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"La fiesta de Patricio"

Organizó una fiesta de carnaval que prometía ser la mejor fiesta doméstica de disfraces jamás celebrada.



Cuando sus invitados le preguntaban la típica y tópica duda que surge siempre al verse uno implicado en este tipo de jolgorios, a saber, "¿De qué nos disfrazamos..?", Patricio respondía con esa sonrisa sardonia, que todos conocían como la mejor de sus sonrisas, estampada en su cara, "Podeis vestiros de lo que querais. Menos desnudos..., Venid con buenas viandas y mejores tintos..."



Llegada la noche mágica de "quitar la carne", o sea, "carnem levare, carnavale", Patricio recibió a la primera pareja de invitados, Carlos y Borja, vestidos el primero de Sancho Panza y el segundo de Quijote, con la singularidad de que el gordo era Borja -pesaba ciento cuarenta quilos sobre báscula en reposo - y Carlos, más enjuto que el propio hidalgo ingenioso, escasamente pesaba sesenta quilos sobre báscula oscilante. Cuando las maliciosas gentes se imaginaban a Carlos y Borja en pleno acto de cópula en su nidito de amor, se estremecían al pensar que el peso de Borja pudiera literalmente aplastar la esmirriada musculatura y moler la frágil osamenta de Carlos. Por consiguiente las maliciosas gentes por muy perversas que fuesen no osaban imaginar tal cosa.



La segunda pareja invitada a la fiesta de Patricio, Paco y Lucía, acudieron también vestidos de Quijote y Sancho Panza. Ella, de sumiso Sancho, para que nadie dudase que "las calzas de velludo y el vellorino fino" en casa los llevaba Paco.



Que dos parejas acudiesen a su fiesta disfrazadas de Quijote y Sancho en el año de Cervantes Cuatricentenario le resultaba de lo más lógico y normal, pero que absolutamente todos los invitados, salvo él, que se disfrazó de Abeja Maya, vistiesen de tal guisa, le llenó de estupor y, por qué no decirlo, le amargó el evento.



Patricio notaba en su rostro una mueca de muy desagradable aspecto con pretensiones de sonrisa anfitriona, que iba cobrando proporciones grotescas conforme arribaban los invitados manchegos a su casa. "Aqui sólo faltan Bibiana Fernandez montada en un Rocinante cualquiera y Florentino con un Goya en una mano y una botella de vino Solmayor en la otra, para que estemos todo el elenco de ninots falleros a punto de la cremà. Sólo me salvaría yo de la crema, hay que joderse.¡ Y yo con estas pintas de capullo en flor !"....."A mi me resulta muy divertido, Patricio.", le replicó Borja a punto de reventar sus carcajadas de alto tonelaje sobre la concurrencia.



Lo cierto es que Borja y Carlos no pararon de descojonarse durante toda la velada. Lucía estaba tan borracha que tomaba el vino en el yelmo que le arrebató a Paco, en un alarde de rebelión. Aún a costa de desperdiciar gran parte del precioso líquido por el morrión, la visera y la babera, invitaba a los demás a beber y acompañarla en la cogorza, ante la mirada recriminadora de su marido. "¡Que te den por culo, Quijote!", que era lo mismo que decir "¡Que te den por culo, Paco!. "Luego hablaremos en casa largo y tendido" "No hay nada que hablar.¡ Que sepas que Sancho se divorcia definitivamente de su señora majestad "El Quijote" . No te aguanto más eres muy aburrido, no me llames jamás", le canturreaba Lucía cual bacante a punto de desbancar a Dioniso de su trono.



La fiesta fue degenerando en un batiburrillo de Sanchos y Quijotes en estado muy ebrio con prendas intercambiadas. "Te cambio este sayo de velarte por estos pantuflos último grito"



Lo peor no vino, cuando alguien grito, "¡Desnudemos a la Abeja Maya!" , sino media hora después cuando una pareja de agentes de la Policía Local, al quicio de la puerta abierta por alguien, preguntó por el anfitrión o responsable de aquel desaguisado. Patricio, tapándose sus vergüenzas con sus manos en aspa sobre los cataplines, les atendió disculpándose, "Aunque ustedes no lo crean yo no vestía ni de Quijote ni de Sancho" "Si, ya lo vemos. Los vecinos nos han llamado porque el volumen de la música de su equipo está excesivamente alto" "¡Ah, si es sólo por eso! ...Si gustan ustedes, les podemos ofrecer "duelos y quebrantos" y "lentejas". ¡Ah! y buen vino manchego, Solmayor para más garantía!. ¡Lentejas y duelos y quebrantos! ¿Les han ofrecido a ustedes alguna vez manjares tan exquisitos en una fiesta de carnaval, señores agentes?", exclamó con la cara anegada en lágrimas el desventurado Patricio.



¡Duelos y quebrantos, lentejas, y ...por supuesto exquisita miel de la Abeja Maya!

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