12 de noviembre de 2009

La crisis de Charlotte MacMillan





Charlotte MacMillan acababa de cumplir los cuarenta y ocho y padecía una crisis personal peor que las que recordaba haber vivido a los veinte o treinta. Divorciada en tres ocasiones, sin hijos, desempeñaba un trabajo gris marengo que la convertía durante el día en un ser apesadumbrado y por la tarde, hasta el ocaso, en alguien huraño, una persona hosca y solitaria. Se pasaba las horas tumbada en el sofá de su confortable salón visionando películas en DVD hasta quedarse dormida. A media noche con las cervicales alpinas trepando su cerviz dolorida, se iba a la cama y permanecía insomne con las pestañas dirigidas al techo hasta que sonaba el despertador.

Una tarde, a eso de las ocho, viendo por cuarta vez la comedia musical “Mamma Mía”, sucedió que una mujer anciana y un joven del coro saltaron de la pantalla de su televisor al salón y la raptaron para trasportarla a la isla griega ficticia, donde una desatada y desmelenada Meryl Streep se marcaba un numero de coreografía con sus hermanas en la ficción. Charlotte se sorprendió viéndose a sí misma engalanada interpretando el personaje de una viuda multimillonaria que arriba a la isla buscando alguna experiencia exótica. Traía consigo un baúl lleno de floreados vestidos muy chic, extravagantes pamelas y glamurosas sandalias, aunque ella se presentó ante los isleños y el elenco de protagonistas vestida de riguroso negro de Channel. Causó tanto estupor y tanta expectación su inesperada llegada en el transbordador de la mañana, que cesaron la música, los pasos y figuras de baile quedando todas y todos como petrificados en su sitio. Julie Walters, de hecho, parecía estar a punto de salir disparada como una flecha, siempre espléndida en su magistral vis cómica, porque la llegada de la viuda la sorprendió en una postura un tanto comprometida.

Charlotte, que en la película se llamaba también Charlotte, se quedó prendada de Pierce Brosnan - ¡qué mujer, no! – y desde que puso pie en la isla, todo su afán estuvo encaminado a seducirle y arrebatárselo pérfidamente a la Streep. Interpretaba un papel verdaderamente perverso y pronto actrices, actores y figurantes se hartaron de ella. El propio Pierce, siempre tan elegante, ecuánime, exquisitamente educado, perdió la paciencia y en un arrebato le quitó la pamela “Race Horse” que lucía en la cabeza y se la pisoteó sin ninguna contemplación. La pamela quedó hecha un higo boñigar y Charlotte fue presa de un ataque de ira y de nervios. El coro no lo dudó un instante. Había que deshacerse de aquella mujer cuanto antes. La directora Phyllida Lloyd dio instrucciones precisas para que desapareciera de su vista de inmediato: “Right away, straightaway!” ( Algo así como, ¡Ya, ahora mismo!). El coro la cogió en volandas y la arrojó al mar. La vieron sumergirse mientras agitaba los brazos con aspavientos.

Si esta versión cinematográfica hubiese contado con el visto bueno definitivo de la Lloyd, sabríais, queridas lectoras y queridos lectores, que Charlotte MacMillan se convirtió en sirena e intentaba seducir a cualquier Ulises alegre y despreocupado que navegase por ahí, ese preciosa isla griega ¿de ficción?.


2 comentarios:

satenight dijo...

ja ja ja, qué lástima de oportunidad ....aunque, no sé si para Charlotte o para la dirección de la película?
Acaso Charlotte deba levantarse del sofá e ir directamente a un local de esos tipo 'Jardin de las delicias' y dejar salir todo el potencial que lleva dentro y llenar de nuevas experiencias la vida de muchos de esos hombres y mujeres que buscan encontrar historias que vivir!!
Buen fin de semana a todos tus lectores, yo debo cocinar para toda la familia, hay una bonita celebración mañana en mi casa que no quiero dejar escapar, chin chin con cava brut nature incluido!!

Gemmayla dijo...

Hola Sate:

Que vuestro encuentro familiar sea todo un éxito, Sate !!! Te aseguro que recibir buenas noticias es muy reconfortante en estos momentos bastante duros de llevar.
Brindo por ti y tu bellísima familia !!!

No a la independencia. Sí a un Referéndum legal dentro de un tiempo prudencial que puede cifrarse entre uno o dos años.

Se estima que el 80% de los catalanes tanto del No como del Sí demandamos un Referéndum legal y con todas las garantías. Debe de hacerse en ...