20 de julio de 2011

Dedicado a mi padre......"now i understand what you tried to say to me."




Página manuscrita, hallada en aguas de Tahití, en el interior de una botella lanzada al mar, perteneciente, según investigadores de National Geographic, al relato autobiográfico "Noa", redactado de propio puño y letra por Paul Gauguin:

....¿Qué puedo decir de Vincent y su maldita oreja? ¡Cuántas especulaciones, cuántas falacias vertidas y ninguna cierta! Hubiese querido sajarla yo mismo con aquella navaja que Vincent utilizaba para todo, en especial para señalar la noche estrellada sobre el Ródano. "Mira, Paul, mira cómo brilla el filo a la luz de la luna y por la reverberación de los sonidos nocturnos" "¿Qué sonidos, Vincent? ¿Qué sonidos escuchas?" Le preguntaba yo, ingenuo. Los únicos ruidos que yo percibía eran los de mis tripas hambrientas. Llevábamos dos o tres días sin probar bocado. "Escucho la voz de una mujer joven que me asegura que posará para mí horas y horas" "¡Pamplinas! Ninguna mujer es capaz de posar para ti más de media hora seguida sin morir de terror. ¿Qué les haces?"...Van Gogh mudó el rostro. Era capaz de transfigurar su expresión en cuestión de milésimas de segundo de ángel a demonio. Yo disfrutaba haciendo eso, dominándole por tan poca cosa. Mis comentarios, hasta los más nimios, le ofendían en grado sumo. Entonces, yo disfrutaba de lo lindo, como un niño chico. No era consciente de su ira, de su dolor...Pensaba que aquellos enfados eran chiquilladas de espíritu inmaduro. Siempre vi a Vincent como a un niño grande, como a mí mismo. Ambos nos habíamos resistido a crecer, a madurar, a comportarnos como seres adultos y civilizados. Pero tarde entendí que, en realidad, Vincent nació siendo un viejo, un anciano decrépito atrapado en un cuerpo joven, lleno de vitalidad, ansioso, vitalista. Percibía en él una existencia fraguada por muchas otras vidas, pasadas, presentes, futuras...en especial, futuras. Vincent Van Gogh no era un hombre de este tiempo. Su fervor religioso, su fanatismo, disfrazaba y encubría en realidad el anhelo, la evolución, el cambio radical del ser humano presente, en una criatura de otra civilización de otro tiempo, mucho más avanzado, mucho más evolucionado espiritualmente que yo mismo, que me tenía por entonces por el ser más espiritual del universo.
Le intenté tranquilizar aduciendo que sólo estaba gastándole una de mis bromas pesadas, pero ya era tarde. Grité que tanta ironía mía brotaba de mis propias tripas hambrientas. Entonces él, en forma de pinza, con sus dedos, tiró de su oreja izquierda y con la navaja se mutiló el lóbulo, aunque a mí me pareció ver que se arrancaba la oreja entera de cuajo, ya que manaba sangre abundante. Entretanto vociferaba “¡Come, come hasta el hartazgo, glotón! ¡Sólo piensas en comer!”. Se desmayó, se desvaneció ante mí, asiendo firme el trozo de carne entre sus dedos. Quise arrancarle el lóbulo aprisionado entre el índice y el pulgar, tal y como sostenía el pincel cuando pintaba sus enérgicos lienzos, para sumergirlo en el agua fría del Ródano ,con la esperanza de un posible injerto, pero lo sostenía con una fuerza casi titánica, que me amedrentó. Yo también perdí el conocimiento. Cuando lo recobré, Vincent ya no estaba allí. Corrí en su búsqueda, primero a casa, pero allí no estaba. Luego recorrí todos los lugares que solíamos frecuentar y Raquel, la prostituta del burdel al que solíamos acudir, me contó, aterrada, que Vincent, momentos antes, le había ofrecido el lóbulo como presente, “el mejor diamante, la mejor joya que te regalarán jamás” le había dicho en estado de pura enajenación. Entendí entonces que poco podía hacer. Me senté en un escabel y pedí a Raquel una botella de absenta. Para cuando vinieron en mi búsqueda un comisario y dos agentes, yo ya había ingerido cuando menos tres botellas y el interrogatorio no lo recuerdo pero sin duda debió ser de lo más penoso, dado mi estado.

Este desafortunado episodio me sigue atormentando ahora, porque cada vez que Vincent esgrimía su navaja, a mi me entraban ganas irrefrenables de agredirle de alguna manera, ya que me exasperaba su manera de comportarse, pero bien sabe Dios, si no bebe tanta absenta como yo y está lúcido y cuerdo, que nunca llevé estos aciagos e infaustos pensamientos más allá de mi mente oscura, confusa, turbada y siempre perpleja.

Escribo lo que en realidad sucedió, pero lo arranco del legajo de hojas que componen mi autobiografía, para lanzar mi testimonio al mar metido en esta botella que navegará a la deriva de la posteridad. Milagro será que alguien la pesque, porque mucho me temo que encallará, cual una vieja y pesada ancla, en las honduras del olvido.




No hay comentarios:

Vamos a cantar y a rezar para que llueva en España....

Hoy se celebra el Día Europeo sin coches. Yo me quité el coche en 2008 y ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. Me muevo por Madr...