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"Estas mercancían ya han pagado aduana"

Si casi no estamos dotados para la maternidad, para la paternidad menos. Y ahora a muchos toca ejercer de padre y madre a la vez, como áquel - acentuado por el riesgo inminente de anfibología - que un buen día fue a dar a un paseo con las manos vacías y alguien, un extraño, le echó a la espalda un pesado fardo cargándole con la responsabilidad de transportarlo pero sin decirle a dónde, cómo ni por qué.
Decía Kahlil Gibran que "tus hijos no son tus hijos son hijos e hijas de la vida" ¡Joder! Entonces ya sé, fue la vida la que me soltó sobre los hombros la mercancía envuelta con lienzo embreado para que no sufra maltrato durante el traslado a una mayoría de edad segura -más segura para mi que para mis vástagos -, a una autonomía e independencia, a un título universitario quizás, a una oposición a Notaría tal vez, a un puesto de Técnico Informático pudiera ser. Este destino laboral incierto me hace temer que el fardo, la mercancía la he de guardar como oro en paño en una habitación de mi casa convenientemente acomodada para que no le de el polvo y el varapalo de la vida.¡ Descuiden por treinta o cuarenta años la guardamos a buen recaudo! Entiendan, no es que uno vea los hijos, esas reproducciones perfeccionadas de nosotros mismos como una cosa valiosa que se cuida y mima con primor y que algún día se teme perder, sino que se palpa, se siente, uno se huele -con un olfato de resignada percepción del humo que vaticina el fuego inminente -que no se perderá jamás. Uno compra un valioso jarrón de porcelana china para toda la vida, pero luego no entiende que cuando a los hijos se les expide el Documento Nacional de Identidad, no se les otorgue también el pasaporte con un billete de ida sin vuelta.
Seamos honestos. Esto de entender la paternidad como un tráfico de mercancías pesadas sin distinguir aduanas sólo pasa en este país, llamemósle España -creo que se sigue llamando así aún -. No se diferencia mucho un padre vasco de un catalán o de uno murciano. Vayas donde vayas, en cada casa hay una estancia reservada para guardar celosamente estos valiosos géneros - de algodón, de hilo, de seda...otros parecen más bien de metacrilato -que no son extraños huéspedes de un almacén cualquiera. No lo olviden señores, son sus hijos e hijas.
De la maternidad ya hablaremos en otra ocasión.
(A todos los padres del mundo con mucho cariño y que tomen esta charleta con sentido del humor y mucha paciencia y ánimo distendido)

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