4 de julio de 2007

"Fábula milesia y apóloga. Las seis faltas de ortografía"

" Lucía un sol de ésos que sólo ciegan ojos azules, grandes y hermosos. El rey asistió a la ceremonia de entrega de premios en el Palacio Occidental haciendo extraños guiños y sin poder apreciar los detalles del insigne acto, porque la luz del sol le daba directamente en los ojos. La princesa de la Isla de Francoterra había acudido con la esperanza de que el rey se fijase en ella. No sólo aspiraba a convertirse en reina alguna vez. También anhelaba el amor romántico como cualquier doncella ingenua, cándida y esperanzada. No era la primera vez que la princesa Brisálida seguía los pasos del rey con la callada intención de llamar su atención y que éste reparara en ella y sus innumerables encantos.En pasadas ocasiones, la princesa había acatado los recursos fáciles de seducción. Aquellos que sobra citar por manidos y estereotipados. Para no equivocarse una vez más, consultó a la dama de honor de las hermanastras del rey qué cualidades valoraba más Su Majestad en las personas en general, y en las mujeres en particular. Esta educada mujer de la corte le respondió que el soberano no soportaba la desidia, el descuido y la incuria en el uso del lenguaje. Añadió que padecía al respecto una acérrima misoginia, ya que consideraba que las mujeres hacían peor uso del lenguaje que los hombres. Por eso se explicaba que tanto los hombres como las mujeres de su séquito guardaban absoluto silencio ante su presencia por temor a ser reprendidos si se les trabucaba la lengua, se les embarullaba el habla y acababan pegando una imperdonable patada al diccionario."¡Ya lo tengo!¡Ya sé qué haré para seducir al rey" - pensó la princesa.Al tercer día de la entrega de premios, estaba prevista una cena ceremonial en el Palacio Occidental como colofón a los actos de los Juegos Florales XXXIII a los que habían acudido poetas de todos los lugares y confines del reino.Tras la cena, se celebró un baile de máscaras y disfraces. La princesa se situó estratégicamente detrás del rey. El rey no se había percatado de su presencia. Ella dijo en voz alta y de falsete, escudándose tras su máscara:- "Soy de las que creo, digo y pienso de que por haceros de reír soy capaz de montar un numerito que os deje patilifuso ya que vuestro pasivismo me causa honda inominia"El rey al escuchar esta sarta de sandeces que el sentía como un grave atentado al léxico y a las elementales reglas gramaticales, se giró hacia la princesa. La bella muchacha, quitándose la máscara que cubría su rostro, y ésta vez sin impostar la voz, exclamó:_ "Creo que lo correcto sería decir: Soy de las que creen, dicen y piensan que por haceros reir, soy capaz de montar un numerito que os deje patidifuso, ya que vuestra pasividad me cubre de ignominia. No obstante, la audacia que ha mostrado la dama que se acaba de marchar corriendo, me parece una vil ostentación de vanidad e insensatez, Vuecencia. Más le valiera guardar silencio y aprender gramática."El rey, deslumbrado e impresionado por la sagacidad y la belleza de la princesa, quiso conocerla y fue así como la princesa demostró que si bien el empleo de la Gramática General es necesario y conveniente, más lo es manejarse en la habilidad y el dominio de la Gramática Parda, que otorga astucia y picardía al iletrado y disimulo y apariencia al inculto.El rey se enamoró de la princesa. Contrajeron esponsales. Fueron relativamente felices y no comieron perdices porque la princesa era vegetariana. Colorín, colorado esta fábula milesia y apóloga se ha acabado.

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