Aquella mañana Darío se levantó temprano para acudir puntual a la oficina del paro evitando las largas colas que le habían advertido.
Durante años había trabajado de mozo de almacén de una empresa de logística en turno de tarde y no conocía el madrugar. Le costó mucho desperezarse y mientras intentaba sacudirse el entumecimiento y las legañas pensaba en todos aquellos que aún conservaban su trabajo y debían levantarse muy temprano venciendo esa misma sensación de desvalimiento que ahora le embargaba. Pero no hay cosa que se resista a una buena ducha y un delicioso café con tostadas.
Cuando puso el pie en la calle y a paso decidido anduvo el trayecto de un par de manzanas, le llamó la atención que no se hubiese cruzado con nadie. Tuvo la sensación de transitar una ciudad inhabitada. Nada que ver con el bullicio y la vida despierta que le había ofrecido durante todos aquellos años el turno de tarde. En los vagones de metro tampoco coincidió con nadie. Se empezó a mosquear un poco. Nadie en las taquillas. Nadie por los vestíbulos. "Tal vez se han quedado todos en el paro como yo y coincidiremos a la cola de una larguísima fila" musitó en voz alta para tranquilizarse.
Llegó por fin a aquella dichosa oficina de empleo, emplazada en un polígono industrial remoto, donde llegaba la línea de metro como un prodigio de la naturaleza divina antes que humana. Se quedó de piedra cuando en vez de personas aguardando en las filas kilométricas de aquella oficina del INEM, se topó con una multitud de botellas, en apariencia de cristal, de casi dos metros de altura que parloteaban un lenguaje ininteligible y movían con aspavientos una especie de extremidades superiores trefiladas como alambres. Ante aquel espectáculo inverosímil quiso huir, echar a correr, pero cuando lo intentaba, se vió rodeado por una muchedumbre de aquellos seres de cuello estrecho sólo cubiertos por etiquetados de distintos tamaños, leyendas y colores. Unos le agarraron por las piernas, otros por el torso, mientras el que parecía líder o ser destacado de aquel grupo tiraba de su cabeza como queriéndo desenroscarla. Pudo ver, entre el gentío, cuerpos amontonados sin vida en un rincón a los que les faltaba la cabeza. Antes de ser desmembrado por aquellos individuos en apariencia quebradiza, pero fornidos como bueyes, supo que le estaban "descorchando" como a una botella de vino y que a continuación, seguramente, tomarían "el contenido". Algunos de aquellos seres mostraban restos de sangre en sus bocas. Las identificó como antesalas del tubo digestivo porque por ellas gesticulaban aquella jergigonza hueca, retumbante, que se expandía como un eco de multitud de copas brindando entre sí.
Comentarios
Creo que me he ido por los cerros de Ubeda, sorry. Decirte que resulta demoledora tu surrealista 'puesta en escena' de éste asunto tan a la orden del día, me ha puesto los pelos como escarpias…Mi chica, eres la Dalí de los relatos, conste que Dalí es uno de mis pintores favoritos…
Un abrazo!
Deberías soñar cosas más inocentes .Como dice Diciembre has pintado un cuadro surrealista,una boca que devora en un interminable agujero negro, una pura pesadilla de mala noche! Bebe agua y cambia de lado,un besito dulce para acompañarte...
EL libro de Frank McCourt me encantó y me conmovió tanto que la película me defraudó. Pero no hace mucho volví a ver la peli en la tele y ahí la valoré en toda su extensión. Y sí, Diciembre, libro y película están logradísimos. En el libro creo que se aprecia más el toque irónico y los visos de humor, pero la peli es estupenda también y desgarradora.
Satnight y Diciembre, aunque parezca que no, la lectura de mi relato surrealista primero procura escalofríos, pero luego deja bien al lector pienso. Eso al menos he intentado. Recordad que "Full Monty" y "Raining stones" eran películas que denunciaban los estragos que provocó la crisis del 93. De esa crisis muchos salimos y disfrutamos de una época de bonanza casi sin precedentes. Nunca nuestro país había gozado de un nivel de infrastructuras tan avanzado, un nivel de vida tan alto. Seguramente esta época ya no la viviremos en mucho tiempo, pero estoy convencida que de esta crisis saldremos, como hemos salido de todas.
El visionado de estas películas y libros que mencionamos. La mirada al pasado nos ayudan a entender que estamos cada cierto tiempo a revivir experiencias de crisis, pero de ellas resurgimos cual ave Fénix.
Muy feliz finde, guapas !!!
Hablamos lenguajes muy diferentes. Nosotros, los humanos que tenemos cabeza en lugar de corcho y cuerpo en lugar de botella, no acabamos de entender que facilitar el despido hace que se despida menos. Es indignante, y de dignidad pisotada habla Loach. Nada cambia, qué pena.
besos!
Smuakis, NoS.