5 de julio de 2007

"El prologuista"

Me han pagado una suculenta cantidad para prologar este libro. No diré cuánto. No diré quién. Excusemos al autor. No ha sido él. No habría podido. Es más pobre que un maldito roedor de cloaca. No vive de la literatura. Más bien la literatura, cual vampiro, le chupa toda su envenenada carga de entusiasmo, todo su talento, su energía - gustan llamarla así, ahora,los cretinos de turno -. Pero se trata en realidad del propio hálito de vida arrancado a pedazos, en carne viva. Luego le reprochan al fulano que todo lo que escribe despide pestilente halitosis, cuando esa fetidez de aliento la provoca el hambre.



Pero a mi me pagan por decir mentiras sobre un libro, no para compadecerme de su autor, aunque éste muera de inanición digestiva y moral.



El libro que me ocupa es un bodrio, un folletín barato, pero cuenta con und final apoteósico y apocalíptico. Lo primero lo hace merecedor de un Nobel de Literatura y lo segundo supone el exterminio de la literatura con consecuencias catastróficas para editores, lectores y escritores, para la industria del libro en definitiva.



Sería del todo mezquino, ruin, vil, despreciable, desvelar al lector este final único y unívoco a si mismo. No tiene parangón. ¿Estamos ante una obra maestra? ¿Estamos ante una nueva era literaria? ¿Estamos ante el escritor redentor que rescatará a los cautivos lectores de las fauces de la literatura voraz, tiránica, despótica? Me encantaría poder dar esta noticia. Haría una excepción y la daría gratis. El lector tiene la respuesta.



Después de leer este proverbial engendro literario, la masa lectora, siempre inferior a la electoral, podrá tomar dos decisiones y sólo dos, desde ese entonces en adelante, a saber, no comprar ningún otro libro y/o quemar todos los libros comprados - leídos o no - de la biblioteca particular de cada uno. Ambas decisiones serán loables y lógicas, aunque mi futuro prologal esté, desde ese crucial instante, sentenciado a muerte. Por mi no se preocupen. mis cuentas bancarias están más que saneadas y cuento con un magnífico plan de pensiones. Además ya va siendo hora de que editores y amigos me dejen en paz.



El oficio de prologuista existe aunque ustedes no lo crean. Yo soy su máximo exponente. Hablo de mi, porque del libro ya no pienso decir ni una sola palabra más. Compren este libro donde mejor les plazca y convenga. Sepan que será el último libro que comprarán y leerán. El fin de la literatura está cerca y con él mi propio fin. No me gustan las despedidas. Si dejan de leerme en las primeras páginas de un libro, podrán encontrarme en cualquier rincón de Mallorca. Hace tiempo me compré una casa allí. Antes de la invasión bárbara. Mallorca ha sido la isla elegida por infinidad de escritores d eprestigio y no lo dude, amigo, un prologuista es uno de ellos. Mejor cotizado sin duda. Mi patrimonio es superior al de Vargas Llosa y García Márquez juntos. Coincidimos en la clínica del ayuno marbellí. Pasamos hambre porque nos sale de los cojones, no como este pobre desgraciado que no come porque no vende lo que escribe. Padece halitosis, esa fetidez del hálito de vida que se extingue.



¡Hala! ¡Corran al FNAC, al CORTE INGLES, al CARREFOUR! Hoy sale a la venta mi primera novela, prologada por éste que suscribe. Firmo ejemplares en el C.I de Castellana. Tal vez hoy demuelan el WINDSOR conmigo dentro.

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