6 de mayo de 2010

Yo creo en las hadas, yo creo sí creo

















El pasado dos de mayo fallecía Lynn Redgrave, hermana de Vanessa Redgrave y tía de la también fallecida Natasha Richardson en un absurdo accidente de esquí.

La pequeña de los tres hijos de Michael Redgrave y Rachel Kempson, nació en Londres en 1943. Lynn se estrenaba en las tablas a los 19 años con la obra shakesperiana El sueño de una noche de verano. Su temprana solidez como intérprete le procuró papeles en varias películas de los sesenta, entre las que destacan Tom Jones y sobre todo Georgy Girl, que en 1967 se traducía en una primera nominación a los Oscar en calidad de actriz principal. Tuvo que esperar 32 años para que la Academia de Hollywood volviera a incluirla entre las designadas, en esa ocasión por su papel secundario en Dioses y Monstruos. A pesar de que nunca consiguió alzarse con la estatuilla dorada -de nuevo, a diferencia de Vanessa- aquella segunda aparición en la ceremonia de Los Angeles subrayaba todo el reconocimiento que, sobre todo los americanos, han brindado a esa figura de la gran pantalla y, en primer lugar, de la escena.
Porque Lynn Redgrave mereció hasta tres nominaciones a los Tony teatrales por su protagonismo en las piezas Mrs Warren' profession, Shak y The Constant Wife, esta última una obra que mostraba a la actriz ante el reto solitario sobre el escenario. Reeditó la experiencia con Shakespeare For my father, obra interpretada en clave de homenaje al progenitor y a su oficio. Un único matrimonio con el también actor John Clark (cuyo origen entremezcla raíces americanas y británicas) asentó su trabajo en Estados Unidos, donde se convirtió en un nombre perenne de la cartelera de Broadway, a pesar de sus intermitentes escapadas al West End londinense. No sólo compartió allí protagonismo con Vanessa en Las tres hermanas (Londres, 1991), sino que en la tierra de adopción de Lynn ambas se atrevieron a llevar a la pequeña pantalla la adaptación de ¿Qué fue de baby Jane?, una devastadora disección de las relaciones filiales. Aquel doble pulso interpretativo (encarnando a dos hermanas que se odian), si bien cargado de cierto morbo, aparecía precisamente como una contraposición a los fuertes lazos que siempre las unió en la vida real. Corin era el querido y mimado integrante del trío.

En la década de los noventa, el público americano, acostumbrado entonces a las apariciones televisivas de Lynn Redgrave (en series como House Calls), apreció su regreso a la gran pantalla y por la puerta grande de la mano de la producción australiana Shine (1996). Dos años después vendría Dioses y Monstruos, película repunte de una carrera luego interrumpida cuando a la actriz se le diagnosticó un cáncer de mama en 2003. Un año antes, la reina de Inglaterra le había concedido la orden del imperio británico (OBE). Tan sólo catorce meses atrás, la prensa consiguió captar varias imágenes de la actriz con un aparente buen aspecto físico, aunque devastada a raíz de la muerte de su sobrina Natasha"

A mi siempre me han fascinado estas tres mujeres. De Vanessa Redgrave recuerdo que "Julia" de Fred Zinnermann junto a Jane Fonda, marcó de manera indeleble mi adolescencia. Propició que visionara casi toda su filmografía, que admirase su fuerza, su coraje tanto en los escenarios como fuera de ellos en la vida misma.
Natasha me encantó en "La condesa blanca" junto a Ralph Fiennes, donde podíamos verla junto a su madre Vanessa y su tía la propia Lynn. Natasha guardaba cierto parecido físico con Emma Thomson, tal vez más refinada, más elegante, emulando a Ingrid Bergman en "Casablanca" en cierto modo. Lynn me encantó como tía de Wendy, John y Michael y madre adoptiva de "Los Niños Perdidos" en "PeterPan" de P. J. Hogan.

Nos quedamos como "Niños y Niñas Perdid@s" con tanto obituario y pérdida irreparable. Con el 2009 ya tuvimos suficiente.

2 comentarios:

Kamikase dijo...

Es triste como vamos viendo que al morir nuestros personajes va muriendo parte de nuestra vida, nuestras vivencias, nuestros recuerdos. Creo que al morir alguien que jamas pensaba que veria morir quede en shock. Con el se murio una gran parte de nuestra adolecencia. Al morir nuestros idolos inexorablemente vamos muriendo tambien nosotros mismos.
Un besote.

Gemmayla dijo...

Qué cierto, Kami !!!

No es mitomanía en la vida adulta. Es como bien dices, la pérdida irreparable de aquellos referentes de una etapa crucial de la vida como es la adolescencia. Recuerdo que "Julia" de Fred Zinnermann con aquel pulso interpretativo magistral entre Jane Fonda y Vanessa Redgrave, me marcaron para el resto de mi vida. Supuso reafirmar mi pasión literaria y mis firmes convicciones políticas, convicciones que en esencia son las mismas aunque el paso de los años nos modere, nos de una prespectiva más realista de las personas y las cosas y sus circunstancias.
No es mitomanía, no. Es un dolor genuino y una impotencia. Pero por lo menos ahí están sus obras.

Besos, amigo, Kami. Alegría grande verte por aquí, Cambimbero.

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