Dedicado a mi amiga Ana y a las personas dedicadas a una de las profesiones más preciosas del mundo...

A mi me fascinan las bibliotecas. En la de mi barrio, las personas que atienden son muy agradables con el público y si necesitas algún libro que no tengan, rellenas una hoja e intentan traértelo. Ayer sucedió una anécdota muy pintoresca y divertida, con final un poco gris. Entramos mi hijo y yo y a la entrada, junto a la puerta,los dos paragueros estaban llenos. Así que con todo el morro del mundo abrí el paraguas y lo dejé secándose en el suelo del vestíbulo porque lo vi muy grande, espacioso y que no molestaba ni estorbaba a nadie. Mi hijo se quedó en la sala de los peques y yo me fui a la de narrativa. Cuando bajé a la sala de los peques, mucha gente había imitado mi ejemplo y quedaba precioso el vestíbulo lleno de paraguas abierto de mil colores. Parecía un arco iris de paraguas. Pero cuando salimos el vigilante, que es muy amable por cierto, pero al que obligan a cumplir con su trabajo con rigor cartesiano, había cerrado todos los paraguas abiertos y los había colocado en los dos paragueros, ahí asfixiándose los pobres como gallinas apretujadas en un corral. ¡Lástima de cámara! Tenía que haber tomado foto de todos los paraguas de colores abiertos al cielo gris de Madrid bajo el techado de la biblioteca.

Comentarios

Ana ha dicho que…
Gracias Ángeles, eres un tesoro!!!
Un abrazo Ana
Gemmayla ha dicho que…
Idem, mi queridísima amiga

Abrazo entrañable

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