24 de julio de 2007

"Final feliz..para el rehén"


Rufí Nasser, humilde mercader de telas y especias en el Bagdad devastado, fue incomprensiblemente secuestrado cuando regresaba a su desvencijada casa por un grupo de guerrilleros encapuchados que dijeron ser de la FNNNNTR (Facción Neofascista, Neofundamentalista Neoislámica Neocomunista del Tulipán Rojo). Ya durante el trayecto al zulo donde iba a pasar los próximos dos meses de su vida, reparó en las hondas desavenencias y disensiones irreconciliables que rezumaban las relaciones entre sus captores. Uno defendía cual disco rayado de vinilo la pureza de la raza iraní. Otro esgrimía vociferando, seguramente para que le escuchasen los de allá arriba, que Alá es uno y grande y todos los dioses son Alá. Un tercero, que el Islam debía recuperar Granada y los demás raptores y el propio Rufí se preguntaban para sus adentros dónde diantres está Granada. A otro, obeso y cargado de sebo por todo su perímetro y contorno le escuchó decir que él era la encarnación de El Che y del mismísimo Lennin y que las Revoluciones de Cuba y Rusia quedarían a la altura del betún comparadas con la revolución que se estaba gestando en el seno del Islam.... Resumiendo, Rufí Nasser entró en su nuevo hábitat con una fuerte jaqueca que no remitió hasta un año después. Tales eran los insultos e improperios que se dedicaban constantemente, noche y día aquellos secuaces incivilizados. En honor a la verdad, es justo decir que el recibía un trato cortés y le daban bastante bien de comer. Le permitían fumar y tomar té. Le dejaban leer la prensa nacional e internacional. Si no hubiese sido por la privación de salir a estirar las piernas y la escasez de luz e higiene, Rufí Nasser meditó profundamente que aquellas eran las primeras vacaciones que se había podido permitir en toda su dilatada vida laboral. Rufí trabajaba desde los cinco años y nunca fue a la escuela. Le enseñó a leer su hermano menor. Leer le proporcionaba uno de los mayores placeres, así que abusando de la generosidad de sus captores se permitió pedirles algunos libros. Le prestaron las Mil y Una Noches, Las obras completas de Shakespeare, El Quijote y por supuesto El Corán. Rufí aquella tarde se encontraba enfrascado en la amena lectura de El Quijote, cuando escuchó una fuerte discusión entre los guerrilleros. Esto no le asombró en absoluto como ya se ha dicho porque era el pan nuestro de cada día. Lo que sí le hizo desistir de la lectura a la par que le sobrecogía el alma, fue el cruce de disparos que oyó después del descomunal cruce de insultos y amenazas. Tal vez transcurrieron dos horas hasta que Rufí Nasser se atrevió a abandonar su cautiverio. Esperó a que un silencio sepulcral se impusiera sobre todo, incluídos sus amedrentados pensamientos. Contempló los cuerpos sin vida yacentes en el suelo. Con los ejemplares de los libros prestados en la mano, pasó de puntillas sobre ellos. Antes de salir de aquel caserío ubicado en mitad de la nada exclamó, "Los libros, me los quedo por las molestias. Alá os perdone y os acoja en su seno"

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