5 de julio de 2007

"La decisión de Julio"

La decisión de Julio





Nunca se está lo bastante alejado de todo. Todo te persigue si lo rehuyes. Todo te busca aunque no quieras encontrarlo. La montaña de Mahoma siempre te alcanza.



Julio detestaba la vida social. Misántropo y misógino por naturaleza, rehuía cualquier trato con los demás. Pero siempre, siempre osaba acercársele algún impertinente con sonrisa hipócrita. Lo abordaba por la calle o en la oficina con cualquier pregunta peregrina y él se veía en la obligación de contestar a aquel gañán.



Julio aborrecía el apabullante trajín y movimiento nocturno que se fraguaba en la ciudad, antaño siempre dormida. Le parecía antinatural y un atentado a las sanas costumbres que la urbe no descansase nunca. El ruido ambiental lo atormentaba. Cuando no era la fiesta del vecino del cuarto, era el lloro inconsolable del bebé del tercero, con su madre cantándole nanas ensordecedoras y completamente desviadas del punto de la perfecta entonación. ¿ Y qué decir de aquel zopenco que convirtió el cuarto trastero en taller de bricolaje ? Obras de carpintería de día, de fontanería de tarde, de electricidad de noche....



Julio había pensado seriamente solicitar un traslado a otra sucursal bancaria ubicada en cualquier pueblo perdido, pero alguien, sin él preguntárselo, ya le había informado que en los pueblos la vida ya no es lo que era, que son como micro urbes, que hay más inmigrantes que en la ciudad, que el bullicio nocturno es el mismo que el que reina en su calle, que a las vacas y a las ovejas ya ni se les ve el pelo por allí...



Julio se sentía cada día más y más alicaído...más, como se estila ahora, deprimido. Los demás se lo notaban. Rita, la siempre encantadora secretaria del director de la sucursal, lo abrumaba con sus consejos sobre la melancolía crónica. Que si se cura con una buena novia. Que si eres muy huraño, Julio, asi no se ganan amigos. Que si debes ser más abierto y tomarte el café con los demás compañeros. Que si debes venirte un día con mis amigos de marcha a la discoteca. Que si debes esto y aquello. Julio gritó " ¡Basta! Te detesto a ti, a tus malditos amigos y a nuestros putos compañeros ! "



Consiguió que Rita y los demás ya no se le acercaran más. Por lo menos en la oficina respiraba un poco de tranquilidad. Pero ahí fuera, todo, todo seguía igual. Siempre pisando la misma mierda de perro en el mismo lugar. ¡ Ya estaba harto !



Julio llevaba tiempo dorando la misma idea obsesivamente en el horno de su mente. Aquella Noche Vieja en la que el vecino juerguista había organizado un jolgorio vecinal en su casa, - cuya invitación sustituyó al papel higiénico en un par de ocasiones en las que Julio hizo uso del retrete -, aquella noche, decíamos, Julio se tomó las doce consabidas uvas al son de las campanadas de la Puerta del Sol y se bebió enterita un botella de cava Codorniu, dos de tinto de Ribera de Duero y varias copas de coñac. Julio hay que recordar era abstemio. Se dijo hasta la saciedad en los telediarios pero maldita la información. Todo lo demás, secreto de sumario.



El edificio voló por los aires. Sesgó la vida de setenta y dos personas. El gordo del Sorteo del Niño terminó en setenta y dos. Setenta y dos personas acudieron al entierro de Julio. Todos familiares. Hubo setenta y dos muertos en las carreteras españolas ese fin de semana de fin de año. Pura y llana estadística. ¿ o acaso alguien entendido en cábalas sabe de su arcano significado ?

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