4 de julio de 2007

"Jaques mates"

"Jaque...jaque..jaque..jaque mate"La partida terminó cuando la extenuada reina negra dió jaque mate a un rey exhaltado de adhesión fervorosa a la victoria, tras un enroque desesperado.A Roberto esta interminable partida le pareció el duelo absurdo que desde años mantenía con su ex mujer por la custodia de los hijos y los pleitos por la maldita casa hipotecada. Le causó honda impresión contemplar la pieza del finado rey, vestido con desnudo traje mate sobre las casillas del tablero de ajedrez.

Las partidas de ajedrez los fines de semana se habían convertido en una válvula de escape. Roberto y Jorge se encontraban en idéntica situación de perplejidad absurda. La pirámide de Maslow amenazaba con desplomarse y sepultarlos a ambos bajo sus brozas y escombros. El sábado y el domingo se sentían levitar en el vértice de esa pirámide y poco importaba si el polígono restante se esfumaba bajo sus pies, arramblando contra las necesidades de déficit insatisfechas, aniquilando pensiones por alimentos, facturas impagadas, el nomadismo tosco al que se veían inexorablemente abocados.- Che, cébame un mate, que esta partida me ha dejado lelo.- No me queda yerba, tío. Como no la compres tú, lamento decirte que no podré ofrecerte la próxima vez..los euros no me alcanzan ni para un puto café en el bar de la esquina. - Hacia un cuarto de hora que Roberto se había propuesto suprimir los desayunos en el bar Casa Antonio, donde se refugiaba y se sentía muy a gusto a diario. El presupuesto no le daba para esos dispendios. Además sabia que su amigo argentino era un jeta con hocico de cerdo muy caradura, el colmo de la desfachatez. No le extrañaba nada que su mujer lo hubiese dejado por otro argentino, igualmente sinvergüenza, pero ya se sabe que hay nivel y niveles de descaro e insolencia y este Jorge los colmaba y superaba todos.- ¡Hostias, Roberto!,¿ ya ni un mate nos podemos tomar juntos? ¿Una cervecita tampoco?Roberto le indica con un gesto que se dirija a la nevera y que compruebe por si mismo el estado limosnero de los anaqueles del frigorífico. Jorge al abrir la puerta y sentir la bofetada de la fría putrefacción alimentaria, tapándose la nariz, maldice a las mujeres en general y a su ex en particular con un exabrupto tan pasado de rosca que a Roberto le parece ver caer al suelo una tuerca y un tornillo oxidados.

Sabe que su amigo tiene muy mal perder al ajedrez. Perder en todo lo demás le trae al pairo, pero el ajedrez es cuestión de vida o muerte para él. Si Roberto siquiera le insinúa que las mujeres no tienen responsabilidad alguna en las derrotas ajedrecistas, si se le ocurre recriminarle que su ex mujer fue y es una santa perfecta, libre de toda culpa por aguantar a un tipo tan díscolo y extraño, Roberto se expone a que Jorge la emprenda con él a puñetazos. Roberto no sabe explicar por qué desde hace cinco años es íntimo amigo de un espécimen asi.Jorge ha cerrado la puerta de la nevera iracundo y ahora ha dado un puñetazo sobre el tablero de ajedrez en el que descansan de la ardua lid un rey blanco y una reina negra. Ha partido en dos el tablero. Se desploma sobre el sillón y rompe a llorar estridentes sollozos. Roberto le palmea en el hombro y le dice:- El fin de semana próximo te prometo que tendré cervezas en la nevera y yerba mate en la despensa. Te doy mi palabra de honor aunque sea lo último que haga en esta mi puta vida.

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