11S
El 16 de Noviembre de 1999, mi hijo Alejandro y yo viajamos a la ciudad de New York para festejar y celebrar su mayoría de edad. Cumplió 18 años como 18 anhelos de vida, realizados con alegría y gozo. Alex se sentía feliz, era feliz y aquel viaje lo recordaremos siempre durante el resto de nuestras vidas. Le regalé ropa que aún ahora, once años después conserva. Le regalé mucha música, que aquí en España era imposible adquirir. Nos regalamos visitas inolvidables a los lugares que todo turista se propone visitar.
Nos costaron casi dos horas de guardar larga fila poder acceder a una de las Torres Gemelas. Todo era maravilla, admiración y emoción contenida. Contemplar la ciudad desde el mirador acristalado, las diminutas figuras de los coches, edificios..las personas como hormigas, la Estatua de la Libertad como el alfiler que todos buscamos en el pajar....es algo que nunca, nunca olvidaré. Soy muy fisonomista y los rostros sonrientes de todo el personal que trabajaba allí, lo guardo en mi memoria como un preciado tesoro.
Cuando subimos a la última planta en ascensor y Alex y yo contemplamos el paisaje urbano desde el exterior a esas alturas de vértigo, sentí un escalofrío tremendo, una especie de temblor, naúseas y le dije a mi hijo "¡Ay, Dios mío, algo terrible sucederá aquí!...Alex me respondió, "Pero mamá, ¿no pretenderás que ahora nos marchemos con lo que nos ha costado llegar hasta aquí después de tanta cola como hemos esperado?" Respondí sin dejar de sentir escalofríos y dejar de tiritar, "Por supuesto que no, hijo mío. Perdóname, no entiendo lo que me sucede". Este episodio pronto lo olvidé, cuando bajamos de nuevo al mirador y encargamos y nos comimos unas pizzas que estaban exquisitas y cuando los cocineros sonreían y charlaban animadamente y no era preciso esforzarse con el inglés porque te atendía en español y todo allí era emoción y alegría...
El día de partir, vino un taxista ecuatoriano a recogernos al hotel. Ya en el taxi, sentí de nuevo el mismo escalofrío, el mismo sudor frío en la frente, las mismas naúseas..Alex llevaba puestos los cascos y escuchaba la música recién adquirida en New York y no me escuchó decir en una especie de susurro "Ay, Dios mío, algo terrible sucederá aquí." No podía contener las lágrimas. El taxista, aquel buen hombre me escuchó, me miró por el espejo retrovisor y rompió a llorar. Ambos llorábamos y no sabíamos por qué. Estoy convencida de que el taxista también lo ignoraba como yo. Él puso la radio para aliviar la tensión y el silencio impregnado de llanto. En la radio sonaba "En mi viejo San Juan" de Javier Solís". Esta canción me trajo el recuerdo de mi infancia en San Juan de Puerto Rico, el recuerdo de mis padres, de mi hermana y me reconfortó de una manera que no sabría explicar.
Siempre, siempre me preguntraré de qué sirve experimentar sentimientos premonitorios si esos sentimientos tan desagradables, tan dolorosos no nos permiten saber el día, la hora, el momento preciso en el que lo aciago sucederá..si no nos permiten avisarlo, prevenirlo y tal vez evitarlo...¿De qué sirven?..pero la pregunta, el interrogante más acuciantes es ¿POR QUÉ SUCEDIÓ EL 11S? ¿POR QUÉ, DIOS MÍO, POR QUÉ?..¿POR QUÉ ESE FATÍDICO 11S QUE TANTAS DESGRACIAS HA TRAÍDO A NUESTRO MUNDO?....
Dicen que el alma de las personas pesa 21 gramos....Descansen en paz las toneladas de almas perdidas inúltimente en nombre de un falso Dios, de una falsa Democracia, de una falsa Libertad !!!!

Comentarios
El mundo cambió completamente entonces. Y ahora es cuando realmente sabemos lo que ese miedo y esa desconfianza en el ser humano que se instaló en los ámbitos de poder ha provocado en la política y en la economía de hoy en día.
Creo que nunca me perdonaré esa respuesta.
Nunca nadie volvimos a ser los mismos, nunca más.
Jamás he estado en Nueva York pero he pensado que si alguna vez voy por allí mi impresión sobre la ciudad estará inevitablemente asociada y condicionada por el recuerdo de las consecuencias del fanatismo más absurdo, cruel y despiadado.
Todos los niños del mundo comentaron y dibujaron sobre lo acontecido. Y con ello perdieron de golpe y de forma brutal, una buena dosis de su inocencia.
Y no se por qué vienen a mi mente los campos de concentración nazis. Tal vez sea porque los contecimientos dantescos y crueles generados por nuestros propios congéneres, nos muestran el lado más oscuro y terrible de nuestra propia condición humana. A mi me asusta pensar en ello.
Nunca más.
Un beso, querida Gemma
Me gustaría mucho que un día fueses a NY y para nada llevases este mal recuerdo, porque NY siempre será una ciudad maravillosa y digna de visitar y conocer y aún vivir para quien tenga este privilegio.
Besotísimos