"La silla vacía"

Cuando la cosa se ponía negra, negra, él se sentaba en una silla y colocaba otra vacía frente a sí. Imaginaba que en esa silla se sentaba Jesús, El Maestro, El Profeta vestido con una túnica blanca y con los pies descalzos si era época estival o con unas humildes sandalias si atizaban los rigores del invierno.Ahora un Jesús descalzo y ensopado en un sudor sevillano de mil demonios le pedía un gazpachito fresco de la nevera, antes de escuchar lo que él le tenía que decir. Asi que trajo una jarra con dos vasos y sirvió el sabroso manjar líquido. El Maestro dijo que ya de paso le trajese también un gelocatil o una aspirina en previsión de que la charla le despertase un fuerte dolor de cabeza:- ¡Últimamente te me pones muy pesado, Manolo! Simpre la misma cantinela, macho, que si los euros no te alcanzan, que si la novia no te hace caso, que si el trabajo no te gusta...- ¡Quieto, parado, Maestro, que en esta ocasión la cosa es más seria!

- Los tipos como tú consiguen que me arrepienta de haber abandonado el negocio de la carpintería y haber dejado tirado a mi padre cuando Simeón, el recaudador del Sanedrín nos encargó el cambio de mobiliario de su casa.- ¡Atiende!- Te escucho.- Creo que estoy endemoniado. Estoy planeando matar a mi mujer. La idea parece cobrar forma por momentos.- ¡Lo que te digo! ¡Bendita carpintería y viva el bricolage!...¿A qué viene esa soberana tontería?- La aborrezco..cada día más. El odio crece dentro de mí y..- ¿ Qué conseguirás con eso? ¡Sólo arruinarte la vida La tuya, la de tus hijos!

- ¿Crees que si me casara con ella el demonio me dejaría en paz?- ¡Por Dios, Manolo! ¡A estas alturas esas monsergas ya no cuentan para demostrar que se es un buen cristiano! Te condenarás por siempre si ejecutas ese funesto y aciago plan.- Aconséjame..¿Qué puedo hacer para quitarme esta terrible idea de la cabeza?- No sé..no se me ocurre nada. Consigues que se me empañe la voz. Me entristece y abruma tanto el cariz que cobran tus asuntos que me entran ganas de dimitir de lo divino y volver a ser un simple mortal.- Tienes que ayudarme...Siempe lo has hecho..Te sientas en esa silla, yo en ésta. Charlamos y luego lo veo todo claro como el agua.- Pienso que si quieres matar a Lucía es porque la quieres demasiado a ella y a ti demasiado poco. La tienes en un pedestal. No ves realmente como es, con sus defectos y virtudes. La idealizas...Lo mejor es que abandones esta relación, que abandones incluso a tus hijos, que hagas las maletas y te marches a otro lugar. A unos nos llama Dios y a otros el demonio.- ¡Vaya solución! ¿Eso es todo cuanto se te ocurre?Manolo iracundo agarra la silla en la que se encuentra sentado el profeta y la hace añicos. Jesús desde un rincón de la habitación le contempla y exclama:- Creo que recordaré la manera de hacer una silla nueva...Las cosas que te enseña un padre se recuerdan toda la vida. La carpintería es lo mío, sin duda. Ahora me doy cuenta.

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