es decir, nadie consigue frustrar nuestros anhelos. Pero, creo, Diciembre, que en general, todos nos hacemos daño en ese mundillo, hasta los más ecuánimes, educados o respetuosos. Porque es un mundo realmente mezquino. Te aseguro, Diciembre, que he frecuentado distintos colectivos a lo largo de mi vida y nada comparable al de los escritores. Me recuerda bastante a la película "Amistades peligrosas" o a la "amargura" que tantas veces cita ORHAN PAMUK en sus libros, cuando quiere resumir certeramente qué el sugiere la decadente Estambul. Pozos y minas de amargura. Creo que lo propicia la propia literatura. Es así y creo que siempre será así.
Los y las escritores somos bichos bien raros. Excéntricos. Somos como las lagartijas de esta sociedad.
Me encantaría que me enviaras la foto, gemmayla@terra.es

Un besotísimo, reina.

diciembre dijo...

Hola Gemmayla ;-)

Comprendo lo que quieres decir, opino que en éste país sobra hipocresía a raudales, y no sólo en el ámbito literario ó artístico en el que vosotros os desenvolvéis. Ejemplo de ello son nuestros políticos, los cuales se dedican a “despellejarse” mutuamente, creando frustración y desánimo, en vez de trabajar y conseguir resultados que hagan que muchas recuperemos una cierta confianza en ellos. Eso sí, acto seguido posan sonrientes, dándose un “cordial” apretón de manos, en fin.
Cuándo veo este tipo de imágenes en las noticias de la tele o en prensa, suelo preguntarme que es lo que realmente pasa por sus cabezas en ése momento y a quién pretenden engañar con ello. Pero bueno, olvidaba que soy demasiado idealista, y que estas cuestiones, desgraciadamente, forman parte del sucio “juego” social que nosotros mismos hemos creado.

Vivimos en una sociedad dónde la envidia, las zancadillas, ó las puñaladas traperas, son el pan nuestro de cada día. Todo esto, tristemente, nos obliga a educar a nuestros hijos en una cierto grado de desconfianza hacia los demás, en un afán de anticipada protección sobre su futuro. Pero si hay algo fundamental que no olvido transmitirles día a día a mis hijos, es el valor de la amistad sincera, siempre les digo que es una de las cosas más valiosas que puede tener una persona, incluso más que la play station, que le digo yo bromeando, a mi peque… Tampoco debemos olvidarnos nunca de estimular nuestro sentido del humor, procuro que tampoco falte en casa…


De cualquier modo decirte, Gemmayla, que me encanta tú “contraataque” a todas ésas falsedades, a base de ésa honestidad, optimismo y alegría, de los que haces gala en tu blog. Lo veo algo así cómo lanzar rosas a los que te disparan flechas, y esto requiere una gran dosis de humanidad, generosidad e inteligencia emocional.

Y estarás de acuerdo conmigo en que afortunadamente siempre nos quedarán ésas personas estupendas, auténticas, que las llamo yo, las que ya están instaladas y las que van llegando a nuestras vidas, y que en definitiva son las que estimulan nuestros mejores valores humanos y nos reconcilian con el mundo ¿no crees?.

No se si te lo he comentado en alguna otra ocasión, pero cómo mi cultura literaria es bastante escasa, es un placer pasar por aquí. Yo voy tomando nota de ésas cosillas tan interesantes que cuentas, me estimulan y hacen meditar, vamos, más que el Brain training, ése, jeje


Besos, cielo!!

gemmayla dijo...

Hola Diciembre:

A mis hijos les digo que presten mucha atención a sus amistades. El cuento de Pinocho les ha ayudado mucho de chicos. Admiro en ellos cómo han sabido escoger a sus amigos. Los amigos de mis hijos son personas estupendas y deseo de todo corazón que siga siendo así. Sé que conocerán alguna vez traiciones y desengaños. Eso es inevitable. Pero si les enseñamos a nuestros hijos a ser muy rigurosos a la hora de escoger a sus amigos, esos "desengaños" les causarán menos daño y dolor.
Creo, Diciembre, en contra de lo que se pregona por ahí que hay una juventud estupenda. Lo que pasa es que los "garbanzos negros" destacan mucho y hacen mucho ruido, pero sin duda alguna la gente es hoy en día mejor que antes. Veo a mis hijos mejores personas que yo porque han tenido mayores oportunidades para realizarse. Veo un mundo mejor, pese a la crisis y a los que cultivan un talante pesimista.

Más besos

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