10 de julio de 2007

"Los celos de Rocío"

Los celos mueven montañas...Montañas de pensamientos oscuros, mezquinos, obtusos, tan difíciles de escalar para las mentes sanas y equilibradas que el excursionista avezado desiste, prefiere elegir otras sendas más llanas y accesibles. Pero si el excursionista no va a la montaña, ya se sabe, es la montaña la que va a Mahoma hasta que lo atrapa y lo engulle.

Tomó un taxi para seguir a Gerardo que momentos antes le había asegurado que había quedado con un amigo de la infancia en el aeropuerto. "Si no me crees, es tú problema. Tus celos patológicos de siempre. Mi amigo se llama Juan. Hace diez años que no nos vemos y me ha llamado porque tiene un grave problema familiar que me quiere contar en el aeropuerto.Está alojado en el hotel a la espera del despegue de un avión que lleva tres días de demora. Juan y yo fuimos amigo íntimos durante un tiempo. No veo nada raro en él. El problema lo tienes tú. Tú y tus celos. ¡Me tienes harto!"

Gerardo se había ido dando un portazo. Rocío arrancó la hoja de la agenda en la que su marido había apuntado el nombre y apellidos de su amigo, la dirección del hotel en el que se encontraba hospedado y un número de teléfono móvil. Se vistió a toda prisa con la hoja de papel en la mano. No la soltó ni para ponerse las delicadas medias de seda. Los celos le solían poner siempre las cosas muy difíciles a esta mujer atormentada. Rasgó el papel al abrocharse la cremallera de las botas negras de altísimo tacón. Los tacones le complicaban la vida casi tanto como sus celos,pero se sentía incapaz de superar éstos y de prescindir de aquéllos. Los celos la empequeñecían. Los tacones le proporcionaban diez centímetros de talla. La ley de la compensación, pensó, mientras se enfundaba una gabardina que abrochada le marcaba una silueta perfecta de figura femenina patológicamente obsesionada por su aspecto. "He engordado unos gramos. Será por eso que Gerardo hoy ha decidido largarme este cuento. ¡Pero, se va a enterar de lo que vale un peine. cuando le pille con esa golfa asquerosa! Los mataré a los dos con mis propias manos."

Rocío cogé el paraguas porque llueve y porque quiere matar a dos personas, Gerardo y su supuesta amante. Se siente fuera de si. Presa de furor y de impotencia a la vez. Pura paradoja. La idea de matar a alguien con un paraguas a muchos resultaría absurda, pero ella maquina el uso homicida que pudiera albergar un chisme como éste. Maldice no haberlo meditado, estudiado antes. Se dirige a la cocina, abre un cajón y toma un pequeño cuchillo, el que utiliza para pelar patatas. "El paraguas y el cuchillo serán suficientes. El paraguas para él y el cuchillo para ella o al revés. No sé. Ya veré cuando esté allí delante de ellos. ¡Cabrones!". Guarda el cuchillo en uno de los bolsillos de la gabardina, las llaves de casa y el dinero en otro bolsillo. Decide que el bolso no lo lleva porque supone un estorbo. En la calle ha tenido suerte. Había un taxi libre en la parada de la esquina. "Al aeropuerto. Al hotel Otelo."

El trayecto en taxi de su casa al hotel del aeropuerto le ha costado la friolera de cuarenta euros. "¡Qué caros me cuestan los celos!" - piensa. Recuerda aquella vez que tomó una avión para seguir a Gerardo y espiarle hace dos años, cuando él tuvo que ir a París en viaje de negocios. " París no es ciudad de negocios, sino de amor, aventura, pasión lujuriosa. No me tragué el cuento del viaje de negocios. No obstante, Gerardo cerró un suculento negocio que nos reportó un considerable aumento patrimonial y me compró un diamante brillante rosa precioso, labrado por la cara superior con una inscripcción por el envés que reza, "Te amo", diamante que no me quito ni para dormir. Tengo una pequeña laceración entre mis senos, a la altura del esternón, pero temo que el propio Gerardo me robe el diamante para regalárselo a otra.Cuando Gerardo salió de la joyería después de adquirir el diamante casi me pilla agazapada entre dos coches en la acera de enfrente"

Rocío se encuentra en el vestíbulo del hotel. El recepcionista le informa que el amigo de Gerardo se encuentra alojado en la habitación ciento tres y que momentos antes de llegar ella ha salido del hotel acompañado de un hombre que le esperaba sentado ahi, en ese diván "en el que se ha sentado usted unos segundos antes de que yo la atendiera.... Y si, estoy seguro. Era un hombre acompañando a otro hombre....Y si, estoy seguro, no he visto entre ellos ninguna maniobra extraña o nada que haga presuponer que entre ellos haya algo, en fin, usted ya me entiende. No me gusta decir estas cosas de mis clientes. sus preguntas me incomodan un poco, la verdad, señorita o señora."

En la prensa mañanera en las páginas de sucesos se menciona un incidente grotesco e hilarante, a saber, "Un recepcionista de hotel ha resultado agredido por una mujer con un paraguas. Le ha propinado varios paraguazos en la cabeza ocasionándole una brecha que precisó varios puntos de sutura. El recepcionista informó a la policía que la agresora se empeñaba en que tenía que haber visto a su marido con su amante en actitud cariñosa y él sólo vió salir a dos hombres que se estrecharon la mano y se palmearon la espalda tal y como suelen hacer los amigos cuando se ven después de muchos años sin saber el uno del otro. La policía ha informado a esta redacción que el incidente se produjo por una simple y llana escena de celos".

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