27 de septiembre de 2016

EL PERFUME DE EVA

Me tengo por una excelente abogada del pueblo. Soy de las que no ponen tarifa a sus servicios. Pero me espanta atender delitos de alcoholemia. En concreto los clientes borrachos. Aquella clienta olía a nuez de especia. Cuando llegué a dependencias policiales a las tres y treinta y tres de la noche, aquel cubículo despedía un hedor a nuez moscada insoportable. Los agentes se disculparon. No podía atribuirse a ellos el poder embriagante de aquella mezcla de perfume de almizcle y güisqui de Palazuelos de Eresma. El insoportable olor provenía de aquella joven cuya tasa de alcoholemia superaba los 1,5 gr/l en sangre. Se llamaba Eva. Lo primero que me pidió fue que abriera su correo electrónico. Esperaba un aviso muy urgente. Lo intenté desde su móvil. En la bandeja de entrada pude leer: "Eva, te dejo porque no aguanto un segundo más a tu lado. Cambia de perfume, chata".

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