18 de septiembre de 2018

"Bartleby y compañía", Enrique Vila-Matas y el firme propósito de eliminar plásticos...

Las vacaciones puede decirse que ya están olvidadas y superadas. Ese ensayo maravilloso y prodigioso de la prejubilación que llevan más de cuatro años vaticinando, pero que no llegan, no sabemos muy bien por qué o si lo sabemos, pero no queremos verlo. Los hijos y las hijas del baby-boom no somos responsables de que nuestros padres y abuelos se llenasen de prole y ahora nuestros jóvenes decidan directamente no tener descendencia. Esta situación no puede en modo alguno condenarnos a trabajar hasta la tumba. Como si sigo por ahí, me enciendo, cambio de tercio. El regreso a la rutina laboral lo he encarado de la manera más positiva posible. Puede resumirse en estos factores de positividad: me he enganchado a la lectura de Enrique Vila-Matas y después de acabar con aquel "París suyo que no acaba nunca, he empezado a leer "Bartleby y compañía". He escogido este título porque yo misma llevo un tiempo en plan Bartleby absoluto, dicho en cristiano, estoy emulando a Saramago que durante cuarenta años dejó de escribir porque aducía que no tenía nada sobre lo que escribir. Por no escribir, me dan hasta pereza los microrrelatos que siempre me han parecido un recurso de vagos. Mi molicie escribidora no es capaz ni de articular la lista de la compra. Así que como claramente veo que el Alzheimer herencia familiar va llegando a mis neuronas, no es de extrañar que al regresar del supermercado me falten la mitad de las cosas que precisaba. Ahora me apetece tumbarme a la bartola a leer a Vila-Matas, escritor que habría que leer como los peripatéticos, paseando por El Retiro madrileño o por el Jardín Botánico. ¡Qué menos! Pero estoy en plan vago total. En realidad, no me preocupa convertirme de "hacedora" en "pasiva" a estas alturas de la vida, cuando siempre he sido un puro nervio de no parar. Este año empezó para mí en agosto y no en enero. Mis Años Nuevos siempre comienzan en verano a las nueve y media de mediados de mes de agosto. Y cuando para alguien empieza su año, justo es hacer lista de buenos propósitos y repaso de los errores cometidos y los aciertos alcanzados. Además como me gusta la Astrología y conozco mi Carta Astral al dedillo, sé que este año tránsito la Casa IX en Géminis y mi número vital es el 3 en este tránsito del 2018 al 2019. Éste debiera ser un año para emprender un largo viaje a un país geminiano. EEUU por ejemplo. Pero como para variar la economía sigue en precario,seguiré viajando con la imaginación y además mientras siga Donald Trump gobernando a mí no me verán ahí, por mucho que él mismo sea nativo de Géminis. Así que entre mi lista de propósitos este año son leer a Vila-Matas, toda su excelsa obra y he tomado también la decisión de eliminar los plásticos de mi casa. Pensé que esto último sería fácil. Pffffff no lo es. Veo plásticos por todas partes. He querido empezar por las pinzas de tender la ropa. Ya tengo un montón de madera, pero me supera tener que deshacerme de las pinzas de plástico de colorines y su cesto que también es de plástico de color naranja. He dejado aplazada esta decisión para pasar a las perchas de plástico multicolores de los armarios. Ainsss, madre del amor fermoso, que no puedo tampoco eliminar estos artefactos de mi vida y de mis armarios. Los cubos de la basura y de fregar me miran amenazantes. Parecen decirme "ni se te ocurra echarnos de esta casa". El plástico está por todas partes, una vez que has decidido enterrar la bolsa que contenía todas las bolsas del planeta. No obstante, si quiero que este noble propósito se cumpla, deberé hacer de tripas, corazón y ponerme una venda implacable en los ojos.¡Plásticos fuera!¿Alguien más se anima?

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